Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Los buenos y cumplidos propósitos

Hace casi tres años que me propuse realizar unas cuantas cosas en mi vida, unos cambios a mejor, unas creaciones que cobrasen vida. Ayer, coincidiendo con el cuarto aniversario de mi “nuevo” blog, terminé la última.
A principios de 2012, cuando la destrucción del mundo estaba cerca y todo dios pensaba en follar como locos o en pedir perdón a sus seres queridos, yo cree una lista de buenos propósitos para la destrucción del mundo, e incluso saqué unos cuantos de ella para su realización a corto-medio-largo-indeterminado plazo, que en mi mente, ese plazo, iba desde una semana a un año, pero que en la realidad oscilaría a varios de estos últimos.
Como he dicho, ayer, cumplí mi último propósito, la creación de una entrada en la que pudiera pregonar a los cuatro vientos, es decir, a los cuatro seguidores que tengo, que por fin estoy curado de la maldita fascitis plantar. Pero no era esta la única ni la más importante de las buenas intenciones para la, ahora, no-destrucción del mundo. Este verano también se cumplió otro de ellas, una que nos da un pequeño respiro y que hace que nuestra familia no tenga que estar más tiempo separada; con la llegada del nuevo destino, por fin, estamos en esa franja tan codiciada en la que para ir de casa al trabajo no es necesario recorrer más de cincuenta kilómetros, todo un lujo para algunos.
Pero hay un propósito que tenía en mente mucho antes del 2012, podría decirse que un propósito que estaba arraigado en mí, desde el siglo pasado, ¡desde el milenio pasado!; un propósito que consistía simple y llanamente en publicar un libro. Algo inalcanzable para mí años atrás, pero que a día de hoy ya es un sueño cumplido.
Coincidiendo con el primer cumpleaños de mi hijo… ¡ah! Por si no lo he dicho, he sido padre… como decía, coincidiendo con este día, el borrador de mi primer libro llegó como un regalo. Tengo que admitir que no he tardado mucho en lanzarlo a la Red (esto puede no ser muy bueno, puesto que el producto final llevará implícitos algunos fallos), y en publicarlo en múltiples plataformas para que así se pueda adquirir en distintos formatos.
Así que haciendo un recuento… no puedo decir de este último año, pero sí de los tres últimos, tengo que admitir que el balance sale brutalmente positivo… Un hijo, un libro… ahora que lo pienso, ni de coña me voy a acercar a un campo no vaya a ser que me de por plantar un pino y ya lo hubiera hecho todo en esta vida… sería muy triste.

21Relatos para Leonardo

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En esa franja gris.

Antihéroe. ¿Os suena el concepto? ¿Lo habéis utilizado en alguna ocasión? ¿Tenéis alguno favorito?

El antihéroe es un concepto relativamente nuevo, y que a pesar de ello ha evolucionado muy rápidamente. Si nos pusiéramos a pensar en el concepto originario podríamos hablar de personajes como el del Lazarillo de Tormes o el de Don Quijote de la Mancha, pero cierto es que en la actualidad, el antihéroe se refleja por otro tipo de personajes más cercanos a un Jack Sparrow en Piratas del Caribe o al impío Bender de Futurama.

Si a alguien se le preguntara qué es un Villano, claramente sabría decir qué es lo que es, incluso quién lo es. Igualmente si preguntáramos qué es un Héroe, podrían contestarnos con idéntica facilidad. Pero cuando se nos pregunta por el Antihéroe, ahí ya andamos un poco más flojillos: “¿Antihéroe?, ¿antihéroe?… no caigo, quizás… ¿Rajoy?”.

Para definir al antihéroe nos tendríamos que basar en la propia definición del héroe.

Héroe: Persona admirada por sus hazañas y virtudes.

Pues bien, si cogemos esa definición y le quitamos las virtudes, la admiración y las hazañas las dejamos en carambolas exitosas, igual nos acercamos mucho al concepto del antihéroe.

