Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Noviembre Plantar

“Y así, como llegó, abandonó aquel lugar, en silencio, con sumo misterio, como una aparición…”

Dos años, casi tres, he estado sufriendo una fascitis plantar que me ha imposibilitado llevar una vida “plena”, una vida donde andar, y no digo correr, se hacía casi imposible, donde acostarse a descansar y no sentir una aguja atravesándote el pie era casi una utopía, donde las almorranas quedaban relegadas a un segundo plano y donde Satanás no me visitaba por si fuese algo contagioso.

Años sufriendo a médicos que no paraban de decir tonterías y terapias que no valían más que para perder el tiempo y machacar las pocas esperanzas que me quedaban. Pero como suele decirse “no hay mal que cien años dure”… en este caso, por suerte, han sido unos años menos, y el secreto no ha sido otro que…

… Bueno, llegados a este punto, debo aclarar una cosa que ya he dicho con anterioridad pero que quiero volver a dejar claro. Yo no soy médico ni tengo los conocimientos necesarios para poder dar consejos sobre la solución de dolencias y enfermedades, pero lo que si puedo hacer, es lo que he hecho hasta ahora, y es contar mis experiencias personales, por lo que prosigo con esta entrada diciendo que el secreto no ha sido otro que la paciencia.

Después de inyecciones, ejercicios, estiramientos, antiinflamatorios, y una larga lista de experimentos varios, opté por tomar una filosofía que hasta ese momento no había probado, y no era otra que pasar del tema, pasar de la fascitis y de todo lo que produjera dolor en la planta del pie. Así que dejé de intentar ir a correr, caminatas largas, plantones innecesarios… eso me llevó a ganar un poco de peso (malo también para esta jodida dolencia), pero un poco de dieta o directamente dejar las hamburguesas del McDonalds hicieron que compensara una cosa con la otra. El calzado también ayudó, puesto que empecé a gastarme en los zapatos ochenta pavos en lugar de veinte, por lo que la comodidad se hizo evidente… pero tengo que admitir, que unas plantillas de silicona o gel de cinco o diez pavos dan el mismo resultado puestas en unos zapatos de veinte. Posteriormente, cuando empecé a notar una leve mejoría y mis andanzas iban siendo un poco más largas me di cuenta que los estiramientos no venían mal, siempre antes, durante y después de estas, no hacía falta muchos tipos distintos de ellos ni demasiado tiempo, solo lo suficiente para que no se me agarrotara la fascia.

La cuestión es que después de un tiempo pasando del tema, me di cuenta de que el dolor desaparecía, hasta tal punto que lo único que quedó como testigo de una grave lesión fue un pequeño “nudo”, que emulaba la sensación producida al arrugársete un calcetín dentro del zapato, y ni si quiera este estaba presente siempre. Quizás algún cambio del tiempo me dejaba una leve presión en la planta, pero nada de esto tenía que ver con el terrible dolor producido por la, ya casi olvidada, fascitis plantar.

Sinceramente sé que muchos de los que lean esta entrada, sobre todo los que la padezcan, estén desilusionados con ella, puesto que esperarían una cura maravillosa y rápida que les solucionase todos sus problemas, pero desgraciadamente no es así, no obstante, la lectura que deben de hacer de ella, no es otra que la de saber que aún hay esperanzas, que la fascitis es algo (en la mayoría de los casos) que se puede curar o al menos llevarla a un grado de inexistencia tal, que podamos olvidarnos de su nombre, de hecho, al empezar con esta entrada, debo reconocer, que ya no recordaba si se escribía plantar o plantal… Menos mal que tenemos al bendito Google.

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Ciclo, dietas y consumismo.

El ciclo se repite, para ser más exacto, se vuelve a repetir, una y otra vez, pasando ante nuestros ojos, fluyendo como fluyen los ríos, escapando cual pájaro de su jaula de oro y diamantes.

Ha llegado el verano, y como no podía ser de otra forma, deja atrás a la primavera, como otros muchos años, como desde los inicios, desde mis primeros pasos, desde que se descubrió el cacao y desde que en Sevilla hace calor.

Un año que comenzó hace poco, que dejó atrás el invierno para mostrarnos los cerezos en flor, y que hoy, con sus frutos ya casi marchitos deja la entrada a una nueva estación.

Hoy es 21 de Junio. Hoy es verano.

 

 Bonita introducción, igual podría escribir un poema, o unas memorias o una tesis sobre el verano, las sombrillas y la tortilla de patatas, pero mejor que eso, hoy, voy a hablaros  de otra cosa bien distinta. Hoy os hablaré de la operación biquini.

 Sí, sí, se que llego tarde, la operación biquini empezó hace ya varios meses, ¿cómo que ahora me pongo a hablar de esto?, pues nada, muy sencillo, porque hace varios meses que no escribo en  la web, y cuando dejé las últimas entradas no pensaba que la operación biquini tuviera importancia alguna. Pero llega el momento de la verdad, y entonces al lobo empiezan a vérsele las orejas… bueno, y los ojos, el hocico, la barriga, el culo y las pistoleras. Y es que con el verano llegan los arquetipos de tíos y tías, buenorros y  morenitas, musculitos y culitos, llega el verano y todo el mundo quiere estar perfecto para su tarde en la piscina de barrio.

 Cierto es que mucha gente empieza desde muy temprano con sus sesiones de bronceado, vamos, desde el puente del Pilar ya están cogiendo cita por si acaso en Diciembre tienen que enseñar mucho escote enla Fiestade Fin de Año. Pero quitando a los más radicales, hay una inmensa mayoría que en cuanto ven un rayito de sol y observan a los domingueros marchando en jaurías para enseñar sus grandes y blancas barrigas mientras beben cerveza y le dan unas vueltas a la panceta en la barbacoa, se percatan de que es hora de ponerse en marcha para la operación biquini. Y es entonces cuando los gimnasios hacen su agosto, bueno su marzo, ya que el cargo de conciencia de un invierno sedentario, unas Navidades llenas de manjares y una cuesta de enero harto de cerveza en casita, por eso de no bajar al bar y así ahorrar un poco más, hacen que uno se mire al espejo y le de asco de lo que ve, sobre todo si te miras de espaldas al espejo recién haber cagado.

 Muchas señoras, y no tan señoras, suelen cambiar esta última acción, no bebiendo cerveza en la cuesta de enero y yéndose de rebajas con la excusa de hacer un poco de ejercicio: carrera de fondo, salto de obstáculo, judo…, todo ello dentro del propio centro comercial, pero hagan lo que hagan y suden lo que suden, al final, el resultado es el mismo, han aumentado una o incluso dos tallas en relación al año anterior. El invierno olvida pero nunca perdona. Seis kilos de más es mucha tela, algo así como tela para una o dos tallas.

 La cuestión es que todas las personas, aferrándose a los recuerdos de una juventud en la cual los kilos no sobraban y las tetas estaban en su sitio, intentando luchar con la fuerte carga de conciencia y recopilar las poca fuerza de voluntad que les queda deciden darse un paseo hasta el gimnasio más cercano y pagar una matrícula y tres meses con tal de que todo vuelva a estar en su sitio. Claramente esto nunca ocurre. Puesto que lo que está caído, caído queda, y los kilos que se puedan perder en unas primeras semanas de ejercicio excesivo, se devuelven gracias a los batidos energéticos, las hamburguesas que no te engordan gracias a que ahora haces ejercicio y a los pasteles que te comes debido a la necesidad de carbohidratos que tu cuerpo te pide a gritos después de una dura sesión de spinning. No hablemos por supuesto de cuando nos tomamos una semana sabática y dejamos de ir al gimnasio, ya sea por cansancio, trabajo, fiestas o porque se te ha estropeado el coche que te llevaba a este, cuatro calles más para abajo de tu casa. Es entonces cuando, y a pesar de no hacer nada de ejercicio, tu cuerpo acostumbrado a una dieta rica en azucares, entre otras cosas, te sigue pidiendo que comas y que comas, y quien eres tú para negarle a tu cuerpo serrano un poco de glucosa.

