Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

Archivar en la categoría “Personal”

Los buenos y cumplidos propósitos

Hace casi tres años que me propuse realizar unas cuantas cosas en mi vida, unos cambios a mejor, unas creaciones que cobrasen vida. Ayer, coincidiendo con el cuarto aniversario de mi “nuevo” blog, terminé la última.
A principios de 2012, cuando la destrucción del mundo estaba cerca y todo dios pensaba en follar como locos o en pedir perdón a sus seres queridos, yo cree una lista de buenos propósitos para la destrucción del mundo, e incluso saqué unos cuantos de ella para su realización a corto-medio-largo-indeterminado plazo, que en mi mente, ese plazo, iba desde una semana a un año, pero que en la realidad oscilaría a varios de estos últimos.
Como he dicho, ayer, cumplí mi último propósito, la creación de una entrada en la que pudiera pregonar a los cuatro vientos, es decir, a los cuatro seguidores que tengo, que por fin estoy curado de la maldita fascitis plantar. Pero no era esta la única ni la más importante de las buenas intenciones para la, ahora, no-destrucción del mundo. Este verano también se cumplió otro de ellas, una que nos da un pequeño respiro y que hace que nuestra familia no tenga que estar más tiempo separada; con la llegada del nuevo destino, por fin, estamos en esa franja tan codiciada en la que para ir de casa al trabajo no es necesario recorrer más de cincuenta kilómetros, todo un lujo para algunos.
Pero hay un propósito que tenía en mente mucho antes del 2012, podría decirse que un propósito que estaba arraigado en mí, desde el siglo pasado, ¡desde el milenio pasado!; un propósito que consistía simple y llanamente en publicar un libro. Algo inalcanzable para mí años atrás, pero que a día de hoy ya es un sueño cumplido.
Coincidiendo con el primer cumpleaños de mi hijo… ¡ah! Por si no lo he dicho, he sido padre… como decía, coincidiendo con este día, el borrador de mi primer libro llegó como un regalo. Tengo que admitir que no he tardado mucho en lanzarlo a la Red (esto puede no ser muy bueno, puesto que el producto final llevará implícitos algunos fallos), y en publicarlo en múltiples plataformas para que así se pueda adquirir en distintos formatos.
Así que haciendo un recuento… no puedo decir de este último año, pero sí de los tres últimos, tengo que admitir que el balance sale brutalmente positivo… Un hijo, un libro… ahora que lo pienso, ni de coña me voy a acercar a un campo no vaya a ser que me de por plantar un pino y ya lo hubiera hecho todo en esta vida… sería muy triste.

21Relatos para Leonardo

Anuncios

Noviembre Plantar

“Y así, como llegó, abandonó aquel lugar, en silencio, con sumo misterio, como una aparición…”

Dos años, casi tres, he estado sufriendo una fascitis plantar que me ha imposibilitado llevar una vida “plena”, una vida donde andar, y no digo correr, se hacía casi imposible, donde acostarse a descansar y no sentir una aguja atravesándote el pie era casi una utopía, donde las almorranas quedaban relegadas a un segundo plano y donde Satanás no me visitaba por si fuese algo contagioso.

Años sufriendo a médicos que no paraban de decir tonterías y terapias que no valían más que para perder el tiempo y machacar las pocas esperanzas que me quedaban. Pero como suele decirse “no hay mal que cien años dure”… en este caso, por suerte, han sido unos años menos, y el secreto no ha sido otro que…

… Bueno, llegados a este punto, debo aclarar una cosa que ya he dicho con anterioridad pero que quiero volver a dejar claro. Yo no soy médico ni tengo los conocimientos necesarios para poder dar consejos sobre la solución de dolencias y enfermedades, pero lo que si puedo hacer, es lo que he hecho hasta ahora, y es contar mis experiencias personales, por lo que prosigo con esta entrada diciendo que el secreto no ha sido otro que la paciencia.

Después de inyecciones, ejercicios, estiramientos, antiinflamatorios, y una larga lista de experimentos varios, opté por tomar una filosofía que hasta ese momento no había probado, y no era otra que pasar del tema, pasar de la fascitis y de todo lo que produjera dolor en la planta del pie. Así que dejé de intentar ir a correr, caminatas largas, plantones innecesarios… eso me llevó a ganar un poco de peso (malo también para esta jodida dolencia), pero un poco de dieta o directamente dejar las hamburguesas del McDonalds hicieron que compensara una cosa con la otra. El calzado también ayudó, puesto que empecé a gastarme en los zapatos ochenta pavos en lugar de veinte, por lo que la comodidad se hizo evidente… pero tengo que admitir, que unas plantillas de silicona o gel de cinco o diez pavos dan el mismo resultado puestas en unos zapatos de veinte. Posteriormente, cuando empecé a notar una leve mejoría y mis andanzas iban siendo un poco más largas me di cuenta que los estiramientos no venían mal, siempre antes, durante y después de estas, no hacía falta muchos tipos distintos de ellos ni demasiado tiempo, solo lo suficiente para que no se me agarrotara la fascia.

La cuestión es que después de un tiempo pasando del tema, me di cuenta de que el dolor desaparecía, hasta tal punto que lo único que quedó como testigo de una grave lesión fue un pequeño “nudo”, que emulaba la sensación producida al arrugársete un calcetín dentro del zapato, y ni si quiera este estaba presente siempre. Quizás algún cambio del tiempo me dejaba una leve presión en la planta, pero nada de esto tenía que ver con el terrible dolor producido por la, ya casi olvidada, fascitis plantar.

Sinceramente sé que muchos de los que lean esta entrada, sobre todo los que la padezcan, estén desilusionados con ella, puesto que esperarían una cura maravillosa y rápida que les solucionase todos sus problemas, pero desgraciadamente no es así, no obstante, la lectura que deben de hacer de ella, no es otra que la de saber que aún hay esperanzas, que la fascitis es algo (en la mayoría de los casos) que se puede curar o al menos llevarla a un grado de inexistencia tal, que podamos olvidarnos de su nombre, de hecho, al empezar con esta entrada, debo reconocer, que ya no recordaba si se escribía plantar o plantal… Menos mal que tenemos al bendito Google.

f55240b0-4ad7-11e4-96d6-97314f1c9a3c_Pies

¡Engáñame!