Pero entonces, porqué nos gustan tanto los antihéroes, o mejor dicho, porqué nos gusta identificarnos con ellos, porqué siendo unos primos en ocasiones, unos cobardes en otras y unos egoístas en casi todas, ese cruce entre villano y héroe nos mola tanto.

Hay un antihéroe, quizás no muy conocido fuera del mundo friki, del mundo “Syfy”, llamado Gaius Baltar. Este tipo, un hombre muy inteligente, pero egoísta y cobarde, consiguió de un plumazo acabar con el 99% de la raza humana. No lo hizo a posta, fue un descuido, un desliz provocado a causa de una “femme fatale”, una rubia imponente que le engañó haciéndole sucumbir a sus encantos. Después de esto huyó, avergonzado de lo que había hecho, pero no contento con ello, siguió engañando y malversando todo lo que se pusiera frente a él con tal de que no descubrieran que él fue el culpable de tal holocausto.

Visto así, cualquiera odiaría a este tipo, pero mientras iban pasando las “vivencias” de este personaje y del 1% de la población que pudo sobrevivir, te empiezas a encariñar con él. Mira que había héroes militares, civiles abnegados, multitud de personas remando en un mismo sentido para salvar a ese trocito de humanidad que aun permanecía con vida. Sin embargo, yo me quedaba con Gaius.

Entonces, ¿qué es lo que hace que prefiramos en muchas ocasiones al antihéroe de la historia?

La respuesta es simple. Es humano.

Cuando miramos al típico héroe, lo vemos como un tipo (perdonarme que hable de él en masculino, bien se sabe que las heroínas molan más) fuerte, física y mentalmente, concienciado con el bien, dispuesto a sacrificar todo con tal de hacer lo correcto, lo necesario. Es ese tipo de personas que a todos nos gustaría ser y a la que no solemos llegar nunca. En cambio el antihéroe, es alguien más de estar por casa. Es una persona que quiere hacer el bien, pero no siempre lo consigue. Hay unos cuantos obstáculos que se lo impiden, podamos llamarlos (sin meternos en el cristianismo) pecados capitales.

Quién no ha dejado los platos sucios, oliendo a fritanga, después de comer por estar un ratito sentado en el sofá. Quién no se ha comido ese pastel que te sienta tan mal para el estómago, para el azúcar y para los michelos, pero que estaba tan rico. Quién no ha discutido, y defendido de manera poco decente ideas que aunque en un principio parecían correctas, eran a fin de cuenta deshonestas. Todos somos humanos, y aunque queremos hacer el bien, muchas veces no lo conseguimos debido a nuestros defectos, a nuestros vicios. Somos antihéroes por excelencia.

No es de extrañar que nos reconozcamos en ese Gaius, triste, acobardado, lleno de vergüenza, que intenta reparar el daño hecho, que intenta ser mejor persona aunque sabe que los obstáculos son grandes, que sus carencias son inmensas y que su miedo es infinito. Pero ahí está, sobreviviendo, buscando la forma de ser algo para lo que no está preparado, intentando ser positivo aunque haya nacido con un signo menos en la frente.

Supongo que en el fondo, todos somos un pequeño Gaius Baltar.

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Y ahora os dejo una lista con algunos de los personajes  que más nos gustan, no porque sean perfectos, sino porque a su manera, ellos también son unos antihéroes.

 

TOP 30

– Jack Sparrow de Piratas del Caribe
– Ash del Ejercito de las Tinieblas.
– Vegeta de Dragon Ball Z
– Michael Corleone de El Padrino
– Rorschach de Wacthmen
– Beatrix Kiddo de Kill Bill
– Kratos de God of War
– Vala Mal Doran de Stargate
– El Motorista Fantasma de Marvel
– Eric Draven de El Cuervo
– Ikki de Caballeros del Zodiaco.
– Dexter Morgan de Dexter
– Spawn de Image
– Tyler Durden de El Club de la Lucha
– El Castigador (Punisher) de Marvel
– Tony Montana de Scarface
– Dante de Devil May Cry
– Leon de El Profesional
– Bender de Futurama
– Hellboy de Marvel
– Dominic Toretto de A Todo Gas
– Altaïr de Assassin’s Creed
– John Hancock de Hancock
– V (de Vendeta) de DC
– Snape de Harry Potter
– Lobezno de Marvel
– Blondie de El Bueno, el Feo y el Malo
– Alex DeLarge de la Naranja Mecánica.
– Daryl Dixon de The Walking Dead
– Tyrion Lannister de Juego de Tronos

Especial mención a uno que anda en la cuerda floja entre Héroe y Antihéroe:
Han Solo de La Guerra de las Galaxias
¡Qué gran tipo!