 Otras personas, más flojas aún, o no pensemos mal, con más falta de tiempo, deciden dejar el gimnasio, y optar por las dietas y los Special K. Y aquí entramos en un nuevo mundo, entramos en una zona oscura en la cual si no andas con cuidado puedes salir de ella muy mal parado. Hablo de las dietas milagros, hablo de los regímenes reductores comsumequemacomegrasas, hablo de las mierdas varias que te venden ofreciéndote la gloria cuando en realidad estas comprando un pasaje al mismo infierno.

 Dietas basadas en las proteínas, dietas fabulosas estas, comes y comes proteínas por un tubo, grasas no, hidratos de carbono no,  nada que no sean proteínas. Las hay que te guían en la preparación de carnes desgrasadas para su consumo, pero con las más modernas no necesitas pasar por la carnicería, te venden unos sobres (eso sí, a un precio desorbitado) y ahí ya tienes todas las proteinas que tu cuerpo necesita para entrar en lo que ellos llaman llevar al cuerpo a un estado de colapso, buscar la cetosis. Es decir hacer que debido de una ingesta bajísima de hidratos de carbonos el cuerpo se dedique a producir energía por si mismo (explicado de una forma vana), haciendo que el hígado trabaje como un loco, entre otros órganos como pueden ser los riñones. La gente que hace esta dieta coinciden en que pierden mucho peso en poco tiempo, afirman que un médico (normalmente un reconocido médico) les hace un seguimiento y se asegura de que su estado de salud sea inmejorable y a la misma vez reconocen que todo lo que pierden de peso también lo pierdes su bolsillos. A mi me dejas de mierdas, pero toda dieta que te haga perder a razón de más de 10 kilos al mes, muy buena no puede ser, sobre todo si en la descripción de la misma hay palabras como cetosis, o peor aun, colapso.

 Luego hay otras muchas dietas, la dieta de la alcachofa, en la que comes básicamente esto durante bastante tiempo, o la de la piña, que haces más de lo mismo. Luego están las dietas de infusión como yo les llamo, que lo que hacen es básicamente hartarte de laxantes para que cagues todo lo que comas. Y no hablemos de los chalados que te dan la pastilla mágica, en la cual se encuentra una pequeñísima solitaria que se encarga de compartir contigo todo lo que comas, si no puedes parar de comer, mejor ponerte un inquilino en tu interior para que comparta contigo esa deliciosa magdalena de chocolate.

 La cuestión es que ya sea para que se llenen los bolsillos unos cuantos medicuchos o unos instructores de gimnasio, la operación biquini es un invento consumista como otro cualquiera, ya sea la celebración del día de San Valentín o el afán por depilarse hasta el último pelo del codo.

 ¿Por qué antes los gordos eran como dioses y ahora son simples aberraciones? Pues esto, como casi todo en este mundo, lo promueve la sociedad. Una sociedad borrega, consumista y decadente, que nos marca unas pautas que seguimos a pies juntilla, haciéndonos seguir un camino cada vez más retorcido, cada vez más masificado y, a la par, cada vez más desolado.

 Aborrezco todo en lo que nos hemos convertido, todo lo que nos han hecho hacer, todo lo que somos, creo que no podré soportarlo por mucho más, menos mal que me queda el McDonalds y las pelis de Vin Diesel y Jessica Alba. Así que esta tarde, antes de ir al cine, me daré una vueltita por el MediaMarkt que tengo que comprar una funda para el móvil nuevo y así me despejo un poco, que estoy harto de tanto cuerpo 10 y tanto jodido consumismo, ¡qué asco de vida!

Slow

– ¿Cómo sabes que llegará mañana?
– Por que lo pedí el lunes y dijeron que tardarían 5 días.
– Pero mañana es sábado.
– ¿Y?
– Que a lo mejor los sábados no reparten.
– ¿Porqué no? ¿Acaso no se respira también en sábado, acaso no se come?
– Pero joder, que se coma no es sinónimo de que se trabaje.
– Pero si abren tiendas y hay autobuses, incluso si te llama la teleoperadora de turno para venderte algo que apenas necesitas  a la hora que menos lo necesitas, cómo no iban a currar ellos.
– Bueno, yo solo te digo que no te hagas ilusiones, sabías lo que pedías y a quién se lo pedías.
– Sí, y tengo plena confianza en la puntualidad de la empresa.
– Pero vamos a ver, sabes perfectamente la filosofía que conlleva esta empresa, sabes que son lentos.
– Lentos, pero no por eso impuntuales.
– Si tú lo dices.
– Lo digo yo y 9 millón de clientes más. Mañana a estas horas estaré disfrutando de mi familiar con anchoas y pepinillos en masa fina.

No lo dude, llámenos las 24h del día, trabajamos los 7 días de la semana. Slow Food! Somos una empresa de gran prestigio y reconocimiento internacional, y eso lo respaldan nueve millones un clientes. Slow Food! Tú comida bien hecha; con mimo, con amor, con paciencia. Slow Food! Tú comida lenta, y cada día, la de muchos más.

Slow… un movimiento extraño, lleno de extraños actores y que reivindican algo más extraño aun… El buen gusto por la cocina y la arquitectura.

Es un nuevo movimiento (bueno todo lo nuevo que puede ser un movimiento de finales del Siglo XIX) que aunque buscando un fin tan bueno como utópico, no lo hace por medios muy racionales.

Ya hemos hablado, en varias ocasiones, de lo que la sociedad moderna, el ritmo de vida y el estrés puede provocar. Cada vez vivimos más rápidamente. Desde el momento en que suena el despertador, y ya nos sentimos cansado por intuir el día que nos espera, hasta que nos tumbamos de nuevo en la cama cansados, estresados y pensando en que ya no vamos a dormir las 8 horas que aconsejan los más entendidos en la materia. Vivimos una vida agitada, llenas de idas y venidas y continuamente corremos aunque no sepamos el porqué. Y esto lo pude experimentar la primera vez que fui a Madrid y observaba estupefacto como la gente se revolvía, corría, saltaba y refunfuñaba en el Metro. Para mí era incomprensible, no sabía porque lo hacían, yo, un chico sureño, tranquilo y de personalidad abierta me atreví a preguntarle a una señora que corría por los pasillos que cual era el motivo de sus prisas, su respuesta fue un empujón, seguido de un pisotón y una coletazo final con la punta del paraguas cuando se marchaba. Sinceramente no entendía a esta gente loca de la Villa de Madrid, recuerdo que pensé que estaban todos locos o incluso hiperactivados a causa de un exceso de cafés a lo largo del día. Paradójicamente tuve que marchar por motivos de trabajo a la capital del país y descubrí que estas pobres personas no estaban locas, y muchos, además, se hartaban de tilas en vez de tomar cafés. Era la ciudad, era el ambiente, la situación, el estrés. Cuando llevaba allí quince días, yo también corría como un poseso, daba igual que fuera con diez minutos de adelanto al trabajo, daba igual que ni si quiera fuera al trabajo, daba igual que hubiera perdido el metro, tenía que correr, tenía que correr más que el que estaba delante, tenía que correr más que el que estaba detrás, tenía que correr sin descanso y ¿porqué? Una vez me lo pregunto un chaval con pinta de paleto que estaba parado en el pasillo y que me tapaba el paso para llegar al andén antes de que me adelantaran las dos peruanas que aunque con paso corto, parecieran que llevaran debajo de esos largos ponchos un motor a reacción. Suerte que puede apartarlo a tiempo con el brazo a pesar de que me intentó hacer una zancadilla con el pie, casi me caigo por la velocidad y la carga que llevaba (maletín, abrigo, paraguas…) suerte que pude zafarme de él a pesar de que creo que me intentó agarrar por el paraguas para que no me fuera. Por suerte pude llegar al andén antes que las peruanas, que se quedaron junto a mí los seis minutos que tardó el llegar el siguiente metro. 

Este movimiento pretende acabar con todo esto, quiere hacer que la vida se relentice, que nos tomemos el tiempo necesario para hacer las cosas, que saboreemos el café, que disfrutemos de una buena comida, de un paseo, que seamos amables con quien nos rodea, que durmamos lo necesario y que tengamos tiempo para nuestros amigos, nuestra familia, nuestros hijos. Pretende volver a tiempos en los que la naturaleza era más sabia y el hombre más tonto. Pretende borrar todos los McDonalds de la faz de la Tierra.