Hay unos cuantos términos que con el paso del tiempo han nacido, crecido y se han extendido por el mundo, como lo hicieron los hechos a los que hacen referencia. Uno de estos términos es la “Obsolescencia”.

Muchos sabréis de qué hablo, pues mucho se ha hablado del tema. Otros os pensareis que me refiero a la ciencia de obedecer o al huevo por excelencia, vamos que igual os suena a chino, pero este término lleva con nosotros algo más de medio siglo, y el hecho al que se refiere lleva aun más.

Cuántas veces habéis escuchado frases como “Cuesta más caro repararlo que comprar uno nuevo” o “Eso está pasado de moda” o incluso la de “Sí, sí, pero el de este año trae una cámara de diez megapixels”. Todas estas frases surgieron debido a la obsolescencia, y en muchos casos debido a la obsolescencia programada.

Pero qué es lo que significa realmente este palabro. Pues es muy simple, es el hecho de que un producto ya no nos sirva o creamos que no nos sirve y por lo tanto lo desechamos, normalmente esto viene cogidito de la mano de la compra de un nuevo producto en sustitución del “viejo”. Algo que en principio puede parecer normal. Pero si ahondamos un poco más, empezamos a encontrarnos con otros términos, como “La Publicidad”.

La publicidad es una de las armas más importantes de las empresas. Esta hace que nos sintamos mal con nosotros mismos para que compremos productos adelgazantes, cremas antiarrugas, móviles ultramodernos para estar a la última y no sentirnos desplazados en la sociedad o incluso ese producto que no necesitamos pero que como antes estaba cinco veces más caro, el comprarlo ahora es un chollo, aunque el producto en cuestión sean unas compresas de lunares rosas y volantitos a juego para cuando tu perra esté en celo. Da igual que no tengas perra y lo único que tengas sea un hámster y encima macho, ese producto cinco veces más barato merece la pena. Así es la publicidad. Y nosotros, seres consumistas por naturaleza, amamos la publicidad, abrazamos las ofertas, nos nutrimos de la información con que engordan nuestro deseo.

Nos da igual que las empresas se dediquen a crear cacharros que se estropean a los tres años, cuando por unos céntimos más podrían hacerlos durar diez. Nos da igual que nos digan que hoy se lleva el negro y mañana el verde pistacho, compraremos negro, y aun nuevo, se lo daremos a algún familiar que tengamos en el pueblo de nuestros padres para así hacer hueco al nuevo verde pistacho que está tan a la última, al menos hasta pasado mañana, que se llevará el cámel despintado. Nos da también igual comprar ese aparato que cuesta una millonada y que tiene lo último en tecnología, para que en seis meses quede antiguo y tengamos que comprar otro para estar al día, nos da igual comprarlo aun sabiendo que el que ha salido hoy está ya inventado desde hace dos años, es decir un año y medio antes de cuando compramos el que ya se nos ha quedado antiguo. Esto es la obsolescencia, la obsolescencia programada, y nosotros caemos en su trampa todos los días, una y otra vez, cada vez que abrimos el armario y vemos esos pantalones de pitillo que este año no se llevan o hacemos una foto con nuestro móvil de 8 megapixels, pensando lo bien que nos vendría un par de ellos más.

 

Hubo una vez un hombre, no recuerdo ahora mismo su nombre, que dijo una frase que es para recapacitar: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”, y esto es lo que realmente importa. El sentirnos bien con nosotros mismos, el saber que con lo necesario se vive, y se vive bien, que el dinero no compra un estado de ánimo, y que lo último no es siempre lo mejor.

 

 

Saint_Augustine_by_Philippe_de_Champaigne

 Permítete un capricho, pero no vivas para ellos.

 

 

PD: ¡Qué cojones!, pongo una cita y ni me digno a poner el nombre del autor, para qué coño me compro un móvil de cuádruple núcleo, 4G y 10 megapixels, voy a mirarlo en Google por el navegador de alta velocidad a ver si lo encuentro… je,je,je toma, en solo 2,4 segundos ya tengo la biografía entera, con imágenes y obras completas de Agustín de Hipona, que buena compra hice, ¡joder!

Mi Jefe

El otro día, mientras que hacía tarde en el trabajo, en esa oficina, solo, escuchando el zumbido del ordenador y de la gran fotocopiadora que tengo a tan solo un par de metros, la cual despierta de vez en cuando como dragón custodio de montaña abarrotada de oro, se me vino un pensamiento a la mente: “Qué de puta madre estoy”.

Es increíble, pero es lo que se me vino a la mente, y eso que estaba currando a las seis de la tarde (desde las seis y media que me había levantado ese día), con una calor de espanto y más solo que una magdalena en una fiesta de anoréxicas. Pero en realidad estaba contento, y estaba feliz.

Atrás quedaron esos días en los que mi jefe, bueno, uno de los varios jefes que tenía me gritaba como un energúmeno porque no hacía lo que él quería, porque no hacía lo incorrecto. Supongo que el ser jefe te habilita para pasarte por el forro de los cojo… bueno por el arco del triunfo todo lo que te rodea, para remodelarlo a tu antojo, para hacer lo que quieras aunque esto sea lo incorrecto.

Recuerdo aquella bronca descomunal en la que me gritaba que si no hacía lo que él me decía (directriz totalmente contradictoria a la pauta que me había marcado una semana antes otro de mis jefes) me echaría a la calle y buscaría a otro que poner en mi lugar que sí lo quisiera hacer. Me imagino mi cara de bobo, no ya por el bochorno en sí de tener a compañeros, jefes y desconocidos con la mirada clavada en mi persona, sino por el hecho de cómo podría llegar a complacer a dos jefes simultáneamente si uno me decía izquierda, y el otro derecha. Suerte que soy un hombre, porque sino la cosa hubiera pintado mucho peor. Y es que en este aspecto, las mujeres se llevan la peor parte (en la mayoría de los casos). Desgraciadamente, y a pesar de los avances de todos estos años, la sociedad sigue siendo machista. Y sigue siéndolo porque hay un número importante de personas que lo es, un número importante de jefes y dirigentes que lo son. No lo reconocen públicamente, al igual que no reconocen que son unos clasistas, o unos homófobos o unos simples racistas. Eso no vende. Hay que ser tolerante, hay que ser abierto, multirracial, multicultural… Pero ese negro, maricón que conduce un Citroen Xsara de mierda, que no se le ocurra pisarme el césped que lo capo.