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Mi Jefe

El otro día, mientras que hacía tarde en el trabajo, en esa oficina, solo, escuchando el zumbido del ordenador y de la gran fotocopiadora que tengo a tan solo un par de metros, la cual despierta de vez en cuando como dragón custodio de montaña abarrotada de oro, se me vino un pensamiento a la mente: “Qué de puta madre estoy”.

Es increíble, pero es lo que se me vino a la mente, y eso que estaba currando a las seis de la tarde (desde las seis y media que me había levantado ese día), con una calor de espanto y más solo que una magdalena en una fiesta de anoréxicas. Pero en realidad estaba contento, y estaba feliz.

Atrás quedaron esos días en los que mi jefe, bueno, uno de los varios jefes que tenía me gritaba como un energúmeno porque no hacía lo que él quería, porque no hacía lo incorrecto. Supongo que el ser jefe te habilita para pasarte por el forro de los cojo… bueno por el arco del triunfo todo lo que te rodea, para remodelarlo a tu antojo, para hacer lo que quieras aunque esto sea lo incorrecto.

Recuerdo aquella bronca descomunal en la que me gritaba que si no hacía lo que él me decía (directriz totalmente contradictoria a la pauta que me había marcado una semana antes otro de mis jefes) me echaría a la calle y buscaría a otro que poner en mi lugar que sí lo quisiera hacer. Me imagino mi cara de bobo, no ya por el bochorno en sí de tener a compañeros, jefes y desconocidos con la mirada clavada en mi persona, sino por el hecho de cómo podría llegar a complacer a dos jefes simultáneamente si uno me decía izquierda, y el otro derecha. Suerte que soy un hombre, porque sino la cosa hubiera pintado mucho peor. Y es que en este aspecto, las mujeres se llevan la peor parte (en la mayoría de los casos). Desgraciadamente, y a pesar de los avances de todos estos años, la sociedad sigue siendo machista. Y sigue siéndolo porque hay un número importante de personas que lo es, un número importante de jefes y dirigentes que lo son. No lo reconocen públicamente, al igual que no reconocen que son unos clasistas, o unos homófobos o unos simples racistas. Eso no vende. Hay que ser tolerante, hay que ser abierto, multirracial, multicultural… Pero ese negro, maricón que conduce un Citroen Xsara de mierda, que no se le ocurra pisarme el césped que lo capo.

Pero bueno, como siempre me voy del tema principal y acabo divagando sobre esta sociedad que nos rodea. Y hoy solo quería realmente plasmar lo a gusto que estoy en un trabajo donde la gente te exige que trabajes; eso, y solo eso. No te amenaza con echarte a la calle cada cuarto de hora, no te obliga a trabajar horas extras que no vienen reflejadas en tu contrato y que posiblemente ni te pagarán, no te mandan a realizar un trabajo de nivel técnico cuando en tu contrato pone bien claro “telefonista”, no te hacen trabajar días festivos que no te devolverán, ni se visten de simpáticos para que les falsees los números, siempre por el bien de la empresa. Y por supuesto no te dicen “Guapa, tengo a cien como tú esperando en la puerta, así que hazme lo que te he dicho o ya sabes donde tienes la salida”.