Son muchas las vertientes de este movimiento Slow, desde el Slow Food al Citta Slow, todos intentando reivindicar la vida tal como era antes, pero claro, sin renunciar a los adelantos del “Ahora”. Algo inmoral para algunos, algo inteligente para otros, pero en definitiva algo muy difícil de llegar a cabo, diría imposible, pero las palabras imposible e infinito no me gustan mucho, son excesos que no llevan a nada bueno.

La cuestión es que hay mucha gente que apoya este movimiento, como esos dos que se metieron en una cama para demostrarle a la gente que se puede estar una semana hablando de paz y otras cosas que al parecer hoy en día a poca gente le importa, al menos en la práctica, porque de la teoría no hablaré, puesto que es solo eso, teoría.

Unos 40 años más tarde, de nuevo dos personas se meten en una cama, esta vez durante 40 días con seguimiento incluido por Internet, para demostrarle al mundo entero que se puede haraganear mientras se hablan de cosas muy “trascendentales”, como la educación o la redes sociales. Y yo me pregunto, ¿todo esto sin cagar ni ducharse en cerca de mes y medio?

Es cierto que esta vida esta llena de rápidas transiciones, rápidos movimientos y rápidos polvos, y a veces, detenerse un poco a repasar la información que recogen nuestros cinco sentidos no es ninguna tontería. Saborear, sentir, oler… poder mirar y escuchar todo lo que nos rodea es un placer tan cotidiano que lo hemos desechado como tal.

Y todo esto es debido a la sociedad moderna, y una prueba de ello es la que podéis comprobar cualquier día que vayáis a un McDonald y en vez de engullir un menú completo en tan solo 4 minutos, os detengáis un poco para respirar hondo y mojar lentamente una patata gajo en la salsa deluxe mientras os recreáis contando las semillas de sésamo del pan. Será entonces cuando podréis comprobar como los cuatro que están esperando de pie con las bandejas en la mano os fulminarán con una mirada tan ardiente como los pies de un madrileño metido en los pasillos del metro en plena hora punta.

Por esto, entre otras cosas, Slow es un movimiento avocado al fracaso, al menos si se pretende llevar a cabo en un 100%. Pero si conseguimos agarrar la esencia de esa filosofía y hacerla nuestra en el día a día, es algo que podría llegar a mejorar nuestra calidad de vida, nuestra percepción de la realidad, nuestra propia espiritualidad.

¡Paz!

Astenia Primaveral

Ha llegado la primavera y te sientes cansado, tu cuerpo se resiste a cualquier esfuerzo físico, y no digamos mental. ¿Estudiar? Ni de coña. ¿Pintar la casa? Mejor el mes que viene. Ha llegado la primavera y con ella un trastorno cada vez más común.

Estadísticas dicen que 1 de cada 10 personas la sufren, por lo que si no es usted, al menos dos o tres de sus familiares o amigos sufrirán este malestar. ¿Y como saber si la tenemos? Pues podríamos mirar el listado de síntomas que conlleva este trastorno para averiguarlo, pero sabiendo de antemano, que no por tener alguno de estos síntomas obligatoriamente padeceremos astenia primaveral, no hay que dejarnos engañar, si padecemos algunos de los siguientes síntomas, podemos padecer algo mucho peor, incluso mortal, por lo que esté bien atento a la siguiente lista:

Tristeza inexplicable.

Irritabilidad.

Falta de apetito.

Cierta pérdida de memoria.

Debilidad muscular para hacer cualquier esfuerzo.

Tensión arterial baja.

Cansancio.

Ausencia de interés sexual.

Tono vital bajo.

Dolor de cabeza y malestar general.

¿Le suena alguno de estos síntomas? Pues rece para que solo sea astenia primaveral.

La astenia es un trastorno de riesgo leve, que aunque molesto, pasa sin tratamiento alguno al acercarse el verano. No obstante, tomar ciertas precauciones nunca está de más. Dormir todo el tiempo que sea necesario, practicar ejercicio, también de relajación, alimentarse con alimentos energéticos como los frutos secos, pastas, cacao incluso tirar de la jalea real, ginseng o guaraná.

Pero, ¿por qué se da este trastorno? ¿Qué es lo que hace que cuando llegue el buen tiempo el cuerpo se nos venga abajo? Respecto a esto, se barajan varías teorías.

La más famosa es la teoría de Guanesa Quimidess que dice que todo cuerpo que experimente una mejoría ambiental tiende a compensar el equilibrio del individuo con la naturaleza experimentando un empeoramiento anímico inversamente proporcional a dicho cambio ambiental. O lo que es lo mismo, al buen tiempo… cara de asco.

Otra teoría es la planteada por el filósofo Jean Pierre Nietzlion, que plantea que todo individuo está en un constante estado de estrés debido al entorno adquirido desde la entrada en la sociedad moderna, creando así, una tensión en el individuo que alerta de todo peligro existente e imaginario que va colapsando al propio individuo hasta tal punto que en el momento que este baja la guardia (debido, por ejemplo, a una mejoría ambiental) todo el cuerpo cae en un repentino agotamiento en pos de contrarestar el inminente colapso que podría llevarlo a la propia destrucción.

Hay, también, un pequeño grupo que mantiene que todo el mundo es alérgico a algo (ácaros, polen, ciertos insectos), pero si no se llega a descubrir cual es el agente que provoca dicha alergia, hay que optar por buscar algo más genérico como el trabajo, los familiares y amigos de tu pareja o incluso la propia primavera.

Sea como fuere, cada vez es más frecuente encontrarse gente con miedo a que llegue la tan alegre, y a la vez, temida primavera, incluso a que llegue cualquier tipo de descanso o periodo vacacional, puesto que si no nos ataca el virus de marras (recordemos entradas anteriores), nos lastimamos la espalda o se nos pone un familiar enfermo, seguro que se cancela el viaje para el que llevas ahorrando seis meses, o peor aun, que no lo cancelen, y en cuanto pises suelo extranjero cojas el virus, te entre una lumbalgia  y veas en la pantalla del móvil tres llamadas perdidas de tu suegra, tu cuñada y el hospital.

Por eso, cuando llegue la primavera y te sientas decaído, sal al mundo con tu mejor sonrisa y plántale cara a los ácaros, las gramíneas y, si hace falta, a la propia primavera. Por que para poner cara de asco, ya están los testadores de productos dietéticos.

Fascitis Plantar

¿Habéis oído hablar alguna vez de esta enfermedad? ¿Sí? En caso afirmativo, ¿la habéis escuchado en estos dos últimos años, o viene de antes…?

Parte de lo que os expondré en esta entrada ya os lo he podido comentar anteriormente, pero es necesario para que comprendáis algo mucho mayor que la propia fascitis plantar, y es el mito sobre las enfermedades auxiliares.

A mí me la han diagnosticado, la fascitis, y estoy de contento que no puedo ni dormir por las noches. Al parecer es una enfermedad muy enrollada. Se trata de una inflamación de la fascia plantar, que es un tejido muy raro, que ni es músculo, ni es tendón, ni es cartílago, sino que es… bueno, es fascia, y este cubre casi la totalidad de la planta del pie. El problema es que puede producirse por una inflamación, un desgarro, una distensión o cualquier otra cosa que afecte a la fascia, un descenso en la capa de grasa que cubre el talón también la puede afectar. Casi cualquier cosa… y quizás por eso cuando vas al médico con un dolor de pie te dice que has tenido la tremenda suerte de que te toque en el sorteo de la vida una maravillosa fascitis plantar.

Que síntomas son los que se atribuyen a esta fascitis… pues es muy fácil… todo… vayas con lo que vayas… es fascitis… ¿Te duele el talón? Fascitis. ¿Te duele el puente? Fascitis. ¿Te duele desde el talón hasta la punta de los dedos? Fascitis. ¿Tienes los pies cabos? Fascitis. ¿Tienes los pies planos? Fascitis. ¿Te duele cuando te levantas? Fascitis. ¿Y acostado? Fascitis. ¿Te duele cuando andas, cuando te paras, cuando estas de pie, quizás vuelve cuando te sientas? Fascitis.

