Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Así estamos.

En breve nos llegará la visita del otoño, y como en todo cambio de estación, o casi todos, lanzo una nueva entrada, en este blog, en este trocito de mi vida.

Pero ayer, me encontraba algo melancólico, algo impaciente, algo nervioso… estaba en ese estado en el que quieres hacer algo pues te sobran las energías pero no sabes qué, no sabes cómo canalizarla, cómo emplearla en algo útil, algo creativo, y como siempre, decidí coger papel y lápiz y ponerme a contar lo que en ese momento se me representaba en mi caótica imaginación.

He de confesar, que antes de terminar de escribir esto, pensaba que no me preocupara mucho la situación actual de este país en el que vivimos, pero tras leerlo, me di cuenta de que mi subconsciente me había traicionado.

 

ESPAÑA

Carraspeé un par de veces y entonces la dependienta se fijó en mí.

Más de cinco minutos allí plantado viendo como pulsaba tranquilamente las teclas de su ordenador, y por fin se dio cuenta de que había algo más en el mundo a parte de ella y su pantalla LED.

–¿Sí?, ¿qué desea?

–Estoy buscando un regalo para mi mujer.

–¿Qué clase de regalo? –dijo con voz autómata.

–No sé, querría algo para nuestro aniversario, quizás unos pendientes bonitos o una gargantilla –le comenté con esperanza de que arrojara algo de luz a mis bajos conocimientos sobre los gustos femeninos.

–¿Unos pendientes o una gargantilla? –preguntó con la misma voz mecánica.

–La verdad es que me da igual, me valen las dos cosas –contesté intentando explicarme.

–Es que no es lo mismo una gargantilla que unos pendientes, aunque si quiere puede llevarse el juego –cambió levemente el tono de voz en la última frase.

–Bueno, si es un conjunto de esos pues podría valer –dije algo nervioso pensando en que más que ayudarme iba a ayudarse a sí misma con la comisión.

–Espere un momento y le busco un par de ellos para que los vea –y diciendo esto se dio la vuelta y empezó a sacar unas bandejas con forma de cajones sin fondo–. Creo que este le puede gustar a su mujer –afirmó convencida señalando una gargantilla de oro blanco con unas piedras preciosas que venía a juego con un par de pendientes en forma de lágrimas.

–¡Vaya! –exclamé, más por lo caro que podrían salir que por lo bonitos que pudieran parecer–. Supongo que estos le gustarán a mi mujer y a cualquier otra –bromeé para desviar mi imaginación de las tarjetas, cuentas y cheques que podría utilizar para poder pagar ese collar, y no hablo de cada uno por separado.

–A quien quiera hacerle el regalo no es asunto mío, yo solo me dedico a vender, y sí, seguro que le podría gustar a casi cualquier mujer.

En ese momento me quedé estupefacto, cómo una dependienta de una joyería tan importante como aquella podía ser tan estúpida con un cliente, o al menos con un cliente en potencia. No solo temblaba mi cartera con pensar en lo que me iba a gastar en cualquier cosa que comprara allí, sino que mi estómago se agitaba lleno de bilis clamando justicia, venganza, un BigMac, cualquier cosa que calmara ese sentimiento de ira que se estaba apoderando de mí.

–Entonces, ¿qué?, ¿le interesa este juego o prefiere que le enseñe otro? –dijo con cierto desdén.

–Bueno, no sé –sí sabía, quería irme de allí, no sin antes cagarme en todos sus familiares, vivos y muertos, cerrando la puerta tras de mí con tanta fuerza que se le cayera sobre la vitrina de los anillos el horrible reloj de cuco que tenía colgado en la pared–. ¿Qué precio tiene este juego, por hacerme una idea?

–2.750 euros –contestó entornando los ojos.

–Dos mil… –empecé a repetir pausadamente.

–Es de diseño italiano –quiso explicar a modo de concesión.

–Ya, pues vaya con los italianos.

–Aquí todo lo que vendemos es de calidad, con un diseño exclusivo y un trabajo realizado cien por cien a mano –dijo ofendida.

–Claro, claro, no lo dudo, solo que me ha sorprendido (y encima era yo el que me tenía que excusar).

–Quizás prefiera buscar algo dos manzanas más abajo, allí hay un par de tiendas de bisutería que seguramente le harán un precio más acorde con lo que usted tenía pensado para su aniversario de boda.

Dios, eso me sentó como una patada en el estómago, vaya tía borde, repelente, mamarracha… me quedo sin calificativos, había dicho que ojalá se le cayera el reloj en la vitrina de los anillos, ¡que se le caiga en la cabeza!, eso es lo que deseaba, que alguien le bajara los humos, y se sintiera avergonzada y sobre todo arrepentida. Pero supongo que para la gente como yo, todo eso solo se queda en pensamientos y al final la gente como ella, sigue yendo de prepotentes por el mundo.

Sospecho que somos muchos los que vamos por la vida de cortitos, de prudentes, de bonachones, y de eso precisamente es de lo que se aprovechan los estafadores, los tiburones y la gente que como aquella dependienta, van pisando el cuello de todo el que se ponga en su camino.

Finalmente me di la vuelta y salí de allí, cerrando suavemente la puerta para que no hiciera mucho ruido.

 

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Hoy se ha ido el otoño, pero no será el último.

Sabemos que el calor se está yendo, sino se ha ido hace ya un tiempo. El otoño, que pintaba bastante bien no ha podido resistir la ineludible llegada de un invierno que cada año nos castiga con las mismas ganas, algunas veces incluso con más. Aun recuerdo ese martes de octubre, al medio día, cuando salía del trabajo y un gran termómetro mostraba con orgullo unos increíbles 35 grados.