Pero bueno, como siempre me voy del tema principal y acabo divagando sobre esta sociedad que nos rodea. Y hoy solo quería realmente plasmar lo a gusto que estoy en un trabajo donde la gente te exige que trabajes; eso, y solo eso. No te amenaza con echarte a la calle cada cuarto de hora, no te obliga a trabajar horas extras que no vienen reflejadas en tu contrato y que posiblemente ni te pagarán, no te mandan a realizar un trabajo de nivel técnico cuando en tu contrato pone bien claro “telefonista”, no te hacen trabajar días festivos que no te devolverán, ni se visten de simpáticos para que les falsees los números, siempre por el bien de la empresa. Y por supuesto no te dicen “Guapa, tengo a cien como tú esperando en la puerta, así que hazme lo que te he dicho o ya sabes donde tienes la salida”.

Encima, con esta nueva política, despedirte es tan sumamente fácil, que ya no tienen que recurrir a los viejos trucos de decirte que tienes vacaciones o descanso para que faltes al trabajo y así poder echarte, o que firmes una renuncia porque cambia el nombre de la empresa y te tienen que hacer un nuevo contrato. Trucos tan sucios y rastreros como ir con el finiquito desinflado, con menos días, sin pago de vacaciones no disfrutadas y restregártelo por la cara para que lo firmes diciendo que eso es lo que te corresponde, y solo en el caso de que no lo firmes, en el caso de que indiques que llamarás a un abogado o al sindicato (estos son también para dedicarles, no una, sino al menos un par de entradas), solo en ese caso, se sacan de la manga un nuevo finiquito, que ya tenían redactado de antemano con todos tus derechos bien recogiditos para que no puedas quejarte por nada. Como digo con esta nueva política de despido libre, esos ardides quedan solo para los empresarios más avaros.

En fin, no me quiero enrollar mucho más, así que os dejo con un micro-relatillo que pienso que viene al tema.

Sed felices, respetad a vuestros mayores y por la cuenta que os trae, que no os toque un mal jefe.

jefe-autoritario1

 Avanzando

“Saltándose todo tipo de consejos e indicaciones, corrió hasta donde estaba su agresor, y allí, sin mediar palabra lo abofeteó, le propinó un puntapié en la espinilla y finalmente le escupió, no sin antes hacer un estruendoso sonido gorgojeante. Todos se la quedaron mirando, con las caras blancas y los ojos abiertos como ventanas en una mañana soleada. Solo una leve risita de su amiga Maite rompió el sonido quejumbroso del dolorido agresor… y ahora, también agredido.

 

–         Se lo merece.

–         Lo sé – afirmó Maite susurrando – Pero esto no te hará muy popular.

–         Sí que me lo hará, aunque no tengo claro si para bien o para mal.

Se dio la vuelta, dándole la espalada, y aun a riesgo de volver a ser victima de otro tipo de abuso, María se quedó varios segundos contemplando a todos esos rostros que no sabían muy bien como actuar, como juzgarla… ¡Ja! Cómo si tuvieran poder para hacerlo. Con paso firme atravesó el improvisado corrillo y se fue contoneando exageradamente las caderas. Maite, la siguió, no sin antes echar un par de vistazos atrás mientras se marchaban.

–         ¿Crees que te echarán?

–         No lo sé, ni me importa.

–         Bueno, al menos muchas te lo agradecerán. No creo que vuelva a palmear el culo de nadie tan alegremente.

–         Es el Jefe, hará lo que quiera y cuando quiera, pero al menos hoy ha aprendido, que por encima y por debajo de ese culo, está el resto de la persona.”

Celtas.

Mala Persona. Mal Mundo.

Un día más me he levantado algo desanimado. Desanimado con este país, con su gobierno, con los políticos, con la gente en general. Solo veo en la tele y en los periódicos noticias desconsoladoras, abrumadoras en sentido negativo, miserias y desesperanza. Corrupción, crímenes, todo una gran mierda que nos rodea día tras día. Y por ese motivo, cuando me he propuesto ponerme a escribir, después de un tiempo, solo ha salido mierda y más mierda… Muchos dicen que somos lo que comemos, creo que esto es aplicable a cualquier de los cinco sentidos. Y como niños, reproducimos fiel, lo que antes nos han enseñado…

Mala persona.

¿Qué? ¿Te atreves si quiera a dirigirte a mí?, ¿a molestarme?, ¿a preguntarme? ¿Qué quién soy?, ¿eres idiota o qué? ¿Realmente quieres saberlo?

Yo soy tu dios y tu dueño, soy la persona que aparecerá en tus pesadillas y que recordarás cuando te levantes, soy el que te quita el pan para comer, el que hace que te arrastres, el que te dice que puedes y que no puedes pensar, soy el odio, la desidia, la lujuria, soy el consigue que te abras de piernas y al que le lames las botas. Soy el que “disfruta” de tus hijos, el que te roba en tu casa y en el banco, soy el que se bebe tus cervezas y que escupe en tu café, soy drogadicto, machista, xenófobo, soy la arrogancia y la rabia, soy el que viola, mata y sale del juzgado en libertad, soy el que te quita el puesto de trabajo mientras le dan una palmada en la espalda. Soy tu Judas Iscariote y el propio Mefistófeles. Soy el que cada día te recordará que no eres nada, que no sirves, que eres un producto desechable. Soy el que pisa tu cabeza, el que la hunde contra el barro, el que te ahoga entre tus miserias y el que hace posible que tengas estas. Soy todo lo oscuro que alguna vez hayas podido imaginar y soy todo lo malo que hayas podido sentir, soy sufrimiento, tortura, daño, tu verdugo y tu ángel de la muerte. Soy tu desesperación, tus ansias de acabar de todo, la cuchilla que utilizarás para el suicidio. Soy yo, tu amo y señor.

Y ahora, ¿qué piensas hacer?

Seguidores en Otoño.

Y por fin llegó el Otoño. Lo estaba esperando como agua de mayo, aunque esta comparación no sea la más acertada. Y es que quería aprovechar el cambio de estación para contaros una noticia sorprendente, casi inquietante. Algo que llegó a mis ojos a la velocidad de la luz, como no podía ser menos, y que fue interpretado por mi cerebro en algo así como seis segundos y medio, podría haber tardado algo menos, pero no pensaba que pudiera ser correcto lo que mis miopes ojos percibían a pesar de llevar las gafas puestas.