¿Qué cómo se puede curar me preguntareis? Pues no os preocupéis, es sumamente fácil. Después de leer mucho, ir a dos traumatólogos, hablar con varios afectados, consultar con un fisioterapeuta, y probar en mis propias carnes, he decidido que la fascitis se cura con la indiferencia. Sí, como lo oís, no le eches cuenta, y no te dejará de doler, pero al menos no te preocuparás por ella, así cuando por las noches no puedas dormir no será por la preocupación de tener una enfermedad de mierda, sino porque simplemente te duele el pie.

Hablan de antiinflamatorios, de plantillas de descargas y de descanso del pie… Pero otros hablan de rehabilitación y de contrastes de calor y frío, alguno que otro dicen que el frío ni tocarlo, que mejor el calor seco y corticoides a tutiplé… Los últimos optan por los baños de agua caliente y sal, olvidar la rehabilitación, puesto que la fascia no es un tejido que se pueda rehabilitar y que se utilice tacón en todos los zapatos, botines, zapatillas, babuchas y chanclas… es decir, que si te pegas con loctite un tacón en la planta del pie acabas antes.

Visto esto, ahora nos planteamos otra clara pregunta: “¿Qué puedo hacer al respecto?”

Pues lo primero, enterarte si realmente tienes una fascitis, y es aquí donde entra el termino de enfermedades auxiliares. La fascitis, junto a otros enfermedades o términos utilizados por los médicos y la propia gente de a pie forman parte de un novedoso grupo llamado Las Enfermedades Auxiliares. Pero, ¿qué es esto? Pues no es ni más ni menos que el término que se utiliza para referirse a enfermedades que engloban a otras muchas enfermedades… Bueno, supongo que igual os habéis perdido, por lo que creo que un ejemplo os podría ilustrará.

¿Cuántos futbolistas, profesionales o amateurs han fallecido por muerte súbita en los dos o tres últimos años? ¿Cuántos deportistas? Incluso cuántos obreros, ejecutivos o Turistas. Jóvenes muchos de ellos.

La muerte súbita es el Momo, la muerte súbita es el demonio que nos espera detrás de cada esquina para arrancarnos nuestra alma y dejarnos tendido en el suelo con un hilillo de baba precipitándose sobre nuestro rostro. ¡Qué viene la muerte súbita! ¡Qué viene la muerte súbita!

La muerte súbita, término muy popular entre los jugadores de videojuegos de lucha no es ni más ni menos que un vocablo utilizado para recoger un grupo de muertes inesperadas y rápidas… algo así como lo que antes era la muerte en el acto, que no debéis de confundir con la muerte durante el coito. Si te da un ataque al corazón, has muerto de muerte súbita, pero si has tenido un derrame cerebral también, un subidón de esteroides o un golpe de calor de nuevo será muerte súbita, que te arranquen la cabeza con columna vertical y todo, bueno, eso sería más bien un “fatality”, pero algunos igual también lo podrían considerar muerte súbita. Por lo que cualquier muerte repentina será una muerte súbita. Pero esto no es lo malo, lo malo es cuando escuchas a la gente hablar de esto como si fuera la enfermedad del siglo… “Sí, sí, pobre chaval, con lo joven que era y ha caído fulminado por la muerte súbita”.

Es nuestra necesidad de explicar y de darle nombre a todo lo que pasa a nuestro alrededor lo que hace que busquemos respuestas en los que más saben, pero muchas veces, los que más saben, no necesariamente saben mucho (aunque esto implique que nosotros sabemos menos aun), otras veces no tienen medios para comprobarlo, ganas o presupuesto, y al final tiran de un recurso muy valioso en este Siglo XXI, y es el de la enfermedad auxiliar. ¿Cuántas veces hemos ido a un médico con unos síntomas y hemos escuchado eso de “Eso es un virus”?

– Buenos días, doctor.

– Buenos días. ¿Qué le pasa señora?

– Vengo por mi hijo, que le duele la barriga.

– Sí.

– Y bueno tiene diarreas y fiebre alta.

– Pues eso es un virus.

– ¿Un virus?

– Sí, un virus.

– Pero es que tiene tos y no duerme por las noches por el dolor de cabeza.

– Sí, dolor de cabeza, definitivamente eso es un virus.

– Pero es que tiene muchas fatigas y ayer estuvo vomitando.

– Es que el virus afecta también al estómago.

– Y que le sangre la nariz y el oído.

– Es que el virus viene malo, malo este año.

– Entonces un virus, ¿no?

– Sí, señora, su hijo tiene un virus, con un paracetamol cada 8 horas y este jarabito se pondrá bueno en unos días, ah, y que beba mucho agua, pero mucha, mucha.

Joder, pero ¿qué va a curarlo o a intentar ahogar al virus…? Y luego dicen que hay deficiencias en la Seguridad Social, pues no entiendo por qué, con poner una maquinita que metiendo el  dedo el paciente le diera un vasito de agua y un par de recetas de  paracetamol y jarabe creo que solucionaríamos gran parte de esas deficiencias.

Desgraciadamente las enfermedades auxiliares están cada vez más al orden del día, y mientras nosotros nos conformemos con la triste explicación que nos dé el listo de turno, seguiremos viviendo en la ignorancia, y en mi caso, en el dolor de una enfermedad que no tiene cura debido a la dificultad que entraña luchar cuando no se sabe contra qué se lucha.

.

-… y que beba mucho agua, pero mucha, mucha.

– Y doctor, por curiosidad, me puede indicar que es lo que me puede pasar a mí, que no me encuentro muy bien.

– Por supuesto, ¿qué síntomas tiene, señora?

– Pues mire usted, tengo dolor de cabeza, de barriga y encima esta noche he empezado a manchar, ya sabe, un poco de sangre por debajo, vamos muy raro, la verdad, esto no me pasaba desde hace al menos un mes. ¿Sabe usted que puede ser?

– Hum… Hace un mes… Dolor de cabeza, barriga y sangre… ¿Qué edad tiene usted?

– 36 años.

– Pues ya está, eso va a ser un virus.

La Fuerza de Voluntad (El Vicio II)

¿Que es la Fuerza?

Bueno, he empezado con una pregunta ambigua, puesto que si hablamos de la Fuerza a todos nos vendría a la mente la saga de la Guerra de las Galaxias y sus míticas frases de:

No pienses. Siente. Usa la Fuerza-. De nuestro simpático y rarito amigo Yoda.

O la más conocida aun.

Que la Fuerza te acompañe.

O incluso la escena eliminada de la cuarta entrega cuando la tía de Luke Skywalker le decía cuando estaba metido en el baño:

No hagas Fuerza apretando, niño, que luego te saldrán almorranas.

Así que igual es mejor hablar directamente de la voluntad, de esa facultad que tenemos todos los hombres en cierta medida para hacer (o no) una cosa determinada. Aunque esa voluntad en sí, no es para nada importante si no se ejercita y se le confiere la importancia que se merece, si no la fortalecemos, es ahí, para poder salir airoso de la batalla donde entraría en juego nuestra arma secreta, la fuerza de voluntad.

Pero que es realmente la fuerza de voluntad, pues según indica la Inmensa Red de Redes, “La Fuerza de Voluntad es el nombre que recibe la capacidad que tiene el ser humano de dirigir su voluntad hacia un objetivo, aunque para ello tuviera que privarse de algún hábito o necesidad.”

Si buscamos un significado más concreto a esta definición, o mejor aun, si lo moldeamos a nuestro antojo, podríamos decir que la fuerza de voluntad es la capacidad que tenemos de conseguir unos objetivos saludables por medio de la privación de los vicios. O lo que es lo mismo, por mucho que te pique el nabo (Sergio, estarás contento, que llevo unas entradas muy subiditas) no te vas a tirar a la primera mujer de moral distraída que te encuentres por el parque… Como cualquier persona con un poco de fuerza de voluntad, te vas al servicio y te la cascas como un mono con parkinson. Aunque lo ideal, no es solo tener un poco, sino una gran fuerza de voluntad, y darte una ducha con agua fría o directamente contenerte por medio de la mente, al más puro estilo budista.