Pero eso fue ayer, y el día a día se vive en el hoy, no en tiempos pasados.

Zapatero ya no nos lidera, el sol ya no nos quema y los pantalones de campana hace tiempo que no nos los ponemos, pero como casi todo en esta vida, el ciclo de la misma rige casi todos los aspectos de ella. Y lo que hoy es el pasado, mañana será el futuro.

Cómo pensar que no vamos a cometer los mismos errores, cómo saber que algo no te sucederá de nuevo, cómo puede predecir el hombre del tiempo si el sol brillará mañana.

El ciclo de la vida, y todos sus derivados, son tan reales e inexorables que cuando nos paramos a pensar en ellos, nos da hasta miedo. Nacer. Crecer. Morir. En medio, claramente está el reproducirse, uno de los placeres del ciclo y a día de hoy, método imprescindible para que el ciclo pueda continuar. Y no hablo de personalmente, claramente, el que muere, muere. Y tampoco espiritualmente, donde según algunas religiones/filosofías, mantienen que tras abandonar este plano, regresamos al tiempo para comenzar este ciclo desde el nacimiento. Sino, en un plano más general, hablo de la raza humana, de un colectivo que va creciendo, muriendo y naciendo de nuevo. Aunque no nos quedemos solo en la raza humana, abramos los brazos y alberguemos a toda clase de vida, ya que está claro que nosotros no estaremos aquí para la eternidad. Podemos extendernos en la definición, generalizar hasta la saciedad o ser muy específicos, da igual, el ciclo de la vida lo alberga todo y sirve para casi cualquier cosa.

Que el PSOE volverá, 100% seguro, que el sol volverá a castigarnos con sus más de cuarenta grados, por supuesto, en poco más de medio año, y que los pantalones de campana volverán, acaso lo dudáis, nada más que Mango, Zara o el Corte Ingles los pongan de nuevo en sus escaparates.

Todo en esta vida se repite y por eso cuando somos jóvenes y oímos a nuestros carrozas padres intentar darnos torpes consejos sobre como llevar nuestras sufridas vidas, no tenemos más remedio que cagarnos en nuestra puta estampa al crecer, al envejecer, al mirarnos en esa foto en la cual las entradas, las canas y la barriga del tipo que está a nuestro lado nos deprimen enormemente, para poco después hundirnos en la miseria más absoluta al darnos cuenta que las canas, la alopecia y la bartola no es del tipo de al lado, sino nuestra, y que quien creíamos ser, no es otro que nuestro gamberro hijo que nunca se deja aconsejar por la experiencia acumulada a lo largo de nuestros numerosos años de mucho hacer y poco escuchar.

Como le dijeron una vez a un pequeño león: “Ingonyama nengw’ enamabala… es un ciclo sin fin que lo envuelve todo, el ciclo sin fin, el ciclo de la vida”     

Mi día de elecciones

En la vida, continuamente estamos expuestos a unas cosas llamadas alternativas. Son situaciones en las que se nos presentan varias opciones, varios caminos a tomar en las que normalmente solo podemos escoger uno de estos caminos.  En muchas ocasiones, los caminos no tienen vuelta atrás, ya sea porque no dé tiempo a volver por donde hemos venido o simplemente porque el puente que cruzamos ya esté roto. En todas estas situaciones tenemos que hacer uso de la elección. El poder que se nos ha concedido a los humanos para poder decidir qué camino tomar, qué alternativa escoger.

Ayer fue mi día de elecciones. Aunque posiblemente, muchos españoles dirían lo mismo. Y en cierto modo es así, pero mi día de elecciones no fue el día de elecciones generales del resto del mundo, sino el día en el que elegí qué camino tomar.

Expresado de esta forma, puede parecer la sinopsis de una película, o la inicio de una historia fascinante en la cual mi vida dio un giro de ciento ochenta grados convirtiendo todo lo conocido en una mera ilusión que dejo atrás para alcanzar mis sueños más anhelados. Pero no es el caso, fue simplemente un día más de elecciones, aunque lo importante es recalcar que fue el mío, el de mis elecciones.

Y es que en esta vida, hay mucha gente que navega por ella a la deriva. Son personas que no tienen una personalidad formada, o que simplemente la tienen deformada. Personas con problemas,  personas que debido a experiencias traumáticas o una educación errónea han adquirido un extraño poder en el que cual son capaces de convencer a cualquiera que les rodee para que tomen las decisiones por ellos. Estas almas, han decidido, o se han visto obligadas psicológicamente a depender del resto del mundo para convertir su día de elecciones en el día de los demás. Han atraído hasta su mundo a las personas que les rodean para que formen parte de él, para que se personen de inmediato en su encrucijada, como el que invoca a un demonio en un cruce de caminos para que le solucione un problema.

Sin más pudor, les infectan, cual virus, con la información necesaria para que sus problemas, sean también los problemas de ellos, que contagiados deben luchar para superarlos. Y aunque no estoy hablando de un contagio real, físico, si que hablo de uno mental, de uno que hace que al final seas tú el que tenga que elegir por una de estas personas.

Leído hasta aquí, habrá muchos de ustedes que piensen que todos nos hemos visto en esas situaciones, tanto desde un lado como del otro. Quién no ha pedido alguna vez consejo, quién no ha estado alguna vez tan confundido que ha decidido llamar a un amigo para que le aclare las cosas. No, no hablo de esto. No hablo de la ayuda del comodín, hablo de personas que no son capaces ni de elegir con que ropa salir a la calle, personas que en cuanto se les plantea el más mínimo problema corren a llamar a su oráculo, o más acorde con lo acaecido en estas fechas, a sus asesores, aunque en este caso hay diferencias, ya que estos asesores, ni cobran ni han elegido serlo.