Hace poco más de unos diez meses comentaba que mi blog por fin tenía seguidores, cuatro para ser más exacto, entre los que me encontraba yo mismo. Después de más de un lustro escribiendo por fin tenía algo más de un par de seguidores. No parece mucho, pero yo, como cualquier médico que se precie, me sentiría satisfecho si con mi trabajo al menos podía salvar una vida. Y es que ya había conseguido traspasar la barrera de la singularidad, no en salvar vidas, pero a lo mejor sí en salvar mentes, porque no hay mente más muerta que la mente conformista, la mente que no ejerce su derecho a pensar, a decidir, a imaginar, y desde hace tiempo, con mis entradas, algunas más ácidas, otras más poéticas, pero todas por igual, reflexivas, he intentado despertar esas vagas mentes que la sociedad moderna y los videojuegos de última generación no están anestesiando.

Me sentía orgulloso de esa pluralidad a la hora de poder contar a mis “seguidores”, pero hace una semana que mis ojos detectaron una cosa inquietante en mi nueva pantalla LED de 21,5 pulgadas. Pensé en descambiarla por problemas en la representación de los píxeles, pensé en cambiarme los cristales de las gafas, los cuales están más arañados que el los bajos de un Prius en plena Sierra de Aracena, pensé en descansar un poco la vista y darle esos cinco minutos de descanso visual cada hora que tanto recomiendan los trabajadores de riesgos laborales, aunque en mi caso sería cada cuatro horas, pensé en que había vuelto a la singularidad, y que el único seguidor del blog que quedaba en este caótico planeta era yo. La verdad es que pensé muchas cosas en esos seis segundos y medio, pero nada de ello se ajustaba a la realidad. Lo cierto y verdad es que el número había cambiado, y no era un problema de dislexia como pensé entre el tercer y cuarto segundo, los ceros no iban delante, sino atrás, y la unidad realmente se había convertido en centenar. No estaba flipando y la Guinness no tenía nada que ver, ni si quiera los ganchitos que dejaban motas anaranjadas sobre la tecla F5 con la que estaba refrescando para ver si solo era un problema de actualización de la página. No, no era problema de nada de eso. Efectivamente había pasado de tres seguidores a cien; ciento uno como pude comprobar poco después, es decir, cien seguidores y yo, que aunque este feo decirlo, soy mi mayor seguidor, aunque no en plan perro que se sigue la cola para modérsela, es algo más en plan “estoy a gusto conmigo mismo”, aunque no por ello, no busque mejorar día a día, o al menos día sí, día de descanso, que tampoco hay que ponerse el listón muy alto.

Tardé un par de horas en asimilarlo, y ver si por error había colgado el video de la concejala esa de Yebenes masturbándose y por ello tenía tantos seguidores. No sé, a lo mejor, una panda de locos del Twitter había decidido seguir sus pautas de followers fuera de su red social, o es que alguno de mis microrrelatos había despertado la curiosidad de un grupo de escritores noveles que daban un curso online de cómo crear una historia en 150 palabras y no parecer que estás escribiendo una esquela. Sinceramente no sé como fue, ni si quiera si esto durará lo suficiente antes de que se den cuenta de que se han apuntado a seguir un blog llamado “Un paseo por la vida”, y no “Un meneo con la viuda”, pero sea como fuere, puedo decir con orgullo, que el otoño ha comenzado con dos centenas más de ojos sobre los pensamientos de mi vida (espero no que me haya tocado ningún tuerto, si no me va a joder las estadísticas).

En definitiva, que solo quería haceros participes de esta curiosa circunstancia, daros las  gracias con esta entrada número 100 a los que me siguen, porque de esta forma consigo las fuerzas que me faltan para seguir escribiendo (aunque sea una entrada por estación) y recomendaros que disfrutéis de la palabra, ya sea escrita, escuchada o sentida, tanto como yo lo hago todos los días. ¡¡Hasta el invierno próximo!!

Pd: Puesto que me gustaría que la gente abriera más la mente, y que aun queda mucho para diciembre, si queréis dejar algún comentario en este blog, será bienvenido (supongo que ahora que tengo cien seguidores -bueno, sé que casi todos vienen del facebook, realmente, pero tenía que darle emoción a la cosa-, alguno opinará algo, jejeje).

Los buenos propósitos para la destrucción del Mundo.

Hemos llegado por fin al tan temido año de la destrucción de nuestros mundo.

Estamos en el 2012 y de un momento a otro, un meteorito gigante atravesará nuestra atmósfera y caerá al océano creando maremotos nunca antes vistos, activando volcanes que llevaban dormidos siglos, milenios, lanzando nubes de polvo que oculten el sol, desviando el eje orbital, quebrando los polos y finalmente extinguiendo a esta, tan absurda, raza humana.

Aunque también podría darse algo más sutil, algo más del tipo a una plaga o una infección vírica de origen desconocido y de cura incierta que acabe con el 99,99% de la raza humana, extinguiéndola así para la eternidad, ya que por supuesto los supervivientes que compusieran el 0,01% se aniquilarán unos a otro por ser el presidente del mundo o el que tiene el castillo más molón o por ostentar el título de la persona que se haya tirado a más gente viva (ya que con las muertas lo tendrían muy fácil).

Supongo que a día de hoy muchas han sido ya las historias relacionada a cómo será el fin del mundo… como hemos dicho meteoritos o enfermedades, pero no olvidemos a los zombis, a los extraterrestres, al Demonio… Tornados gigantescos, polos que se derriten, fallas que se abren… No sé, igual todo es mucho más fácil… a lo mejor un día se despierta deprimido algún rico y poderoso hombre (que también tienen derecho, los pobrecitos) y le da por pensar que esta vida es una mierda, y en vez de cortarse las venas, tomarse un bote de pastillas o matarse a pajas, decide apretar un botón y mandar a tomar por culo todo el planeta. Unos misilitos por aquí, unas cuantas cabezas nucleares por allá, unas respuestas oportunas de los países vecinos… en fin, que en unas horas estamos todos más para el otro barrio que para este.

La verdad es que leyendo a Nostradamus o buscando un poco de mitologías, creencias o profecías nórdicas, mayas y aztecas, por poner algunos ejemplos, a uno se le hace un nudo en el estómago. Joder, estamos condenados y yo con estos pelos. ¿Qué es lo he hecho en mi vida?, o formulado de otra forma ¿qué es lo que he hecho con mi vida?