De esta forma, podríamos decir que la fuerza de voluntad es la armadura con la que nos debemos cubrir para combatir al vicio. Si un mal hábito nos ronda todo el día, la fuerza de voluntad nos protegerá para que dicho hábito nos deje de molestar. Es así de fácil, así de simple.

Recordáis esas películas, esos dibujitos animados en los que al personaje se le colocaba en cada hombro un personajillo muy parecido a él mismo pero caracterizado de diablo o de angelito. Cada uno le intentaba convencer de que es lo que debería de hacer frente a un asunto. Pues nada, olvidaros de eso, eso no existe, no hay angelitos del tamaño de un ratón que te comen la oreja para que le prestes dinero a tu novia para comprarse ese vestido tan mal le queda pero que tanto le gusta mientras que la rata cornuda y manchada de regla  te intenta convencer para que ese dinero te lo gastes en putas. Eso, no, existe. La realidad es otra muy distinta. En el mundo real no hay ratones pintados que se te suban a los hombros, en el mundo real esos bichos están en tu mente, colocados estratégicamente en la antecámara del placer y del deber. Son los llamados Don Vicio y Sra. Fuerza V (que no se lee como Fuerza Quinta). Estos seres, para que os hagáis una idea mentalmente y así podáis representarlos, son (Don Vicio) un enano musculoso que lleva chupa de cuero, gafas de sol, y un tupe al más puro estilo Jean Dean, y (Sra. Fuerza V.) una tetera. Bueno, no una tetera cualquiera, una tetera japonesa con rayas blancas y negras.

Estos personajillos son los culpables de que nuestra vida vaya tomando las direcciones que hacen que esta (la vida en si) sea como es. Nos han dicho muchas veces que si llegas a una encrucijada, Don Vicio te dirá “tira a la izquierda”, mientras que la Sra. Fuerza V te dirá “gira a la derecha”. Al menos esto es lo que nos han ido contando, pero sinceramente no es correcto del todo. No están en esa encrucijada el bien, el mal y nosotros en el medio. Esa es la estampa que nos han vendido, pero no es la que realmente se plasma en nuestra mente cuando nos enfrentamos a una decisión. La situación sería más parecida a esta:

Llegas a una encrucijada, sabiendo de antemano que camino vas a tomar porque has mirado el mapa cinco minutos antes, y en la cual hay una caja de cartón en el centro, una caja de cartón grande, algo así como para meter una lavadora de 8 kilos de carga con 1200 revoluciones. El color de la caja da igual, pero vamos a imaginárnosla de color verde pistacho, no se, por que no sea del marrón ese de embalaje tan soso, y con un lazo violeta alrededor, sé que suena un poco moña, pero bueno, es la situación, ¿qué hacemos? Pues bien, te acercas a la bonita caja de cartón y tiras del lazo para abrir la caja, y entonces la caja se desmonta dejando ver en su interior a un enano rockero y a una tetera más grande que el propio enano. Entonces el rockerito te salta a la cara y empieza a darte de ostias hasta en el cielo de la boca, te tira al suelo y con una fuerza sobrehumana empieza a arrastrarte hasta el camino de la izquierda. Y entonces, en ese preciso instante, tu vida se dispone a tomar una decisión, dejarte arrastrar por Don Vicio o, por la contra, meterte en la Sra. Fuerza V y comenzar a luchar para tomar tu camino, el camino que originariamente, si no hubiera existido esa caja, habrías tomado sin lugar a dudas.

Son los carentes de fuerza de voluntad los que al final sucumben a Don Vicio y son arrastrados por el camino de la perdición. En cambio, los que se apoyan en su fuerza de voluntad, luchan contra Don Vicio y a veces, si su fuerza de voluntad es suficientemente resistente, pues ya sabemos que no todas las teteras son igual de buenas, pueden aguantar el enano cabrón que llevamos dentro y optar por tomar el camino correcto, el camino de la rectitud y la virtud, el camino que nos conducirá en nuestra vida hasta la siguiente encrucijada.

 

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

-Albert Eisntein-

Vicio

Hoy en día, el vicio, los vicios, grandes o pequeños, son el pan nuestro de cada día. Todos, sin excepción, somos unos viciosos. Puede que no lo seamos conscientemente, puede que no lo seamos siempre, puede que nuestro vicio sea tan leve que pensemos que como tal no es un vicio, pero todos, en mayor o menor medida somos unos viciosos.

Me gusta, cuando voy a empezar a hablar de algo, saber exactamente de que estoy hablando, no digo que me documente, eso sería un gran esfuerzo por el que no me pagan y el cual haría que mis escritos más que personales fueran científicos, o al menos objetivos, y joder, Dios me libre de hacerme pasar por un erudito, ni si quiera por una persona culta, más bien, yo me consideraría una persona inquieta mentalmente, una persona que le gusta pensar, divagar, platicar sobre casi cualquier cosa. Y como ya digo, una de las primera cosas que hago es meterme en Google (jodido Google, tomaré nota mental para hacer otra entrada, en un futuro, sobre “La dependencia que tenemos sobre  las cosas”) y buscar que significa la palabra de marras. En este caso la he buscado y según la RAE (o RALE, como me lo enseñaban a mí en el cole) dice algo así:

“Falta de rectitud o falta de moral en las acciones. Habito de obrar mal.”

Aunque hay una segunda definición, también de la RAE que me gusta mucho más:

“Defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunas personas, o que es común a una colectividad.”

Y digo que me gusta mucho más porque hace tiempo, no ya en mi época de cole pero si de insti, conocí a un hombre, que decía que había que buscar la “justa medida”, huyendo así, de los extremos. Daba igual que fueran para bien o para mal, porque en el fondo, todo en exceso era perjudicial. Desde ese momento, en mi vida siempre me ha gustado estar en medio, y a la misma vez pasar desapercibido. Esto es algo con lo que practiqué mientras hacía el servicio militar y gracias a este hombre, me libré de muchísimos marrones (Nota mental, hacer otra entrada sobre batallitas de la puta mili).

Entonces, podríamos decir que el vicio es esa obsesión que está en nuestra mente y que hace que nos enganchemos en cierto grado a cualquier cosa que pueda ser percibida por nuestros sentidos e incluso imaginada por nuestra loca cabecita.

El vicio, puede estar en algo tan sutil como el café de por las mañanas o un simple Colacao. El vicio es algo que se siembra, a veces se descubre y otras brota sin más, pero siempre, siempre se cultiva. El problema es que el vicio no suele ser una bella rosa, a no ser que esta venga cargada de afiladas espinas, el vicio es más bien una mala hierva, y esta crece desproporcionadamente en el momento que nos descuidamos.

Desde el sexo hasta las drogas, desde los videojuegos hasta las apuestas, desde el café al chocolate. Casi todo lo que nos gusta en esta vida es un vicio. Y ese vicio, conlleva en si mismo un exceso y como sabemos todo exceso es malo, y cuando hablo de malo, hablo de malo para el bolsillo, malo para las relaciones, malo para la salud, malo para casi todo. Y es que el putero (dícese del hombre que en su afán de orgasmear -anda RAE, apúntate esta palabreja- a gusto paga a una señorita, señora, señor, cabra, o ente con boquete para desfogarse del día a día) suele tener un vicio, que es el vicio de pagar por follar, y este vicio arrastra normalmente un montón de males con él.

Como hemos apuntado, el primero puede ser monetario, y es que las putas no suelen currar por amor al arte, y el desembolso de un puñado de euros cada dos por tres, a la larga, hace un buen agujero en el bolsillo, el cual por otra parte cuando no tengas ni un euro para pagarlas este agujero se puede utilizar para sacarte la chorra por él y decirle a alguien que te busque el pañuelo del bolsillo ya que tienes las manos sucias, pero bueno, eso es otro asunto, la cuestión, es que por lo pronto, el bolsillo te lo deja limpio.