Encima, con esta nueva política, despedirte es tan sumamente fácil, que ya no tienen que recurrir a los viejos trucos de decirte que tienes vacaciones o descanso para que faltes al trabajo y así poder echarte, o que firmes una renuncia porque cambia el nombre de la empresa y te tienen que hacer un nuevo contrato. Trucos tan sucios y rastreros como ir con el finiquito desinflado, con menos días, sin pago de vacaciones no disfrutadas y restregártelo por la cara para que lo firmes diciendo que eso es lo que te corresponde, y solo en el caso de que no lo firmes, en el caso de que indiques que llamarás a un abogado o al sindicato (estos son también para dedicarles, no una, sino al menos un par de entradas), solo en ese caso, se sacan de la manga un nuevo finiquito, que ya tenían redactado de antemano con todos tus derechos bien recogiditos para que no puedas quejarte por nada. Como digo con esta nueva política de despido libre, esos ardides quedan solo para los empresarios más avaros.

En fin, no me quiero enrollar mucho más, así que os dejo con un micro-relatillo que pienso que viene al tema.

Sed felices, respetad a vuestros mayores y por la cuenta que os trae, que no os toque un mal jefe.

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 Avanzando

“Saltándose todo tipo de consejos e indicaciones, corrió hasta donde estaba su agresor, y allí, sin mediar palabra lo abofeteó, le propinó un puntapié en la espinilla y finalmente le escupió, no sin antes hacer un estruendoso sonido gorgojeante. Todos se la quedaron mirando, con las caras blancas y los ojos abiertos como ventanas en una mañana soleada. Solo una leve risita de su amiga Maite rompió el sonido quejumbroso del dolorido agresor… y ahora, también agredido.

 

–         Se lo merece.

–         Lo sé – afirmó Maite susurrando – Pero esto no te hará muy popular.

–         Sí que me lo hará, aunque no tengo claro si para bien o para mal.

Se dio la vuelta, dándole la espalada, y aun a riesgo de volver a ser victima de otro tipo de abuso, María se quedó varios segundos contemplando a todos esos rostros que no sabían muy bien como actuar, como juzgarla… ¡Ja! Cómo si tuvieran poder para hacerlo. Con paso firme atravesó el improvisado corrillo y se fue contoneando exageradamente las caderas. Maite, la siguió, no sin antes echar un par de vistazos atrás mientras se marchaban.

–         ¿Crees que te echarán?

–         No lo sé, ni me importa.

–         Bueno, al menos muchas te lo agradecerán. No creo que vuelva a palmear el culo de nadie tan alegremente.

–         Es el Jefe, hará lo que quiera y cuando quiera, pero al menos hoy ha aprendido, que por encima y por debajo de ese culo, está el resto de la persona.”

Celtas.

Mala Persona. Mal Mundo.

Un día más me he levantado algo desanimado. Desanimado con este país, con su gobierno, con los políticos, con la gente en general. Solo veo en la tele y en los periódicos noticias desconsoladoras, abrumadoras en sentido negativo, miserias y desesperanza. Corrupción, crímenes, todo una gran mierda que nos rodea día tras día. Y por ese motivo, cuando me he propuesto ponerme a escribir, después de un tiempo, solo ha salido mierda y más mierda… Muchos dicen que somos lo que comemos, creo que esto es aplicable a cualquier de los cinco sentidos. Y como niños, reproducimos fiel, lo que antes nos han enseñado…

Mala persona.

¿Qué? ¿Te atreves si quiera a dirigirte a mí?, ¿a molestarme?, ¿a preguntarme? ¿Qué quién soy?, ¿eres idiota o qué? ¿Realmente quieres saberlo?

Yo soy tu dios y tu dueño, soy la persona que aparecerá en tus pesadillas y que recordarás cuando te levantes, soy el que te quita el pan para comer, el que hace que te arrastres, el que te dice que puedes y que no puedes pensar, soy el odio, la desidia, la lujuria, soy el consigue que te abras de piernas y al que le lames las botas. Soy el que “disfruta” de tus hijos, el que te roba en tu casa y en el banco, soy el que se bebe tus cervezas y que escupe en tu café, soy drogadicto, machista, xenófobo, soy la arrogancia y la rabia, soy el que viola, mata y sale del juzgado en libertad, soy el que te quita el puesto de trabajo mientras le dan una palmada en la espalda. Soy tu Judas Iscariote y el propio Mefistófeles. Soy el que cada día te recordará que no eres nada, que no sirves, que eres un producto desechable. Soy el que pisa tu cabeza, el que la hunde contra el barro, el que te ahoga entre tus miserias y el que hace posible que tengas estas. Soy todo lo oscuro que alguna vez hayas podido imaginar y soy todo lo malo que hayas podido sentir, soy sufrimiento, tortura, daño, tu verdugo y tu ángel de la muerte. Soy tu desesperación, tus ansias de acabar de todo, la cuchilla que utilizarás para el suicidio. Soy yo, tu amo y señor.