¿He sido bueno, he sido lo suficientemente bueno, podría haber sido más bueno?, ¿he ayudado a los demás?, ¿he hecho feliz a los que me rodean?, ¿he cuidado de mi familia, de mis amigos?, ¿he ido a misa los domingos? Bueno, eso es posible que se lo plantee mucha gente, aunque hay otros que igual podrían plantearse: ¿He visitado todos los países donde la droga esté legalizada, he probado todo los tipos de carnes de animales en peligro de extinción, me he acostado con suficientes tías, y tíos… y animales, he pactado al menos una vez en mi vida con Satanás, Belcebú o Lucifer?

Muchas son las cosas que se nos podrían pasar por la mente al saber que el mundo se va a acabar, desde el remordimiento más amargo hasta un placer infinito de liberación. Posiblemente casi todos llorarían, amarían más profundamente, llamarían a seres queridos, harían cosas pendientes, tomarían lo que quisieran y darían todo lo que tuvieran, muchos harían cosas en el momento, pero casi nadie, casi nadie haría una lista con sus propósitos.

Pues yo lo he pensado, y aun con la posibilidad de que todo se vaya a la mierda en este nuevo y espectacular año 2012, en el que el sueldo vuelve a congelarse para muchos trabajadores, las sentencias de embargo aumentan como la espuma, el índice de parados no baja ni falseando números y los comercios siguen vendiendo como si no pasase nada, he decidido hacer una lista de propósitos. No voy a decir buenos propósitos, porque eso queda muy  vano,  digamos que una lista de propósitos, una declaración de intenciones, una lista de la compra de la vida para este año. Y supongo que este momento es en el que esperáis que os la detalle. Pues lo siento, pero no, es mi lista, haceros la vuestra, que sois todos unos vagos, que eso de copiarse ya se quedó muy atrás en los años de colegio.

Aunque si os diré, que durante este año pretendo hacer varias cosas que no he metido en la lista puesto que no tengo claro el cumplirlas, y estoy harto de muchos buenos propósitos y pocos propósitos cumplidos. Por lo que no meteré en mi lista las cosas de las que no esté seguro, es por ese motivo por el que sí puedo detallaros algunas de ellas aquí.

Algunas como crear por fin la entrada en la que daré las claves de cómo me he curado la fascitis plantar (tengo que hacer todavía algunas pruebas para saber si está curada definitivamente, por lo que no adelantaré acontecimientos). Por otra parte voy a publicar mi primera novela corta, no es que sea la primera que he escrito, de hecho es la última, pero como no la tengo terminada aun y no he visto como serán los costes de esta publicación (no os impresionéis, hablo de un tirada muy, muy corta en la cual yo correré con los gastos, que es una putada, pero por otra parte está muy bien, ya que aunque sea un mojón de historia, se publicará sí o sí, jajajaja), no sé a ciencia cierta si podré hacerlo en este año. También, pretendo poder decir de una vez por todas que no tendremos que gastar ni un duro más en el alquiler de un piso por motivos de trabajo (por placer, encantado estaré), pero para eso, aun tenemos que esperar a un concurso (uno por lo menos)… En fin, son muchas las cosas que tengo en mente, y el expresarlas aquí y ahora, aparte de un ser rollazo de la muerte podría ser largo y muy arduo, por lo que me las guardaré muy bien dobladitas en uno de los cajoncitos de mi mente para poder ondearlos con orgullo cuando se cumplan, o si no llegaran a cumplirse ponerle un tapetito de croché al mueblecito de los cajones y hacer como que son solo las reliquias del abuelo que siempre han estado allí y que no tienen importancia alguna.

En fin, que ya sea por medio de un meteorito o por una invasión de enanos cabezones y verdes, si tiene que llegar nuestro final, lo hará, con o sin nuestros consentimiento, así que si esta jodida vida tiene tan poca consideración con nosotros, nosotros no tenemos que ser menos para con ella, así que cargaros de propósitos e intenciones para este año, que nunca se sabe si el meteorito puede acabar colisionando contra la flota invasora y darnos así unos cuantos años más de buenos propósitos.

Mi día de elecciones

En la vida, continuamente estamos expuestos a unas cosas llamadas alternativas. Son situaciones en las que se nos presentan varias opciones, varios caminos a tomar en las que normalmente solo podemos escoger uno de estos caminos.  En muchas ocasiones, los caminos no tienen vuelta atrás, ya sea porque no dé tiempo a volver por donde hemos venido o simplemente porque el puente que cruzamos ya esté roto. En todas estas situaciones tenemos que hacer uso de la elección. El poder que se nos ha concedido a los humanos para poder decidir qué camino tomar, qué alternativa escoger.

Ayer fue mi día de elecciones. Aunque posiblemente, muchos españoles dirían lo mismo. Y en cierto modo es así, pero mi día de elecciones no fue el día de elecciones generales del resto del mundo, sino el día en el que elegí qué camino tomar.

Expresado de esta forma, puede parecer la sinopsis de una película, o la inicio de una historia fascinante en la cual mi vida dio un giro de ciento ochenta grados convirtiendo todo lo conocido en una mera ilusión que dejo atrás para alcanzar mis sueños más anhelados. Pero no es el caso, fue simplemente un día más de elecciones, aunque lo importante es recalcar que fue el mío, el de mis elecciones.

Y es que en esta vida, hay mucha gente que navega por ella a la deriva. Son personas que no tienen una personalidad formada, o que simplemente la tienen deformada. Personas con problemas,  personas que debido a experiencias traumáticas o una educación errónea han adquirido un extraño poder en el que cual son capaces de convencer a cualquiera que les rodee para que tomen las decisiones por ellos. Estas almas, han decidido, o se han visto obligadas psicológicamente a depender del resto del mundo para convertir su día de elecciones en el día de los demás. Han atraído hasta su mundo a las personas que les rodean para que formen parte de él, para que se personen de inmediato en su encrucijada, como el que invoca a un demonio en un cruce de caminos para que le solucione un problema.

Sin más pudor, les infectan, cual virus, con la información necesaria para que sus problemas, sean también los problemas de ellos, que contagiados deben luchar para superarlos. Y aunque no estoy hablando de un contagio real, físico, si que hablo de uno mental, de uno que hace que al final seas tú el que tenga que elegir por una de estas personas.