Otros de los males que abarca es el referido a las relaciones. Tus familiares normalmente no estarán orgullosos de ti, bueno, a lo mejor tu hermano pequeño, pero por lo que se refiere a los demás, es muy posible que te miren mal, y si hablamos de tú mujer, pues una de dos o es tonta y no se entera ni de que día de la semana es, o es que te está poniendo los cuernos con el butanero… y con el cartero, y bueno a lo mejor con el cerrajero, y con el presidente de la comunidad, y también con el revisor del gas, y el de la electricidad, con el panadero, el tendero y el pescadero, con el frutero no, que es gay, pero si con el carnicero, y con el aprendiz de carnicero, con el del kiosco de chucherías y con el del estanco, a veces con el repartidor del super y con el segurata del Mango, con el vecino del quinto, y con el del tercero, con los gemelos del gimnasio, y con el monitor de pilates, con el jardinero… bueno con el jardinero de la casa de tu cuñada, porque vosotros no tenéis jardín y casi ni casa como sigas de putas, con el representante de la Thermomix, y con el portero del bloque, que es un cotilla y lo cuenta todo, pero que como es rumano nadie entiende lo que dice, con el administrador de la comunidad, con el novio del frutero gay, que es bisexual, con el pastor alemán del viejito de arriba, con tu mejor amigo, con tu segundo mejor amigo, con el tercero y el cuarto también, con el viejito de arriba cuando castraron al pastor alemán y, desde que cumplió los 18, con tu hermano pequeño. Así que si no es tonta y no se acuesta con toda esta gente, posiblemente estará de lo más cabreada del mundo y en tramites de separación… o aun peor, en un laboratorio clandestino de uno de los gemelos del gimnasio comprando cianuro a mansalva.

Luego vienen los males que te producen los vicios en la salud… esa puta, tan lavadita, tan limpita y maquilladita cuando sale de su casa, pero claro, eso ha sido a las cinco de la tarde, y son ya las doce de la noche, y claro, han pasado entre sus piernas algo así como una decena de maromos sudosos y salivando, eyaculando y el séptimo hasta vomitando, y por lo tanto, esa mujer, que está en un parque, puesto que hace tiempo que se te acabó el dinero para pagar las que vienen con habitación incluida, lo único que tiene para acicalarse son unas toallitas húmedas de la marca del carrefour, que a veces vienen un poco secas debido a que el cierre no es del todo hermético. En fin, no quiero entrar en detalles, pero después de aceptar a cualquiera que pueda pagar los pocos euros para pasar un rato restregándose por un cuerpo cada vez más sucio, viciado e infecto te toca a ti ser el undécimo “amor de su vida” en ese día, y claro… al día siguiente, picor, escozor, rojeces, bichitos… bueno, esto en el mejor de los casos porque si contraes unas cuantas bacterias, que no tienen porque ser de las más peligrosas, podrían a empezar a salirte llagas en la zona de contacto inicial, inflamación de los ganglio, luego pueden aparecer brotes en cuerpo, brazos, piernas y hasta en las plantas de los pies, cansancio, dolor de garganta, de cabeza, falta de apetito, caída del cabello y ya, un poco más adelante, problemas cutáneos, nerviosos, óseos y cardiacos, y todo esto gracias a nuestra buena amiga la sífilis.

Los problemas no acabarían aquí, pero no quisiera hacer de esto un melodrama en el que el vicioso acaba tirado en la calle, enfermo, sin nada, abandonado por todos sus seres queridos… casos que se dan frecuentemente. Pero no voy a generalizar, ya que el porcentaje de estos casos es mínimo, partiendo de la base de que todos somos viciosos. Yesto es debido a que contra este terrible e inconmesurable Mal hay una posible cura, hay un arma con la que luchar, hay un poder secreto que reside en lo más profundo de nuestro ser, una esperanza a la que aferrarnos cuando el vicio apaga nuestra alma y la tiñe de negro.

Pero eso… es otra entrada.

La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto.

-Aristóteles-

¿El Señor del Tiempo?

¿Ojeras? ¿Dolores musculares? ¿Harto de que se te queden los pelos en el peine? ¿Cansado de estar cansado? Enhorabuena, no tenemos solución para tu problema, pero si sabemos que es lo que te pasa… Te estás haciendo mayor. Y no me refiero a es esa frase que le dice una madre a su hija cuando entra en la pubertad. Es la frase que le dice el médico al paciente que se presenta con la típica crisis de los cuarenta.

 Nos hacemos mayor (o llevamos una mala vida, cosa que no quita que además nos hagamos mayor mientras tanto), y es algo que no podemos remediar, algo que pasa, algo que esta pasando, algo que seguirá pasando mientras nos quede un soplo de vida dentro de nuestro, cada vez más, marchito cuerpo.

Hay cosas que se pueden evitar, hay cosas que se pueden retrasar, hay cosas que se pueden pausar, pero hay otras, como es, el paso del tiempo, que no tiene dueño ni amo. No obedece a nadie y no se deja doblegar. El tiempo está por encima de todo y de todos, muchos han pretendido engañarlo, otros han pretendido controlarlo, algunos incluso han pretendido retrasarlo, pero a lo máximo que hemos podido llegar, es a contabilizarlo.

Un río, un río se puede controlar, se puede desviar, se puede remontar, pero el tiempo no es un río, el tiempo si acaso sería comparable con el continente que alberga ese río, y nuestra vida solo será una triste hojilla de olivo que naufraga a la deriva en ese pequeñito río que pertenece al gran continente del Tiempo.

 Moverlo, saltarlo, aplazarlo o dominarlo, son solo utopías de mentes matemáticas que creen poder controlarlo todo por medio de los números, de las formulas. No todo en esta vida es explicable, y mucho menos es controlable. Hay cosas que pasan y ya está. ¿Por qué? Porque tienen que pasar. Porque deben pasar. Porque había posibilidades de que pasasen. Porque alguien pensó que podían pasar… Porque ya había pasado, antes de plantearnos por qué pasó. Simplemente por que ha pasado.

Las cosas pasan, al igual que pasa el tiempo, la única diferencia es que las cosas pasan y pasaron, mientras que el tiempo pasa y sigue pasando, y sigue, y sigue… hasta la infinidad, y hablo de la autentica infinidad. Puesto que cuando muramos y nuestros huesos solo sean polvo danzando al aire tan libre como el tiempo, este seguirá pasando, inexorablemente, sin descanso, sin piedad. Así es el tiempo, terrible, inefable, incomparable. Nada va más allá que su fatigoso tic tac. Nada perdurará más en el tiempo que el mismo tiempo. Cuando todo haya acabado, el seguirá pasando, como fiel testigo de un eterno final, paciente, expectante, seguro de que solo él será el que quede cuando el telón caiga y los actores hayan sido engullidos por las sombras del ocaso.

¿Te duele la espalda? ¿Ya te han salido canas? ¿Te tratan de usted? Viejo amigo, no te compadezcas, si has experimentado eso es porque el tiempo ha sabido darte sus segundos, sus minutos y sus horas para que con ellos hayas podido disfrutar del milagro de la vida.

Recuerda que el tiempo puede ser muy cruel, pero a la vez suele ser muy generoso.

Non Stop

Año 2011. Sociedad moderna. Ciudad media/grande. Ciudadanos de a pie. Estrés.

¿Qué es el estrés?
No es ni más ni menos que una respuesta natural de nuestro cuerpo, una respuesta mantenida desde tiempos primigenios para poder garantizar la supervivencia del individuo, una respuesta por la cual nuestro cuerpo se tensa y se activa para estar atento ante el peligro o situación inminente que pueda causarnos un daño.
Pero, ¿cuál es el problema?
Pues muy fácil, si esta entrada hubiera comenzado como año 2.500 a.C. pues posiblemente hubiera tenido su significado, ese estrés hubiera significado la diferencia entre vivir o ser pasto de alguna fiera hambrienta.
Pero hoy, aquí y nosotros, posiblemente lo más fiero que veamos sea el pitbull del vecino.
Entonces que es lo que pasa cuando ese sistema de alarma, al más puro estilo sentido arácnido de nuestro buen amigo y vecino, el sorprendente Hombre Araña, se nos activa por el simple hecho de ver a nuestro jefe aparecer por la puerta de la oficina. Pues que pasamos de tener unas alarmas derivadas de un maravilloso sistema de defensa a tener una patología en toda regla. Es decir, pasamos del perfecto funcionamiento a la enfermedad más tonta que nos podamos encontrar, que no por eso, menos peligrosa, ya que el exceso de estrés, el exceso de este sistema de alarma, acaba pasándonos factura, ya que debido a ese exceso de tensión, no solo acaba provocando la “enfermedad” en sí del propio estrés, sino que es la desencadenante de otras muchas enfermedades. Por lo que podríamos decir que el estrés es la puerta de entrada para el deterioro o destrucción del propio cuerpo. Sé que esto puede parecer muy alarmista, pero si no me creéis fijaros en algunos de los síntomas que podéis padecer por el exceso del estrés:
Problemas de memoria
Subida de glucosa
Insomnio
Depresión
Inmunodeficiencia
Taquicardias
Trombosis

Es lógico pensar que algo de lo que tanto oímos e incluso hablamos a diario no sea más que un estado de alteración más o menos leve que no conlleva mucho más, pero como habéis podido comprobar por algunos de los síntomas esto no es algo como para no darle la importancia que se merece.