Y ahora, ¿qué piensas hacer?

Así estamos.

En breve nos llegará la visita del otoño, y como en todo cambio de estación, o casi todos, lanzo una nueva entrada, en este blog, en este trocito de mi vida.

Pero ayer, me encontraba algo melancólico, algo impaciente, algo nervioso… estaba en ese estado en el que quieres hacer algo pues te sobran las energías pero no sabes qué, no sabes cómo canalizarla, cómo emplearla en algo útil, algo creativo, y como siempre, decidí coger papel y lápiz y ponerme a contar lo que en ese momento se me representaba en mi caótica imaginación.

He de confesar, que antes de terminar de escribir esto, pensaba que no me preocupara mucho la situación actual de este país en el que vivimos, pero tras leerlo, me di cuenta de que mi subconsciente me había traicionado.

 

ESPAÑA

Carraspeé un par de veces y entonces la dependienta se fijó en mí.

Más de cinco minutos allí plantado viendo como pulsaba tranquilamente las teclas de su ordenador, y por fin se dio cuenta de que había algo más en el mundo a parte de ella y su pantalla LED.

–¿Sí?, ¿qué desea?

–Estoy buscando un regalo para mi mujer.

–¿Qué clase de regalo? –dijo con voz autómata.

–No sé, querría algo para nuestro aniversario, quizás unos pendientes bonitos o una gargantilla –le comenté con esperanza de que arrojara algo de luz a mis bajos conocimientos sobre los gustos femeninos.

–¿Unos pendientes o una gargantilla? –preguntó con la misma voz mecánica.

–La verdad es que me da igual, me valen las dos cosas –contesté intentando explicarme.

–Es que no es lo mismo una gargantilla que unos pendientes, aunque si quiere puede llevarse el juego –cambió levemente el tono de voz en la última frase.

–Bueno, si es un conjunto de esos pues podría valer –dije algo nervioso pensando en que más que ayudarme iba a ayudarse a sí misma con la comisión.

–Espere un momento y le busco un par de ellos para que los vea –y diciendo esto se dio la vuelta y empezó a sacar unas bandejas con forma de cajones sin fondo–. Creo que este le puede gustar a su mujer –afirmó convencida señalando una gargantilla de oro blanco con unas piedras preciosas que venía a juego con un par de pendientes en forma de lágrimas.

–¡Vaya! –exclamé, más por lo caro que podrían salir que por lo bonitos que pudieran parecer–. Supongo que estos le gustarán a mi mujer y a cualquier otra –bromeé para desviar mi imaginación de las tarjetas, cuentas y cheques que podría utilizar para poder pagar ese collar, y no hablo de cada uno por separado.

–A quien quiera hacerle el regalo no es asunto mío, yo solo me dedico a vender, y sí, seguro que le podría gustar a casi cualquier mujer.

En ese momento me quedé estupefacto, cómo una dependienta de una joyería tan importante como aquella podía ser tan estúpida con un cliente, o al menos con un cliente en potencia. No solo temblaba mi cartera con pensar en lo que me iba a gastar en cualquier cosa que comprara allí, sino que mi estómago se agitaba lleno de bilis clamando justicia, venganza, un BigMac, cualquier cosa que calmara ese sentimiento de ira que se estaba apoderando de mí.

–Entonces, ¿qué?, ¿le interesa este juego o prefiere que le enseñe otro? –dijo con cierto desdén.