Ayer cuando me levanté decidí hacerlo tarde. Había estado sacando unos billetes de tren y para poder ahorrarnos unos eurillos los quise sacar muy, muy prontito (de madrugada) para que los precios se ajustaran a la economía que nos está dejando esta crisis.

Desayuné mal, pero muy ricamente. Cookies americanas, Muffin inglesa y leche con cacao y canela. Nada sano, todo rico. Fue mi decisión, con la que tendré que vivir cuando tenga unos años más y la glucosa, el colesterol y demás nombrecitos de los análisis aparezcan por las nubes, por no hablar ya de mi problema de estómago el cual viene con un libro de instrucciones muy completo donde me aconsejan encarecidamente no fomentar la ingesta de fritos, grasas,  chocolates…   

Esto hizo que la mañana se me acortara notablemente.  Y recordemos que estábamos de elecciones. Un montón de partidos que luchaban por la dirección de este bello país cada vez venido a menos. Aunque en realidad, como ha venido siendo desde tiempo inmemoriales, la dirección de este siempre se la han repartiendo entre dos bandos, o mejor dicho, dos partidos, el partido de los ricos y el partido de los pobres, mal llamados por cierto, ya que se deberían de llamar el partido de los políticos corruptos y el partido de los políticos más corruptos y estos nombres es bueno que se vayan alternando según quien este en el poder.

Con media mañana perdida y la dirección de dónde debía de ir a votar, ya que desde que estoy viviendo en esta casa no había ido nunca. Me dispuse a vestirme para marchar a ejercer mi derecho como ciudadano español, pero un tufillo a vinagre de arroz me subió levemente por entre las axilas y pensé que una ducha no estaría mal. Y así, decidí poner un pié en la bañera y después el otro. Un día frío y lluvioso se merece una tranquila ducha calentita. Esta fue otra decisión más que tuve que tomar, dos, mejor dicho, el tomar o no la ducha y que esta fuera larga o corta, aunque si nos ponemos a filosofar, las decisiones fueron infinitesimales (con agua caliente o fría, quizás con templada, lavándome la cabeza o no, utilizando champú anticaspa o el de cabellos normales, a lo mejor ese de color naranja que está al fondo de todos los botes y que nunca se gasta,  frotarme bien con manopla, con estropajo de esparto o puede que solo quitarme el tufillo a vinagre con la manita y un poco de jabón, tendría que haber cerrado la venta para calentar aun más el cuarto de baño a riesgo de luego no ver afeitarme por los cristales empañados, o dejarla abierta para poder cantar y que los vecinos enteros se deleitaran con mis dotes de aspirante a operación triunfo…).

Tras la ducha larga y ya vestido me di cuenta de que el reloj estaba a punto de marcar la una y cuarto. Mi urna esperaba ansiosa a que tomara una decisión sobre qué partido debía de gobernarme en los siguientes cuatro años. Pero por otra parte a las dos había quedado para almorzar en el Gastromium, un bar estupendo que montó un buen amigo mío con el sudor de su frente y un montón y montón de miles de euros.

No es paradoja, el pensar que mi amigo, desde chico, cuando estudiábamos juntos en los primeros años de colegio, ya se viniera a mi casa a comer, escapándose del comedor de este y disfrutando de la comida que mi madre nos hacía. Posiblemente estaba más buena que la del cole, o al menos en mi casa podíamos disfrutar viendo los dibus o jugando a alguna cosilla antes de emprender la jornada de tarde.  A lo largo de su vida, fue enfocando sus estudios, sus ilusiones y su paladar al mundo de la cocina. Cierto es que hacía autenticas porquerías, muchas de ellas incomestibles, pero había otras que aunque extrañas eran un placer al paladar. Mi primera pizza vegetal (con lechuga y todo) la probé de sus manos. El siempre tuvo claro que quería triunfar, que quería tener reconocimiento y sobre todo que quería montar su propio restaurante, uno de esos donde las tapas no fueran montaditos y el vino no fuera “de mesa”. Y después de mucho viajar, estudiar, trabajar para otros, consumir las horas de los días de su juventud, como se suele decir, después de mucho sudor y lagrimas, al final, lo consiguió. Montó un restaurante junto con un socio que ha día de hoy es uno de los mejores de Sevilla, uno de los mejores de España. El tomó sus propias decisiones, y debido a eso, ese restaurante a día de hoy existe, y debido a eso, esa mañana, la mañana del 20-N, yo no pude ir a votar. Puesto que tenía un compromiso al que no podía llegar tarde.

Después de salir del almuerzo, con la barriga llena, bien llena de cosas muy buenas, tocaba marchar de regreso a casa. Pero el día seguía estando triste, ¿quizás un augurio de lo que nos esperaría en los siguientes cuatro años? Meterse en casa no me apetecía, ya que si el día estaba triste, más triste me pondría. Y puesto que mi urna estaba muy cerca de mi casa, si no quería ponerme triste, tampoco podría visitarla. Una vez más pensé en Miguel, mi amigo de la infancia, y jugué con la idea de qué hubiera pasado si cuando tuvo que tomar la decisión de dónde montar el restaurante hubiera elegido hacerlo a dos calles más abajo de mi casa, en vez de en la otra punta de la ciudad.