Y ahora que sabemos qué es el estrés y qué es lo que nos puede provocar, vamos a pararnos un poco a pensar que es lo que hace que ese magnífico sistema de autodefensa se haya convertido en un completísimo sistema de autodestrucción.
Por lo pronto nos deberíamos de fijar en el primer renglón de esta entrada, y observar detenidamente el significado de las palabras “Sociedad moderna”. ¿Qué es una sociedad moderna? ¿Qué había hace 4.500 años, que ahora no hay?… Pues podríamos decir básicamente que peligros, peligros por todas partes, situaciones climatológicas, bestias salvajes, clanes rivales, hambrunas… la muerte se encontraba en cada esquina, acechando, esperando el momento justo para lanzarse a tu cuello y desangrarte allí mismo. Hoy en día eso no existe, o al menos no en una ciudad medio desarrollada de lo que podríamos llamar el “Primer Mundo.” Pero para facilitar las cosas, más que preguntarnos que es lo que antes había y ahora no, invertiremos la pregunta y nos cuestionaremos qué es lo que hay ahora que antes no había. Pues para contestar esto, podría optar por enrollarme una barbaridad y escribir diez o quince folios, cosa tontamente infumable, o ir al grano y ver directamente que es lo que nos ha convertido en unos seres autodestructivos…

Como punto principal podríamos decir que, debido a algunos inventos muy formidables, nuestra vida ha mejorado notablemente, por ejemplo, gracias a El Corte Ingles ya no necesitamos matar a un oso para vestirnos, o que gracias al Mercadona ya no tenemos que cuidar de un rebaño de cabritas todos los días para poder beber leche. Gracias a los calefactores no nos tenemos porque preocupar del frío, y gracias al ladrillo podemos ponernos a cubierto de las lluvias y las nieves. Los médicos cuidan que no nos pongamos malos, aunque no siempre lo consigan, y los señores policías, así como las respetables Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, velan diariamente por nuestra seguridad. Pero como se dice, nuestra mayor virtud es nuestra mayor debilidad. Todo esto ha hecho que nos acostumbremos a un estado de bienestar, y debido a esto la más mínima alteración de este nos hace saltar todos los sistemas de alarmas, y aunque nuestro entorno pueda parecer perfecto no lo es, y cada pequeña cosita hace que nuestro cuerpo se “tense” listo para saltar a tiempo y salvar nuestra vida… el problema es que nuestra vida no tiene que ser salvada, sino más bien tranquilizada, y esa tranquilidad que tanto ansiamos se ve truncada por mil factores que nos hacen desestabilizar nuestro organismo.
Voy a poner unos ejemplos, algunos parecen tontos, pero todos hacen saltar en la mayoría de las veces nuestro sistema de alarma. Unos ejemplos de esto pueden ser:
– El tráfico de por las mañanas, de las horas punta, de cualquier evento.
– Las facturas que cada vez son más grandes.
– Que te dejen en espera la operadora de turno.
– Tener que decidir en 2 segundos si quieres la palmera con huevo o chocolate blanco porque la de chocolate negro que buscabas se ha acabado y tienes una cola detrás tuya que no deja de empujar.
– Ese grano que sale justo antes de una cita importante, y encima en toda la punta de la nariz.
– La imposibilidad de encontrar un sitio donde aparcar.
– Que te llamen a la hora de la siesta, a las 11 de la noche o a las 8 de la mañana de un domingo cualquier compañía de teléfonos para que te cambies con ellos.
– Que te empunte un tío, que además apesta a callejón oscuro, en la cola de la panadería.
– Que no llegue el autobús.
– El equipo de música del vecino de al lado puesto a toda leche con el Fary.
– Que cuando llegue el autobús venga lleno.
– Las bocinas, pitos y gritos en los atascos.
– Que cuando venga el tercer autobús y te puedas montar esté tan lleno que no puedas alcanzar la puerta de salida antes de llegar a tu parada.
– Llevarte toda la semana perfecto y cuando llega el fin de semana, o aun peor, las vacaciones, cojas la gripe o te partas un pie, o mucho peor aun, que te pasen ambas cosas.
– Que te ponga (sin ánimo de fomentar el racismo) un negraco de dos metros el sobaco en la cara mientras se agarra a la barra del autobús en el que vas de pie porque ni de coña has conseguido un triste sitio.
– Que tus padres te agobien con que quieren una nuera (y te vayas ya de casa)
– Que te hagan una endoscopia.
– Ir a visitar a ese familiar que tanto coraje te da.
– Quedar con esos amigos adinerados que solo quieren ir a comer a restaurantes donde un camarero está al lado tuya esperando a que le des un sorbo a la capa para rellenártela.
– La tele a toda ostia puesta a la una de la madrugada de la sorda de arriba.
– Que se te joda Internet. Iiiiiinnnteeeeeeerrrneeeeeeet!!!
– Que te hagas una foto de grupo en la playa y se te ponga al lado el colega cachas de tu cuñá.
– El temor de que el camarero que esta esperando a rellenarte la copa se vaya detrás tuya cuando te levantes para ir al servicio.
– Que vayáis tres en un ascensor y que tras oler un peo, ambos te miren a ti.
– Que se vaya la conexión de la tele por cable cuando tu equipo vaya a marcar el gol en la prorroga.
– Que otra vez se te haya olvidado tu aniversario de boda.
– Que vayas a comprar unos zapatos, no te decidas, te largues y cuando vuelves a los quince minutos para comprarlos dándote cuenta de que son los zapatos de tu vida, ya se lo haya llevado el que estaba sentado a tu lado.
– Que el coche te deje tirado.
– Llegar tarde al trabajo por culpa de que el coche te deje tirado.
– Llegar de nuevo tarde al trabajo porque has tenido que coger el tercer autobús que pasó, ya que el primero iba lleno y el segundo fuera de servicio.
– Que tu jefe te eche una bronca a grito limpio delante de todo el mundo cuando la culpa es suya y no poder decir ni “mu”.
– Que te saques un viaje al Caribe y cuando estés allí te encuentres a la típica pareja que dice que ha sacado el viaje por 300 euros menos.
– Que tus padres te agobien con que los hagas abuelos.
– Que después de armarte de valor y decirle a tu jefe que la culpa de algo es suya, recibas a la media hora una carta de recursos humanos.
– Que el dinero del paro no te de ni para mantener Internet. ¿Cómo encontrarás trabajo sin Infojob?
– Que busques tener un niño y no venga, y entonces te des cuenta el dineral que te has gastado inútilmente en condones.
– Salir a correr y que te adelante un gordo, una niña, y un anciano, que luego te adelante dos “maris” que van andando a marcha forzada y por último te adelante un perro con tres patas.
– Ir a visitar a esos amigos pijos de tu pareja que, a parte de odiar, han tenido un niño, que tú no puedes tener, debiendo hacerles un regalo con el dinero del paro.
– Pisar una mierda y que alguien te diga que eso trae suerte.
– Ver tu primera cana en la barba.
– Montarte en un ascensor con otra persona, escapársete un cuesco húmedo y silencioso y darte cuenta de ambos vais al noveno.
– Encontrarte a un tío, que apesta a callejón oscuro…, en un callejón oscuro.
– Que tus padres te agobien con que tengas ya la parejita, que un hijo solo es muy triste.
– Que mires para atrás cuando vas corriendo y veas que el paralítico en silla de ruedas te va comiendo terreno.
– Que una película de miedo te asuste más que a tus hijos y no puedas dejar de verla por orgullo.
– Que tus padres te agobien con que busques una niñera que ellos ya están hartos de cuidar de tus dos hijos.
– Celebrar tu cumpleaños y ver que cuando has terminado de encender la última vela de la tarta, la primera ya está casi consumida.
– Que tu hija a los 15 se eche un novio 3 años mayor que ella y con pinta de macarra.
– Ver tu primera cana en el huevo izquierdo.
– Verte tres más en el derecho.
– Que el día que conoces al novio de tu hija te diga sonriendo, “Tranquilo, yo soy un chico muy responsable, y además no bebo, aun así descuide que no voy a montar a su hija en el coche” (¿Y donde coño te la vas a montar, hijo de puta?)