–Bueno, no sé –sí sabía, quería irme de allí, no sin antes cagarme en todos sus familiares, vivos y muertos, cerrando la puerta tras de mí con tanta fuerza que se le cayera sobre la vitrina de los anillos el horrible reloj de cuco que tenía colgado en la pared–. ¿Qué precio tiene este juego, por hacerme una idea?

–2.750 euros –contestó entornando los ojos.

–Dos mil… –empecé a repetir pausadamente.

–Es de diseño italiano –quiso explicar a modo de concesión.

–Ya, pues vaya con los italianos.

–Aquí todo lo que vendemos es de calidad, con un diseño exclusivo y un trabajo realizado cien por cien a mano –dijo ofendida.

–Claro, claro, no lo dudo, solo que me ha sorprendido (y encima era yo el que me tenía que excusar).

–Quizás prefiera buscar algo dos manzanas más abajo, allí hay un par de tiendas de bisutería que seguramente le harán un precio más acorde con lo que usted tenía pensado para su aniversario de boda.

Dios, eso me sentó como una patada en el estómago, vaya tía borde, repelente, mamarracha… me quedo sin calificativos, había dicho que ojalá se le cayera el reloj en la vitrina de los anillos, ¡que se le caiga en la cabeza!, eso es lo que deseaba, que alguien le bajara los humos, y se sintiera avergonzada y sobre todo arrepentida. Pero supongo que para la gente como yo, todo eso solo se queda en pensamientos y al final la gente como ella, sigue yendo de prepotentes por el mundo.

Sospecho que somos muchos los que vamos por la vida de cortitos, de prudentes, de bonachones, y de eso precisamente es de lo que se aprovechan los estafadores, los tiburones y la gente que como aquella dependienta, van pisando el cuello de todo el que se ponga en su camino.

Finalmente me di la vuelta y salí de allí, cerrando suavemente la puerta para que no hiciera mucho ruido.

 

Primer Microrelato

Hacía ya bastante tiempo que no escribía en mi blog, y la verdad es que he estado bastante ocupado con varios asuntos, aunque he de reconocer, que muchos de ellos de escasa importancia. En pos de poder alcanzar las metas fijadas a principio de año, estoy adelantando todo lo que puedo ese maravilloso libro que este año debe de ver la luz, lo que pasa es que escribiendo a la velocidad de una página por semana me es sumamente difícil adelantar todo lo que tengo en mente, pero con paciencia todo llegará.

Entre tanto he descubierto una cosa llamada microrelato. Es algo así como condensar un libro en unas 200 palabras. Esto, por supuesto siempre se me ha dado mal… No se resumir y tampoco desarrollar por lo que  me encuentro entre dos tierras, sin pertenecer realmente a ninguna de ellas.

No obstante, me he querido lanzar y he escrito un par de estos microrelatos en mi tiempo libre, y ya que estamos aprovecho esta entrada para dejaros aquí reflejado el primero de ellos. Espero que os guste, puesto que así veré cumplido mi segundo objetivo (el primero ya lo cumplí al terminarlo).

La Metamorfosis del Ser en Mal. 