La tarde era joven, y aunque el tiempo no estaba para pasear, sí que lo estaba para echar una autentica tarde de cine. Una vez más fue mi decisión, tanto esa, como la de elegir Amanecer como película de tarde de domingo de elecciones, no preguntéis como llegué a la conclusión de que esa era la película adecuada para ver esa tarde, en ese momento, y mucho menos me preguntéis si me gustó (Carol, tenemos que hablar tú y yo).

Era ya de noche, y posiblemente estaban haciendo el recuento cuando salí del cine. Mi tiempo para votar había concluido. Al levantarme ese día pensé si debía votar a los ricos o a los pobres, si mi voto quizás debería ir a un partido minorista que tuviera buenas intenciones (aunque luego, como todos, no las llevara a cabo), incluso me planteé si votar en blanco. Lo que nunca hice fue jugar con la posibilidad de no ir a votar, pero mis decisiones, una tras otras me llevaron a ser uno de los españoles, que por distintas razones, ayer no votó a ningún partido.

Todos debemos enfrentarnos a nuestros miedos, a nuestras conflictos, a nuestra propia vida y para ello tenemos un arma que no tienen otros animales que solo pueden contar con el instinto, es la capacidad de decisión. A todas horas, nos surgirán problemas, y en otras muchas ocasiones, oportunidades. El cómo salgas de estos y estas son una cuestión que se basa en el ingenio, la experiencia, la suerte y sobre todo, en uno mismo. Hay que luchar por lo que se quiere, y aunque nos rodeemos de amigos que nos apoyen y nos cubran, la batalla la tenemos que encabezar nosotros, porque solo así seremos libres de tomar nuestras propias decisiones, orgullosos de haber elegido nuestro futuro y felices por hacer de los amigos participes de nuestra vida y no esclavos de ella.

Como me dijeron un día en el que tuve que tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida: “Decisión tomada, decisión acertada”.

Tú eres tu mejor elección.

Otoño de elecciones

Un nuevo cambio en el calendario hace que empecemos a buscar la ropa de abrigo en los armarios, arcones o casa de nuestros padres, pero realmente este cambio es un mero color en el almanaque que pasa de tener los números con fondo amarillo (por eso del sol y el verano) a estar de un color marrón, triste marrón (supongo que por eso de las hojas secas), porque realmente la temperatura sigue siendo la misma, incluso subiendo en los últimos días. Aquí en la capital del Sur andamos con una mínima de 19 grados y una máxima de 33, mañana la mínima estará en 20 grados. Bufandas, chaquetones, incluso la manga larga es algo que aun queda escondido en los más oscuro rincones de nuestros roperos y aparadores.

Pero si hay algo que sí ha cambiado es el panorama político, ese mundo habitado por seres que tras un periodo de latencia de un par de meses por fin salen a la luz para darse cuenta de que las elecciones están a la vuelta de la esquina y que hay un montón de victimas a las que podrán asaltar para así robarle su más preciado tesoro, que no es su nómina, por supuesto, sino su voto.

Hemos llegado a un punto crítico para el futuro de nuestro país, bueno, crítico como puede ser de crítico para tu futuro el elegir entre meterte en un pantano lleno de cocodrilos o meterte en un embalse lleno de caimanes. Está claro que en estas elecciones saldrá el partido político A o el partido político B (para no hablar de partidos con nombre y apellidos). Tenemos también en las listas a los partidos C, D, E… pero para que cansarnos leyendo, es más fácil, coger el primero de la lista y si no me gusta porque es el que está y hace las cosas como el culo pues nada, cogemos el siguiente. Esto al final contribuye a que haya dos grandes partidos el A y el B. Si el 20 de noviembre tenemos que votar solo hay que tener en cuenta una cosa. Estoy contento con “A”, que es quien gobierna ¿sí?, pues lo voto. ¿No?, pues vota al “B”. ¿Y que pasa con el resto de los partidos? ¿Acaso no pueden salir elegidos? Pues para que nos hagamos una idea creo que lo mejor sería poner un símil, o una metáfora o una yo que se, un recursos de esos que tan culto le hace a uno.

Imaginemos una moneda, con su cara y su cruz. Imaginemos que en la cara pintamos el logotipo del partido A y en la cruz el logotipo del B. Si lanzamos la moneda al aire tendremos un 50% de que salga alguno de los dos partidos. A los cuatro años si lanzamos la misma moneda tendremos la misma posibilidad de que salga uno de los dos, puede que se quede el mismo de la última vez o que cambie. De nuevo, a los cuatro años siguientes, tiraríamos de otra vez más la moneda, si ya ha repetido dos veces el partido, que salga una tercera vez se puede dar, pero podríamos pensar que es más lógico que saliese el contrario, aunque las posibilidades sigan siendo el 50%. La cuestión es que a lo largo de los años, ambos partidos se irían turnando el poder del país, con todo lo que ello conlleva, como es la corrupción, la desidia, los vicios, las leyes que benefician a los creadores de las mismas y las promesas vanas.

Y qué es lo que pasa con el resto de los partidos del abecedario, esos llamados C, D, E… pues todos estos pequeños y simpáticos partidos políticos se encuentran en el canto de la moneda, lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Cuándo gobernarán uno de estos pequeños partidos? Pues la respuesta es bien fácil, empieza a tirar una moneda al aire y cuando caiga de canto cuenta las veces que has tenido que probar suerte y multiplícalo por cuatro, esos serán los años que tendrás que esperar para uno de esos partidos suba al poder.