Leído hasta aquí, habrá muchos de ustedes que piensen que todos nos hemos visto en esas situaciones, tanto desde un lado como del otro. Quién no ha pedido alguna vez consejo, quién no ha estado alguna vez tan confundido que ha decidido llamar a un amigo para que le aclare las cosas. No, no hablo de esto. No hablo de la ayuda del comodín, hablo de personas que no son capaces ni de elegir con que ropa salir a la calle, personas que en cuanto se les plantea el más mínimo problema corren a llamar a su oráculo, o más acorde con lo acaecido en estas fechas, a sus asesores, aunque en este caso hay diferencias, ya que estos asesores, ni cobran ni han elegido serlo.

Ayer cuando me levanté decidí hacerlo tarde. Había estado sacando unos billetes de tren y para poder ahorrarnos unos eurillos los quise sacar muy, muy prontito (de madrugada) para que los precios se ajustaran a la economía que nos está dejando esta crisis.

Desayuné mal, pero muy ricamente. Cookies americanas, Muffin inglesa y leche con cacao y canela. Nada sano, todo rico. Fue mi decisión, con la que tendré que vivir cuando tenga unos años más y la glucosa, el colesterol y demás nombrecitos de los análisis aparezcan por las nubes, por no hablar ya de mi problema de estómago el cual viene con un libro de instrucciones muy completo donde me aconsejan encarecidamente no fomentar la ingesta de fritos, grasas,  chocolates…   

Esto hizo que la mañana se me acortara notablemente.  Y recordemos que estábamos de elecciones. Un montón de partidos que luchaban por la dirección de este bello país cada vez venido a menos. Aunque en realidad, como ha venido siendo desde tiempo inmemoriales, la dirección de este siempre se la han repartiendo entre dos bandos, o mejor dicho, dos partidos, el partido de los ricos y el partido de los pobres, mal llamados por cierto, ya que se deberían de llamar el partido de los políticos corruptos y el partido de los políticos más corruptos y estos nombres es bueno que se vayan alternando según quien este en el poder.

Con media mañana perdida y la dirección de dónde debía de ir a votar, ya que desde que estoy viviendo en esta casa no había ido nunca. Me dispuse a vestirme para marchar a ejercer mi derecho como ciudadano español, pero un tufillo a vinagre de arroz me subió levemente por entre las axilas y pensé que una ducha no estaría mal. Y así, decidí poner un pié en la bañera y después el otro. Un día frío y lluvioso se merece una tranquila ducha calentita. Esta fue otra decisión más que tuve que tomar, dos, mejor dicho, el tomar o no la ducha y que esta fuera larga o corta, aunque si nos ponemos a filosofar, las decisiones fueron infinitesimales (con agua caliente o fría, quizás con templada, lavándome la cabeza o no, utilizando champú anticaspa o el de cabellos normales, a lo mejor ese de color naranja que está al fondo de todos los botes y que nunca se gasta,  frotarme bien con manopla, con estropajo de esparto o puede que solo quitarme el tufillo a vinagre con la manita y un poco de jabón, tendría que haber cerrado la venta para calentar aun más el cuarto de baño a riesgo de luego no ver afeitarme por los cristales empañados, o dejarla abierta para poder cantar y que los vecinos enteros se deleitaran con mis dotes de aspirante a operación triunfo…).

Tras la ducha larga y ya vestido me di cuenta de que el reloj estaba a punto de marcar la una y cuarto. Mi urna esperaba ansiosa a que tomara una decisión sobre qué partido debía de gobernarme en los siguientes cuatro años. Pero por otra parte a las dos había quedado para almorzar en el Gastromium, un bar estupendo que montó un buen amigo mío con el sudor de su frente y un montón y montón de miles de euros.

No es paradoja, el pensar que mi amigo, desde chico, cuando estudiábamos juntos en los primeros años de colegio, ya se viniera a mi casa a comer, escapándose del comedor de este y disfrutando de la comida que mi madre nos hacía. Posiblemente estaba más buena que la del cole, o al menos en mi casa podíamos disfrutar viendo los dibus o jugando a alguna cosilla antes de emprender la jornada de tarde.  A lo largo de su vida, fue enfocando sus estudios, sus ilusiones y su paladar al mundo de la cocina. Cierto es que hacía autenticas porquerías, muchas de ellas incomestibles, pero había otras que aunque extrañas eran un placer al paladar. Mi primera pizza vegetal (con lechuga y todo) la probé de sus manos. El siempre tuvo claro que quería triunfar, que quería tener reconocimiento y sobre todo que quería montar su propio restaurante, uno de esos donde las tapas no fueran montaditos y el vino no fuera “de mesa”. Y después de mucho viajar, estudiar, trabajar para otros, consumir las horas de los días de su juventud, como se suele decir, después de mucho sudor y lagrimas, al final, lo consiguió. Montó un restaurante junto con un socio que ha día de hoy es uno de los mejores de Sevilla, uno de los mejores de España. El tomó sus propias decisiones, y debido a eso, ese restaurante a día de hoy existe, y debido a eso, esa mañana, la mañana del 20-N, yo no pude ir a votar. Puesto que tenía un compromiso al que no podía llegar tarde.

Después de salir del almuerzo, con la barriga llena, bien llena de cosas muy buenas, tocaba marchar de regreso a casa. Pero el día seguía estando triste, ¿quizás un augurio de lo que nos esperaría en los siguientes cuatro años? Meterse en casa no me apetecía, ya que si el día estaba triste, más triste me pondría. Y puesto que mi urna estaba muy cerca de mi casa, si no quería ponerme triste, tampoco podría visitarla. Una vez más pensé en Miguel, mi amigo de la infancia, y jugué con la idea de qué hubiera pasado si cuando tuvo que tomar la decisión de dónde montar el restaurante hubiera elegido hacerlo a dos calles más abajo de mi casa, en vez de en la otra punta de la ciudad.

La tarde era joven, y aunque el tiempo no estaba para pasear, sí que lo estaba para echar una autentica tarde de cine. Una vez más fue mi decisión, tanto esa, como la de elegir Amanecer como película de tarde de domingo de elecciones, no preguntéis como llegué a la conclusión de que esa era la película adecuada para ver esa tarde, en ese momento, y mucho menos me preguntéis si me gustó (Carol, tenemos que hablar tú y yo).