 El Infierno lucía dulce, cálido y muy luminoso. Era un sitio tan apetecible que Miguel por un instante imaginó arrancándose las alas para no poder salir nunca más de aquel intenso lugar. Pero él tenía una misión, sabía que contaban con él. No podía sucumbir al tenebroso poder del Averno. Así que cruzó rápidamente la gran puerta de piedra rojiza y entró en la antesala dónde se encontraba custodiado el último resquicio de la luz que un día inundó el alma de Belcebú. Dos demonios menores opusieron resistencia, pero la espada llameante de Miguel los partió por la mitad. Un tercero, de dimensiones imponentes hizo frente al arcángel con un afilado látigo de siete puntas, pero tampoco fue rival para el favorito de Dios. Con unos cortos pasos de colocó delante del pequeño cofre de madera labrada. Lo cogió con la delicadeza que una madre coge a su bebé por primera vez y lo abrió lentamente. Un pequeño corazón palpitaba débilmente.
– Sabes, yo también fui su favorito en un tiempo-. Dijo, su dueño.
Miguel se volvió y observó la decrepita presencia del supuesto Príncipe de las Tinieblas. -Como tú, una vez fui poderoso, importante, agraciado por mi Padre. Pero el se empeñó en crear al hombre, en otorgarle el libre albedrío que se nos prohibió desde los inicios, decidió ponernos a su servicio y concederle un amor infinito, mayor aun del que se nos brindó cuando fuimos creados. ¿Cómo no iba a oponerme? Era mi Padre, no el de unas mascotas insignificantes. Y ahora, te envía para que me arrebates lo único que me queda de Él, el amor que siempre le procesé. Pues llévatelo. Déjame solo con el odio y la tristeza. Hazme peor de lo que soy.
– Lo siento. Padre lo ordena. Él es Omnisciente, si me lo ha encargado, ¿quién soy yo para cuestionarlo?-. Y diciendo esto avanzó hacia el diablo, como antaño hizo, y éste, agachando la cabeza se apartó y lo dejó marchar a través de la puerta de piedra… negra.
– Vete Arcángel, ve con tu Padre. Ya no tengo más que ofrecerte, excepto mi tristeza y mi odio por los humanos.

El Caminante

No se podía decir que caminase. Solo andaba, cabizbajo, con la mirada perdida en algún punto cambiante, sin origen ni final. Golpeado por la mano fría de Febrero y envuelto en la mirada de la nada, su mundo eran dos gotas de agua, su mundo era todo aquello que existía, para dejar de existir, era todo aquello que una vez fue una mentira y que hoy es el principio de una verdad. Dolido, cansado, ajeno al mundo y a la vez tan unido a su cotidianidad, que el peso que soportaba sobre sus hombros, le hundía cada vez más en ese pozo oscuro que lo albergaba todo. ¿Dolor?, ¿rabia?, incertidumbre quizás, todo lo que revoloteaba por su cabeza era asimilado duramente por su corazón, él cual no sabía distinguir ya, lo amargo de lo dulce. Le hubiera gustado sentir que todo era nuevo, que podía estrenar algo que una vez pudo ser y que ahora nunca llegará, le hubiera gustado ser otra persona, en otro lugar, quizás en otra época. Pero él estaba allí, en ese momento, en ese lugar.

 

Otro golpe de frío azotó su cara y el cielo se ennegreció como río contaminado. Quizás amenazara tormenta, él ahora no entendía de eso, solo un pensamiento le rondaba la cabeza: eliminar todo pensamiento. Todo le sobraba, todo le estorbaba, todo le hacía pensar, y el pensar era muy doloroso. No quería distracciones pero tampoco abordar la concentración. Necesitaba estar inerte, pero sabiendo que el tiempo transcurría, necesitaba aprovechar la calma, el vacío, quería estar presente.

 

Unas gotas de lluvia salpicaron su cara, el frescor de estas le produjo una efímera sensación de bienestar que acabó como todo lo demás envuelto en una gran niebla gris. Se podría decir que su alma estaba contaminándose, como el río, como el cielo, es más, se podría decir que los ríos y el cielo se estaban contaminando como su destruida alma. Qué bien se puede hacer cuando el mal te rodea, qué luz alumbra cuando la noche te ha cubierto con su manto, qué sueño te esperanza si ya has despertado. Horas enteras podría pasar sin que el sonido ni las luces perturbaran su mente, pues en su mente convivían imágenes y palabras que superaban todo lo que exterior le pudiera ofrecer.

 

La irregularidad se convirtió en monotonía, y las gotas empezaron a empapar su grueso ropaje, mas su mente seguía perdida, desvanecida, pensando sin pensar, buscando razones y encontrando causas, estudiando la causa y perdiendo la razón. Todo le quemaba, todo le estorbaba, todo le hacia sentir miserable, impotente, perdido. Su rumbo se había torcido, y su destino, simplemente había desaparecido. Cómo marcarse nuevas metas cuando ni si quieras puedes participar en la carrera. Sabía que no era el único ser sobre la tierra que sufría, pero los demás no sentían su sufrimiento, y eso le hacía estar incluso más solo todavía. Y era incoherente pensar que desease la soledad para olvidarse del dolor que le producía el sentirse solo. No había amigos, ni familiares, no había gente en el mundo que pudiera estar ahí para compartir la carga que llevaba… Cuando uno es el centro del abismo, lo único que hace es arrastrar a los seres queridos hacia él, es por ello que, cuanto más lejos estén, menos sufrimiento cargará sobre sus debilitados hombros.