Pero es curioso, como hay mucha gente que piensa como yo, o para ser humilde, es curioso ver como pienso igual que un montón de gente más que entiende perfectamente que vivimos en un país de borregos, pero que al igual que yo, hace poco por cambiarlo, esto no se exactamente en que nos convierte, quizás en borregos inteligentes, quizás en borregos monteses, no sabría decirlo a ciencia cierta, pero utilizando otro de los recursos que hemos estudiado en nuestra ingenua adolescencia uno de estos borregos monteses escribió esta mañana en un foro una frase para definir la lucha de candidatos para las próximas elecciones que me hizo bastante gracia… “Alien vs Predator: Gane quién gane, la humanidad pierde.”

Es por esto que el país va como va, porque nunca entra sangre nueva en el Congreso, porque el ciudadano solo opta a votar por el menos malo y no por el mejor, porque queramos o no, entre A y B, solo estamos cambiándole el collar al mismo perro, o como sabéis que me gusta decir a mí “Son solo la misma mierda pero con distinto olor”.

 

Slow

– ¿Cómo sabes que llegará mañana?
– Por que lo pedí el lunes y dijeron que tardarían 5 días.
– Pero mañana es sábado.
– ¿Y?
– Que a lo mejor los sábados no reparten.
– ¿Porqué no? ¿Acaso no se respira también en sábado, acaso no se come?
– Pero joder, que se coma no es sinónimo de que se trabaje.
– Pero si abren tiendas y hay autobuses, incluso si te llama la teleoperadora de turno para venderte algo que apenas necesitas  a la hora que menos lo necesitas, cómo no iban a currar ellos.
– Bueno, yo solo te digo que no te hagas ilusiones, sabías lo que pedías y a quién se lo pedías.
– Sí, y tengo plena confianza en la puntualidad de la empresa.
– Pero vamos a ver, sabes perfectamente la filosofía que conlleva esta empresa, sabes que son lentos.
– Lentos, pero no por eso impuntuales.
– Si tú lo dices.
– Lo digo yo y 9 millón de clientes más. Mañana a estas horas estaré disfrutando de mi familiar con anchoas y pepinillos en masa fina.

No lo dude, llámenos las 24h del día, trabajamos los 7 días de la semana. Slow Food! Somos una empresa de gran prestigio y reconocimiento internacional, y eso lo respaldan nueve millones un clientes. Slow Food! Tú comida bien hecha; con mimo, con amor, con paciencia. Slow Food! Tú comida lenta, y cada día, la de muchos más.

Slow… un movimiento extraño, lleno de extraños actores y que reivindican algo más extraño aun… El buen gusto por la cocina y la arquitectura.

Es un nuevo movimiento (bueno todo lo nuevo que puede ser un movimiento de finales del Siglo XIX) que aunque buscando un fin tan bueno como utópico, no lo hace por medios muy racionales.

Ya hemos hablado, en varias ocasiones, de lo que la sociedad moderna, el ritmo de vida y el estrés puede provocar. Cada vez vivimos más rápidamente. Desde el momento en que suena el despertador, y ya nos sentimos cansado por intuir el día que nos espera, hasta que nos tumbamos de nuevo en la cama cansados, estresados y pensando en que ya no vamos a dormir las 8 horas que aconsejan los más entendidos en la materia. Vivimos una vida agitada, llenas de idas y venidas y continuamente corremos aunque no sepamos el porqué. Y esto lo pude experimentar la primera vez que fui a Madrid y observaba estupefacto como la gente se revolvía, corría, saltaba y refunfuñaba en el Metro. Para mí era incomprensible, no sabía porque lo hacían, yo, un chico sureño, tranquilo y de personalidad abierta me atreví a preguntarle a una señora que corría por los pasillos que cual era el motivo de sus prisas, su respuesta fue un empujón, seguido de un pisotón y una coletazo final con la punta del paraguas cuando se marchaba. Sinceramente no entendía a esta gente loca de la Villa de Madrid, recuerdo que pensé que estaban todos locos o incluso hiperactivados a causa de un exceso de cafés a lo largo del día. Paradójicamente tuve que marchar por motivos de trabajo a la capital del país y descubrí que estas pobres personas no estaban locas, y muchos, además, se hartaban de tilas en vez de tomar cafés. Era la ciudad, era el ambiente, la situación, el estrés. Cuando llevaba allí quince días, yo también corría como un poseso, daba igual que fuera con diez minutos de adelanto al trabajo, daba igual que ni si quiera fuera al trabajo, daba igual que hubiera perdido el metro, tenía que correr, tenía que correr más que el que estaba delante, tenía que correr más que el que estaba detrás, tenía que correr sin descanso y ¿porqué? Una vez me lo pregunto un chaval con pinta de paleto que estaba parado en el pasillo y que me tapaba el paso para llegar al andén antes de que me adelantaran las dos peruanas que aunque con paso corto, parecieran que llevaran debajo de esos largos ponchos un motor a reacción. Suerte que puede apartarlo a tiempo con el brazo a pesar de que me intentó hacer una zancadilla con el pie, casi me caigo por la velocidad y la carga que llevaba (maletín, abrigo, paraguas…) suerte que pude zafarme de él a pesar de que creo que me intentó agarrar por el paraguas para que no me fuera. Por suerte pude llegar al andén antes que las peruanas, que se quedaron junto a mí los seis minutos que tardó el llegar el siguiente metro. 