Era ya de noche, y posiblemente estaban haciendo el recuento cuando salí del cine. Mi tiempo para votar había concluido. Al levantarme ese día pensé si debía votar a los ricos o a los pobres, si mi voto quizás debería ir a un partido minorista que tuviera buenas intenciones (aunque luego, como todos, no las llevara a cabo), incluso me planteé si votar en blanco. Lo que nunca hice fue jugar con la posibilidad de no ir a votar, pero mis decisiones, una tras otras me llevaron a ser uno de los españoles, que por distintas razones, ayer no votó a ningún partido.

Todos debemos enfrentarnos a nuestros miedos, a nuestras conflictos, a nuestra propia vida y para ello tenemos un arma que no tienen otros animales que solo pueden contar con el instinto, es la capacidad de decisión. A todas horas, nos surgirán problemas, y en otras muchas ocasiones, oportunidades. El cómo salgas de estos y estas son una cuestión que se basa en el ingenio, la experiencia, la suerte y sobre todo, en uno mismo. Hay que luchar por lo que se quiere, y aunque nos rodeemos de amigos que nos apoyen y nos cubran, la batalla la tenemos que encabezar nosotros, porque solo así seremos libres de tomar nuestras propias decisiones, orgullosos de haber elegido nuestro futuro y felices por hacer de los amigos participes de nuestra vida y no esclavos de ella.

Como me dijeron un día en el que tuve que tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida: “Decisión tomada, decisión acertada”.

Tú eres tu mejor elección.

Mi presencia, mi ausencia.

Han pasado los días, las semanas y los meses, y las noticias de mi persona se han hecho de rogar, bueno, es una forma de expresarlo, otra cualquiera podría haber sido: “He estado tan ocupado haciendo como que hago que al final no he hecho nada”.

Es posible que algunos hubieran esperado una entrada hablando sobre la astenia otoñal, y efectivamente me llevé haciendo la entrada una tarde, pero cuando la tenía casi concluida me di cuenta de que realmente era lo mismo que la astenia primaveral, solo que más depresiva aun, porque encima vienen acompañada de finalización de vacaciones, mal tiempo y días muy, muy cortos. Luego decidí seguir narrando el diario del navegante… ese fantástico viaje a Costa Rica en el que vi e hice cosas que nunca hubiera pensado, pero una vez vistas las inmensas tortugas del pacifico, ya casi di por concluido el viaje, no tenía ni idea que el sobrevolar a las águilas o compartir hotel con actores de Hollywood podría sucederme a mí, no obstante, también lo dejé pendiente, ya que con una o dos entradas no iba a poder concluir el viaje, y necesitaba tener más tiempo para proseguir la narración de mis “hazañas”. Por último pensé (ya ni me molesté en empezar a escribir) en colgar una entrada sobre Halloween, pero me llevé más tiempo del que hubiera querido buscando un buen disfraz que al final fue un fracaso y tuve que recurrir como el 80% de los españolitos a la tienda del chino de la esquina (el otro 20% fue a la tienda del moro de al lado).

La cuestión, es que por un motivo o por otro, no he “podido” plasmar mis pensamientos en el blog, y por eso pido disculpa a mis tres seguidores (jajaja, tengo tres seguidores, que blog más triste… pero claro, escribiendo una vez cada dos meses es lógico), y ya de camino, aprovecho para saludarlos y darle la bienvenida a este blog un poco raro, o bueno, a lo mejor el rarito soy yo, supongo que como los perros a sus amos, los blogs se parecen a sus creadores, sobre todo porque en ellos se plasma lo que estos piensan / sueñan / anhelan / temen…

Y rompiendo mi declaración de buena intención con la que empecé a crear las entradas “más largas” dejo esta aquí, en standby… solo esperando a que se me ocurra un buen tema y poder lanzarlo para que el mundo entero y mis tres seguidores, puedan disfrutar de él.

Hasta entonces.

Sed buenos y si decidís no serlo, al menos no me echéis la culpa a mí.

DN: DÍA TRES – NO HAY EXCURSIÓN SIN BARCA

No recuerdo muy bien que es lo que estaba soñando, pero tenía que ver con puertas abiertas, animales muy agresivos y un tipo que miraba desde arriba riéndose a pura carcajada. Como ya digo ni recuerdo de que iba exactamente ni creo que me hubiera dado tiempo a concluirlo puesto que en un momento concreto de la madrugada, poco antes de que el sol comenzara a desperezarse empecé a escuchar el sonido de un despertador: “¡¡Aaaahhooooo, ahooo, oooooh!!”

– Joder, creo que mi despertador no sonaba así la última vez que lo escuché.

– ¡Ohhhhhhhh, ahooooooooo!

– ¿Qué demonios es eso?

Hay una leyenda en Costa Rica que trata sobre un determinado tipo de monos, los monos aulladores. Hablaba de que en la antigüedad, cuando los nativos tenían que cazar todo lo que se les pusiera por delante con tal de poder sobrevivir, estos salían todos los días, con sus flechas y sus cuchillos para cazar mapaches, monos e incluso jaguares, a los que temían y respetaban, pero contra los que tenían que luchar si no querían que la hambruna acabara con ellos. Estos nativos habían mermado la población de monos y pequeños mamíferos de la zona, pero había un animal que proliferaba a sus anchas, un animal que aun no siendo sagrado, era intocable. Este animal era el mono aullador. Un animal que emitía un chillido tan aterrador que los propios nativos creían que eran demonios salidos del infierno, por lo que cada vez que veían uno se apartaban de su camino por miedo a que se pudieran llevar su alma.

Esto a priori puede no tener importancia para un españolito que duerme en la cálida camita de su casa de gran ciudad. Pero para un viajero en Costa Rica, esta leyenda cobra gran importancia, ya que si los nativos no hubieran sido tan estúpidos y hubieran llevado al borde de la extinción a estos pequeños cabrones, yo aquel día me podría haber levantado media hora más tarde… Vale, vale, he sido un poco insensible, pero es que despertarte con ese grotesco aullido cuando estás en plena pesadilla y sin ni si quiera una multiusos cerca, pues como que te estresa un poquitín. De todas formas ese día teníamos que madrugar, porque de nuevo teníamos una excursión al alba, ya que todos los animales diurnos, como pudimos comprobar con el aullador, tienen su actividad más alta a primeras horas de la mañana, y puesto que la excursión consistía en un paseo por los canales observando la flora y la fauna, pues que mejor hora para levantarse que a las 5am.