 

Poco a poco las gotas fueron calando todo lo que tocaban, dejando una amplia y húmeda capa que cubría el entorno de la gran senda. Aun así, su cuerpo no buscó cobijo, su ritmo era imperturbable, pues la batalla se debatía en su interior. El bien y el mal conformaban un circulo desigual por donde giraban a una creciente velocidad, la cual los iba moldeando en una especie de pasta uniforme, dejando de ser claro lo blanco y oscuro lo negro, y creando, por tanto, el gris del cielo, el gris de la contaminación, el gris del alma de un atormentado. La distinción era un lujo muy caro del cual debía de prescindir. El pensamiento en los sucesos solo le conducía a la perdida de la memoria real, pues con cada pincelada, cada consulta, cada incriminación o discriminación sobre lo acaecido así como la recreación por medio de una mente alterada de los sucesos pasados para la obtención de nuevas variantes más favorables a la persona, hacían que la memoria se fuera poco a poco corrompiendo, convirtiéndose por tanto en una fuente insegura de información, un fantasma perdido entre la realidad y las lagunas de la imaginación.

 

Charco tras charco, pisada tras pisada, el camino recorrido solo era el trayecto irreversible de un destino sin final, andar en círculos siguiendo una línea recta, tender al infinito sin saber el significado de esa palabra. Segundo, minutos, horas; ningún pensamiento podía ser plasmado en una fracción de tiempo lo suficientemente amplia como para encontrar significado a la triste realidad, nada que estuviese a este lado del abismo podría explicar la desidia y congoja que esos pasos trasmitían al pisar sobre la turbia agua de invierno. Aún así, el cielo, implacable en su furia, retó al caminante a sentir su fuerza, a creer en su poder, a temer su venganza, mas el caminante no sentía la cruenta frialdad del agua en su ser, ni el potente impulso del despiadado céfiro en su rostro, no sentía nada más que el calor de una vida pasada que se desmoronaba cual castillo de arena en la orilla del mar.

 

 

 

 

Caminante no hay camino,

anda solo por andar,

mas si buscas tu destino,

prueba a dejar de caminar.

 

 

 

Celta.

 

 

Las Nueve frases

 
"El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado."
   
    Mahatma Gandhi

 

"No es tarea fácil dirigir a hombres; empujarlos, en cambio, es muy sencillo."

    Rabindranath Tagore

 

"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."

    Pablo Neruda

 

"La Revolución y la lucha por la Libertad solo prosperarán si el Pueblo es merecedor de ellas."

    César Romero

 

"Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros."

    George Orwell

 

"La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo."

    Enrique Jardiel Poncela

 

"La verdad de ninguna cosa tiene vergüenza sino de estar escondida."

     Lope de Vega

 

“La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde.”

    Miguel de Cervantes

 

"La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres."

    Manuel Azaña

Epílogo (Duplex)

 

         Con que hartándote de whisky con tus amigos y fumando porros ¿no?

         No, de verdad, estaba estudiando…

         Sí, y una mierdaaaaa, tú lo que me querías es dar largas eh…

         No cariño, en serio, como puedes pensar eso, con lo que yo te quiero…

         Te vas a enterar tú de lo que vale un peine, ¡¡¡So mierda!!!…

 

 

Perdidos

 

 

 

 

 

Que la Oscuridad guíe mis Pasos.

 

Que las Tinieblas oculten mi Rostro.

 

Que la Noche acoja mi Cuerpo.

 

Y que la Muerte se lleve mi Alma…

 

 

 

 Citricriticom.
 
 

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