La verdad que podría seguir con esta lista mucho más tiempo, pero creo que el propio hecho de hacer esta lista ya me esta estresando a mí, así que creo que para zanjar el tema, cerraré esta entrada diciendo, que tengáis mucho cuidado con el estrés y con la distribución del tiempo en vuestra vida, porque si no guardas un poquito para ti mismo, al final, como ya sabéis:

“Si no os detenéis para perder un poco el tiempo, al final el tiempo os acabará perdiendo poco a poco a vosotros”.

Bichitos

Hoy¹ es martes 8, ni te cases ni rapes el choch… Vaya… creo que comenzamos mal la entrada, creo que es muy pronto para empezar a distorsionar, pero es lo que pasa cuando no estamos decentes. Y no quiero decir con decentes, eso de estar bien arregladitos, bien aseaditos, bien peinaditos… Hablo de decentes de salud, y es lógico que no lo estemos en estas fechas.

¿Por qué? Pues creo que está claro.

Febrero, no voy a decir saliendo del Invierno, pero estando aquí en Sevilla, Febrero, puede ser la primavera de muchas otras ciudades, y el sol nos puede calentar a 20 grados un mediodía cualquiera, por lo que nuestros amigos los ácaros y nuestras amigas las flores, empiezan a hacer de las suyas, y nuestras sensibles narices, cual hociquillo de perro olfateando mojino ajeno, empiezan a captar esos primeros elementos primaverales que tan jodido nos dejan a algunos.

Miles de esporas, cientos de miles, millones… Ácaros que nos recorren todo el cuerpo, que se alimentan de nuestros desechos, que se nos meten hasta la mismísima alma. Todos ellos, animados o inanimados, acampan plácidamente en nuestro cuerpo, y como el alcalde excéntrico y cabezón que impone por “ley” la prohibición de beber alcohol fuera del establecimiento de turno, creando así una polémica demencial, un malestar general y haciendo que por primera vez se unan los jóvenes del botellón en la plaza del parque con los viejos del chatito en la terraza del bar, todo comienza a ir mal desde la primera bocanada de aire

¿Se puede evitar? Claro.

Simplemente siendo más permisivos, más tolerantes, haciendo un poco la vista gorda, y disfrutando de la primavera sentados en la terracita o en un banco del parque. Pero como ese alcalde, algunos cuerpos rebeldes, deciden que está completamente prohibida la entrada de entes extraños a ese cuerpo que tenemos por templo, y que todo lo que entre deberá seguir un patrón ideal que no comparte la Madre Naturaleza, y aun sabiendo que todos los seres vivos somos “hijos de Dios”, nuestro templo se niega a reconocerlos como tal y crea un sistema de alarma y supresión brutal…

Imaginaos que un día entráis en un banco con una navaja multiusos y nada más entrar se cierran las puertas, caen rejas de acero por las ventanas, saltan unas luces rojas intermitentes, y sirenas como las de las ambulancias se encienden cada cinco o seis metros, todo esto mientras unos marines bajan del falso techo por cuerdas armados con P90 de proyectiles perforantes y granadas fragmentarias colgando del frontal del chaleco antibalas; pues algo muy parecido es lo que nos pasa a los alérgicos cuando un puñado de ácaros se cuela por donde no deben.

Pero sin dejar de lado esto, no olvidemos que no estamos en primavera, y aunque los árboles así lo crean, nuestro Febrero es frío, sobre todo por las noches, en las cuales ya sea porque nos recogemos tarde o porque nos levantamos tempranos nuestro cuerpo se expone a numerosos agentes agresivos, enfriamientos o climas cargados de otros bichitos mucho más dañinos que los gentiles ácaros.

Son los llamados Virus: Vichejos (con v y no con b) Imaginarios (porque no se ven) Raros (porque son bastante deformes) Ufanos (porque la verdad es que van por la vida como les place, arrogantes como ellos solos) y Sarcásticos (porque después de todo, creo que encima se ríen en toda nuestra cara, bueno, y en nuestras heridas, nuestros pulmones, en fin, en todas partes). Bichitos malignos que solo saben darnos por saco, ya que los que nos dan por culo, no son los virus, sino los médicos con sus supositorios para curarnos de los virus.

Pero aunque estos bichejos hacen que se nos quiten las ganas de salir, de salir a la calle e incluso de nuestra cama, aunque nos hacen moquear, estornudar, delirar, y muchas otras cosas acabadas en –ar,  no solo las acabadas en –ar son las que nos provocan, porque también nos hacen toser, delirar y hasta escribir entradas en el propio blog.

¿Quién sabe si no hay unos cuantos ahora mismo secuestrando a mis neuronas a punta de tentáculo o de lo que tengan estos billejos y obligándolas a mandarme mensajes contradictorios para que no pueda terminar de escribir esta entrada, o si pueda, pero mal, bueno ¿mal para quién? o quien sabe si escribo, o no, a lo mejor no escribo, ¿lo estoy soñando?, supongo que deliro luego existo, contradictorio, todo es tan contradictorio, no se si… sí, bueno no, argh ensuiuie- aSd43 $$%&´· @#?… ¡¡¡BUENO BASTA YA!!!

Esto no va a quedar así, porque gracias a Dios, por extensión de nuestro cuerpo, nuestro Templo, y a fin de cuentas, la casa del Señor… Pues nada gracias a nuestro cuerpo, a la sabia naturaleza de este o a posiblemente un error de la evolución, los humanos tenemos, como muchos otros bichos grandes, unas cosillas llamadas anticuerpos, glóbulos blancos o serviciales hombres blancos gorditos y con porra, como se nos mostraban en “La vida es así”.

Y esos bichitos buenos, atacan a los bichitos malos, y todo vuelve a su ser.

Pero claro, ya se sabe que los gordos no corren tanto como los flacos, y sabiendo que hay algunos virus muy flacos, tantos que a veces les llamamos gusanos… hum… o quizás me estoy equivocando de virus, bueno no importa, a lo que iba es que no siempre los gorditos con porras acaban con los malos malosos tan rápido como quisiéramos, y  mientras tanto, pues entre las carreritas de los gorditos dando palos a diestro y siniestro, los virus secuestrando a todo el que se le pase por delante, los ácaros pastando por nuestras narices acomodados en sus grandes asientos de polen, y  los gusanos esperando a los troyanos que llegarán en el supositorio de las ocho y media, nosotros somos los que sufrimos lo que llamamos enfermedad.

Pero bueno, supongo que esto es algo por lo que todos tenemos que pasar, lo importante es que lo pasemos lo antes posible, y sobre todo que lo pasemos entre semana, porque llevarte currando todo el día, para llegar al tan esperado finde y llevártelo enterito metido en cama, pues como que no mola mucho.

Así que abrigaros, tomar mucho zumo de naranja y no durmáis con el culo al aire, que por ahí es por donde suelen entran los peores elementos.

¹Hoy como habéis podido comprobar no es Martes, pero es que debido a esa falta de decencia de la que hablaba al principio de la entrada, ayer guardé mal la entrada y acabé con un folio en blanco en vez de con este texto que hoy SÍ os puedo publicar, ya veis, cosas de la vida… y de la enfermedad.

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