Cogimos la mochililla, el chubasquero por que vimos que el suelo estaba completamente mojado por las lluvias de la madrugada y por supuesto la cámara de foto, de la que no me despegaba, excepto en la excursión de la noche anterior, por “respeto” hacía las tortugas. Desayunamos rápidamente (más de lo mismo) y fuimos al embarcadero para comenzar nuestra travesía.

No puedo hablar científicamente, pero creo que todos los animales del lugar son unos perros, me refiero a unos flojos rematados, porque si a primera hora de la mañana es el momento de más actividad de sus vidas, como se comportarán cuando llegue la tarde. Los pájaros estaban todavía apoyados sobre una de sus patas, los cocodrilos no daban señales de vida y las iguanas ni se molestaban en girar la cabeza para mirarnos; para colmo, comenzó a llover. Chubasquero cerrado hasta arriba, gorrito y cámara al macuto. Es cierto que no hacía frío, que ya andábamos con la ropa humedad desde que llegamos a Tortuguero, por lo que tampoco importaba el mojarse, pero joder esperaba que con la lluvia viéramos algo más de actividad, no se, algún mono sacudiéndose el agua, pero creo que lo único que se sacudían era lo que tenían entre las patas inferiores. En fin, fue una excursión un poco fracaso en lo que a fauna se refería, aunque no puedo decir lo mismo sobre la flora y los propios paisajes que, a pesar de la lluvia y la oscuridad que se cernió sobre nosotros cuando las nubes empezaron a ocultar el sol, tomaban un aspecto casi mágico en aquellos canales perdidos de la mano de Dios.

Tras llegar de nuevo al hotel nos quitamos la el chubasquero y la ropa,  nos pusimos el bañador y nos fuimos a bañarnos en la piscina, con lluvia o sin lluvia daba igual, en la piscina nos mojaríamos a mojar igualmente. Curiosamente salió el sol.

Fue una mañana tranquila, relajada, que pasamos juntos a unos cuantos compañeros de viaje, los cuales nos contaban sus anécdotas durante este y otros viajes que habían tenido en años anteriores. La verdad es que muchas de ellas fueron de lo más divertidas y algunas casi increíbles pero ya se sabe lo que pasa en cuanto pones un pie fuera de casa… que tienes tu vida vendida y acabas sobrevolando alguna selva en una avioneta monomotor del 77, o a oscuras y medio en bolas en un Hammam de algún sucio callejón del pueblo más perdido de Marruecos, o incluso preguntando por una buena playa cercana y acabas en una cala saturada de Nápoles donde la toalla del que está al lado tuya está encima de tu frente y sus deposiciones flotando por toda la orilla.

El almuerzo fue… bueno, se supone que al menos hipervitaminados estaríamos por un tiempo, porque vaya lote de verduras, frutas y zumos… El problema es que eran siempre las mismas.

Y de nuevo estábamos preparados en el embarcadero para una nueva excursión. Este viaje no se caracterizaba por el aburrimiento. Esta vez nuestro destino sería el pueblo de Tortuguero y su playa. Y a lo mejor pensareis “Pero si es la misma excursión que hiciste la noche anterior para ver a las tortugas”, pues sí, lo es, pero bueno, no es lo mismo ir al parque de día que de noche. Por el día las madres llevan a los niños a pasear y por la noche los encargan. Pues la noche anterior las tortugas ya los habían encargado, ahora tocaba verlos pasear. El problema es que veníamos con uno o dos meses de antelación. Así que como no teníamos maquina del tiempo los que paseamos fuimos nosotros. Y vimos la selva, la playa, el mar, y todo el miedo que sentíamos la noche anterior se convirtió en vergüenza al saber que nos habíamos comportado como niños pequeños asustándose del monstruo del armario. No obstante, y a pesar de las risas y comentarios acerca de las barracudas y los jaguares, nadie se separó del guía, ni para bañarse ni para hacer un pipí entre los árboles.

Después de dejar la playa, nos pasamos por el pueblo, donde pudimos comprar un coco para beber, mirar algo de artesanía propia del lugar y mezclarnos un poco con aquella cultura que cada vez nos parecía más cercana.

A la vuelta, y aun quedando un poco de tarde aprovechable, volvimos a sumergirnos en la piscina, donde pudimos deleitarnos con unos canapés típicos de Costa Rica, así como de una fruta que hasta ahora no había ni escuchado nombrar y que se trajeron dos compañeras mejicanas del propio pueblo de Tortuguero (preguntaron por la fruta y rápidamente uno de los que pasaban por la calle salió corriendo y les trajo seis o siete de no se donde). Eran las llamadas manzanas de agua, las cuales tenían un sabor que no sabría describir, sería algo así como morder un cuchillo untado en ambientador. Pero aun así, tenía “un no se qué” que hacía que volvieras a querer pegarle otro bocado, supongo que como otras muchas frutas y frutos, tendría su parte adictiva.

Tras cenar (y no haré comentarios) acabamos todos juntos jugando a las cartas en el chiringuito, riéndonos y probando cócteles y cervezas que no habíamos probado antes. Yo me apunté una nueva, una Pilsen que venía en botella grande y que tenía un sabor muy familiar, si es que sueles beber nuestras cervezas nacionales.

Ya en la habitación, después de recoger un poco las maletas, ya que al día siguiente cogíamos de nuevo el barquito, esta vez no para hacer una excursión, sino para partir hacia nuestro próximo destino, nos echamos por fin en la cama, después de otro largísimo día y fue cuando descubrí, que nuestra habitación, junto con dos más en todo el hotel eran las únicas que tenían caja fuerte y wifi gratuito… Recuerdo que esa noche lo único que hice en Internet (y es que nunca me he preocupado mucho en las noticias para saber cómo marcha el mundo cuando estoy fuera) fue mandarle un mensaje a mi hermana que decía más o menos “Estamos ahora mismo en Tortuguero. Sin cobertura. Lloviendo a mares. Con sonidos de bichos por todas partes. Con monos, arañas, tucanes, ranas y caimanes…” No os lo he dicho pero después de intentar ver algún cocodrilo en las varias excursiones, nos encontramos uno en el hotel, en el riachuelo de al lado del comedor… interesante, por no decir inquietante) “…Alejados del mundo. Con solo acceso al hotel por lancha. Sin vehículos terrestres. Solo selva… y el whatsapp”.

Navegador de artículos