Este movimiento pretende acabar con todo esto, quiere hacer que la vida se relentice, que nos tomemos el tiempo necesario para hacer las cosas, que saboreemos el café, que disfrutemos de una buena comida, de un paseo, que seamos amables con quien nos rodea, que durmamos lo necesario y que tengamos tiempo para nuestros amigos, nuestra familia, nuestros hijos. Pretende volver a tiempos en los que la naturaleza era más sabia y el hombre más tonto. Pretende borrar todos los McDonalds de la faz de la Tierra.

Son muchas las vertientes de este movimiento Slow, desde el Slow Food al Citta Slow, todos intentando reivindicar la vida tal como era antes, pero claro, sin renunciar a los adelantos del “Ahora”. Algo inmoral para algunos, algo inteligente para otros, pero en definitiva algo muy difícil de llegar a cabo, diría imposible, pero las palabras imposible e infinito no me gustan mucho, son excesos que no llevan a nada bueno.

La cuestión es que hay mucha gente que apoya este movimiento, como esos dos que se metieron en una cama para demostrarle a la gente que se puede estar una semana hablando de paz y otras cosas que al parecer hoy en día a poca gente le importa, al menos en la práctica, porque de la teoría no hablaré, puesto que es solo eso, teoría.

Unos 40 años más tarde, de nuevo dos personas se meten en una cama, esta vez durante 40 días con seguimiento incluido por Internet, para demostrarle al mundo entero que se puede haraganear mientras se hablan de cosas muy “trascendentales”, como la educación o la redes sociales. Y yo me pregunto, ¿todo esto sin cagar ni ducharse en cerca de mes y medio?

Es cierto que esta vida esta llena de rápidas transiciones, rápidos movimientos y rápidos polvos, y a veces, detenerse un poco a repasar la información que recogen nuestros cinco sentidos no es ninguna tontería. Saborear, sentir, oler… poder mirar y escuchar todo lo que nos rodea es un placer tan cotidiano que lo hemos desechado como tal.

Y todo esto es debido a la sociedad moderna, y una prueba de ello es la que podéis comprobar cualquier día que vayáis a un McDonald y en vez de engullir un menú completo en tan solo 4 minutos, os detengáis un poco para respirar hondo y mojar lentamente una patata gajo en la salsa deluxe mientras os recreáis contando las semillas de sésamo del pan. Será entonces cuando podréis comprobar como los cuatro que están esperando de pie con las bandejas en la mano os fulminarán con una mirada tan ardiente como los pies de un madrileño metido en los pasillos del metro en plena hora punta.

Por esto, entre otras cosas, Slow es un movimiento avocado al fracaso, al menos si se pretende llevar a cabo en un 100%. Pero si conseguimos agarrar la esencia de esa filosofía y hacerla nuestra en el día a día, es algo que podría llegar a mejorar nuestra calidad de vida, nuestra percepción de la realidad, nuestra propia espiritualidad.

¡Paz!

Primavera de mierda

Hoy es 21 de marzo de 2011, supongo que lo sabréis porque lo pone al principio de la entrada, pero no se si sabréis que hoy oficialmente ya es Primavera. Lo que pasa es que esta primavera se puede decir que ha entrado con mal pie. Durante los últimos días, semanas y en las próximas veremos cosas muy tristes, cosas que nos avergonzarán, cosas que nos crisparán los nervios, que nos cabrearán e incluso cosas que al final nos darán igual, porque así somos los humanos, porque así somos los españoles.

Egipcios y marroquíes luchando por sus derechos, aunque hayan muchas personas que piensen que no tienen derechos o peor aun, que no se los merecen.

La crisis cada vez más pronunciada, congelaciones de sueldos, EREs, subida de la gasolina, de la luz y el paro, eliminación de subvenciones, estafas multimillonarias, ciberpedófília…

Pero nada de eso es comparable con la catástrofe que se ha vivido en Japón hace tan solo unos días. Un tremendo terremoto que ha dejado tras de sí, derrumbes, inundaciones, desolación, radioactividad y hasta las fecha más de trece mil muertos y desaparecidos, una autentica desgracia que ha afectado al mundo entero y que ha mandado un mensaje bien claro a los que aun creían que los humanos éramos los que controlábamos a la Madre Naturaleza. 

Y por último, aunque no por ello menos funesto, hay que decir que: Estamos en guerra… Bueno, tenemos en guerra unos cuantos aviones, un barco y un submarino… vamos casi todo el ejército español, ya que como todos sabemos los demás barcos, aviones y carros de combate son de atrezo y cartón piedra… Y es que no se pueden tener importantes fábricas de material militar y de munición para luego estar vendiéndoselas a otros países y no quedarnos aquí ni con los casquillos… Imaginad lo orgulloso que estará ese trabajador de una de estas fábrica montando, cargando, revisando, puliendo y abrillantando la bala que será exportada a Oriente para que acabe incrustada en la cabeza del pequeño de sus tres hijos, el cual se metió a militar ilusionado por las historias que su padre le contaba antes de irse a dormir. No me malinterpretéis, este pobre hombre no tiene la culpa, ni si quiera su hijo tiene la culpa. Esta es una simple y triste historia, como muchas otras, sobre la guerra, sobre las miserias humanas, sobre toda la basura de la que nos gusta rodearnos a nosotros, la raza evolucionada…

…Esta es solo una de muchas historias que podrían pasar en una primavera de mierda cualquiera.

La revolución de los borregos.

El otro día en un foro estaba leyendo una discusión que había sobre la nueva ley antitabaco, y de cómo el Gobierno hacía muchas veces lo que le daba la gana inventando leyes y moldeando el país a su antojo, a lo que contestaban algunos que hay cosas que no se pueden cambiar, que son inamovibles. Yo sin embargo pienso que:

“Todo puede cambiar, solo hace falta…
… que al político de turno le convenga.”

Lo que está claro es que los políticos solo se rigen por una cosa… Por el dinero, y si me apuras por el Poder… para conseguir más dinero.

Así que si algo le conviene al político, al final acabará metiéndonosla doblada (perdónenme la expresión), pero desgraciadamente vivimos en un país de mucho gritar, protestar, insultar, maldecir, criticar… pero luego no mover ni un dedo, somos un país de ignorantes y de flojos, de borregos, donde si no nos quitan el fútbol y la cervecita en el bar, no hay mayor problema. Que no hay trabajo, pues nada, el tiempo libre al bar con el dinero del paro, que se acaba el paro y no tengo ningún chanchú de esos que no se declaran a Hacienda, pues nada la cervecita en casa viendo el fútbol, o en su defecto cualquier programa donde cuatro memos se echen los trastos a la cabeza en plan teatrillo poco creíble, bueno, al menos poco creíble para personas con dos dedos de frente y en España desgraciadamente todos los gorros nos llegan a la altura de la nariz.

La mayor parte de Europa nos trata de payasos y el resto del mundo como unas personas graciosas que solo saben dormir y estar de juerga, aunque realmente lo que somos es unos conformistas que solo sabemos ladrar… y ya se sabe que se dice de los perros ladradores.

Sinceramente creéis que otros países con la tasa de paro que tiene el nuestro estarían tan a gusto, ¿estaría la gente sin lanzarse a la calle y sin quemar todo lo que se le pusiera por delante?. Creéis que no lucharían por lo que les pertenece, por lo que es suyo, es muy posible que llegado el momento, y tras negociaciones, apoyaran a su gobierno, a sus vecinos con tal de levantar el país, de levantarse ellos mismos, pero claro, si vives en un país donde te obligan a entregar un dinero de tu sueldo, es más, no solo te obligan a entregarlo, sino que posteriormente te lo bajan, te suben el IRPF y el IVA y para terminar te quitan la mitad de las ayudas, y con todo ese dinero, financian los cochecitos oficiales, las idas y venidas, los sueldos vitalicios que por supuesto son compatibles con los sueldazos de seguir en el Gobierno o en cualquier otro sitio donde la remuneración sobrepase los 10 millones de las antiguas pesetas, y hacen diez mil barbaridades más para que ese dinero desaparezca tan rápido y fácilmente como te lo han quitado… ya me contarás.

Pero aquí, somos como somos, y por eso al final los políticos hacen con nosotros lo que les da la gana, o al menos lo suficiente para llenarse los bolsillos sin que tomemos cartas en el asunto, es más, lo vemos tan normal, que ya casi ni protestamos, aunque sea de palabra. Hay tanta cantidad de información, tanto en telediarios, periódicos, foros donde se hablan de las burradas que hacen estos señores que ya lo tomamos como el pan nuestro de cada día, y por ello, al final acabamos resoplando y mirando para otro lado… Compararía esta situación como la de la chavala que va al gimnasio en mayas y ya da por hecho que algún niñatillo, viejo verde u obrero de marras, en el camino, va a lanzarle algún “piropo” obsceno a grito limpio. Es algo que no está bien, algo totalmente indecente, incluso si nos arropamos en la Ley podría considerarse una infracción de esta. Pero es algo con lo que vivimos, algo que vemos normal, y algo que no recibirá nuestra completa atención para que pueda ser cambiado.

Por suerte no todo el mundo es igual, hay casos extraños entre políticos, y algunos más entre los ciudadanos, que aun respetan las normas, que luchan por los derechos propios e incluso por los de los demás, gente de principios… utilizando un termino ya casi en desuso, gente de honor. Pero como decía un buen amigo:

“La revolución solo prosperará si el Pueblo es merecedor de ella.”

Y en nuestra amada España, la revolución es algo que dejamos para los libros de historia.

Cambio Climático

Bueno, ya es Febrero, y seguimos con un clima casi primaveral, algo de frío en los últimos días, pero poca cosa, la gente sigue paseando por el río con sus gorras de visera, o yendo a la Plaza de España a tomar el sol en tirantas. ¿Realmente es cierto eso del cambio climático?, yo creo que es todo un bulo. Vamos a ver, estamos jodiendo el medioambiente, eso no tiene discusión, y desde luego mucho más en el último siglo que posiblemente en todo el resto de la existencia del ser humano sobre este planeta. Pero si no lo hacemos nosotros lo hará un meteorito, o una gran bolsa de magma que emerja de la nada o dios sabe qué. Con esto, no quiero decir “Viva la Pepa” y todos a hacer lo que les dé la gana, pero es que con soluciones a medias no se llega a ningún sitio. Hay que cuidar el medio ambiente, en eso estamos de acuerdo, hay que intentar emitir menos gases tóxicos, y no hablo de los pedos de las vacas, al parecer un gran problema medioambiental, según el telediario, pero todo eso es muy bonito de decirlo, y muy poco práctico a la hora de realizarlo, por lo que hay que buscar las vueltas para hacer que vehículos y demás maquinarias que funcionan a base petróleo o derivados, se vayan eliminando o transformando, no inmediatamente, pues sería un autentico caos, pero si a unos años vista, y si esos años son menos que más, aun mejor.

Por ejemplo, las placas solares son caras, pero todo el mundo dice que son amortizables, ¿porqué no se utilizan más?, es posible que en sitios donde no haya muchas horas de sol o no haya el suficiente sean un poco inútiles, pero esos sitios suelen ser sitios de frío, lluvia y viento, porqué no aprovechar la energía eólica o la hidráulica, joder, no quiero decir que le pongan un molinillo de viento en la vaca del coche para que lo impulse, sé que eso a día de hoy es imposible, ¿no?, pero hay muchas fábricas y maquinarías pesadas que podrían funcionar con las llamadas energías limpias, muchas más de las que ya lo hacen, ¿cuál es la razón de que no lo hagan? ¿Son más caras, ocupan mayor espacio, menos eficientes? No lo se, puesto que para hablar de todo esto que estoy hablando no me he documentado ni un carajo, pero bueno, estoy en mi derecho de hablar y de opinar, aunque no tenga ni puta idea de lo que estoy diciendo, por ello opino que si hubiera leyes algo más restrictivas, subvenciones y demás métodos legales para ir cambiando el país/es (al menos los más desarrollados) en su utilización de la energía, posiblemente todo sería mucho mejor. Porqué gastar tanto dinero en armas nucleares, o en talas de árboles en plena selva, en buscar y excavar pozos petrolíferos, en enviar comida a gente necesitada o en investigación y publicidad sobre el efecto invernadero. A lo mejor si nos dejáramos de tantos tiritos, de plantar más, de utilizar el famoso motor de agua, ah no, coño, si la patente la compró algún cabrón con más de 800.000 toneladas de crudo en sus almacenes, a enseñar a la gente necesitada a desarrollarse y a invertir en la investigación de nuevas estructuras de aprovechamiento energético limpio  así como a publicitar ideas que puedan llevar a la reforma de la ley actual, igual el mundo iría algo mejor, solo algo, puesto que la naturaleza del hombre es puramente destructiva, y posiblemente en breve encontraríamos otra forma con la que jodernos a nosotros mismos y al resto del planeta, pero bueno, por algo hay que empezar y no por dar tanto por culo con el cambio climático y con que no utilicemos aerosoles que estropean la capa de ozono, pues ostia, si es así, obliguen a que se dicte una ley que los prohíban, luchen por sus derechos y no coman el tarro a la gente para que compren desodorante de barra porque el de spray nos mata el sol. Para erradicar los grandes males, se necesitan ideas radicales, y mientras nadie se plantee esto, este mundo esta condenado a convertirse en un puto basurero espacial. Un planeta escoria sin ecosistema y sin validez ninguna, exceptuando en materia histórica, ya que desde luego podríamos ser el deleite y la nota de humor en el estudio de algún alien adolescente que quisiera hacer una tesis sobre nosotros para su graduación, con los datos tomados bien podría escribir un bestseller  de carácter cómico sobre la estupidez humana y su propia aniquilación. Pero bueno, mientras eso ocurre y no, voy a seguir disfrutando de esta Febrero primaveral que me estoy pasando en plena sierra de las Nieves, en este pueblo llamado Yunquera, y al que estoy cogiendo algo más de cariño, aunque sea principalmente por sus pasteles y sus pizzas.

 

Un saludito de colores.

 

Mi nombre es Sisifo.

A veces he pensado que mi trayectoria en la última empresa a la que he prestado servicio ha sido muy parecida al castigo con el que los dioses condenaron a Sísifo.

 

Sísifo era un hombre astuto que engaño, mató y burló a la propia muerte hasta que al final fue condenado por los dioses a empujar una gran piedra por una ladera empinada, la cual siempre se le escapaba y rodaba de nuevo hacia abajo, justo antes de alcanzar la cima.

 

En los cinco años que he estado trabajando en este proyecto he intentado escalar hasta lo más alto, tropezando y levantándome, luchando contra todo lo que se me pusiera por delante y dándome cuenta que siempre había un obstáculo más que superar, pero aunque esto no me importaba, justo antes de llegar la cima, todo se desmoronaba y tenía que volver a empezar. Sin miedo, pero sin pausa, me puse de nuevo a luchar por lo que me pertenecía, volviendo a levantar esa gran carga que sobre mis hombres pesaba, no duró mucho, caí de nuevo, pero no era suficiente para acabar conmigo, luche y luche, y volví a ascender, conseguí todo lo que me propuse, lleve esa carga hasta lo más alto, pero justo divisaba la llanura, alguien decidió que la “piedra” no merecía estar arriba, y una vez más cayó, pero esta vez, la piedra, al llegar abajo, se partió en dos y la misión encomendada, el objeto de mi lucha, la fuerza que me hacía seguir adelante desapareció, y con ella todas las ilusiones puesta en el proyecto.

 

Aun así no me puedo quejar, Sísifo nunca pudo abandonar el infierno de Hades, yo al menos he salido de él, no puedo decir que ileso, pero ya estoy fuera. Quizás esta nueva oportunidad se deba a que yo no engañé, mi maté ni burlé a nada ni nadie, a lo mejor mi oportunidad todavía no se ha presentado, o quizás pasó hace ya tiempo… Es posible que la haya dejado escapar hace unos días o que la vaya a encontrar en unos meses, fuera como fuese me alegro de haber estado tan bien acompañado en ese infierno, de no haber luchado solo, de haber tenido apoyo de los míos y haber aportado lo mejor de mi mismo. Dejo atrás el infierno, pero en él, como dice el refrán tengo amigos y el futuro seguro que me deparará un final feliz.

 

Celta.

 

 

"Un abrazo muy fuerte a todo el personal externo e interno de Territorio Sur y al resto de los compañeros del proyecto que han estado ahí cuando podrían haber estado en cualquier otra parte"

 

 

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