Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Buenos propósitos. Entradas más gordas, más largas. Como sé que os gustan, viciosillos.

Hemos llegado al vigésimo día del primer mes del segundo año de la, también, segunda década de este tercer milenio. Y yo me pregunto… ¿Qué hemos aprendido en estos dos milenios largos desde que el hombre es cristiano? Y como veo que la respuesta es muy difícil, me hago la siguiente pregunta ¿Con la entrada del nuevo siglo hemos conseguido llegar a alguna conclusión sobre el sentido de la vida? Pero, de nuevo, la respuesta es muy complicada, por no decir extensa. Así que formulo una tercera pregunta ¿Tras acabar en plena crisis, pasada esta primera década, cuál sería la pauta a seguir para cambiar el planteamiento económico, social y político, no solo en España, sino a nivel Mundial? Y esta vez, creo que directamente, esa pregunta no tiene respuesta. Así que centrémosnos en algo mucho más concreto, dejemos los milenios, los siglos, las décadas, para centrarnos en el año, más concretamente en el inicio del año, en ese mes llamado Enero y al cual se le relaciona con una supuesta cuesta.

Pero para no ahondar en la herida, no hablaré de la famosa cuesta de enero, de las deudas contraídas en los meses anteriores ni de la crisis, en general, que estamos viviendo. Eso sería hablar de economía, y no son horas para ponerse ha hablar de dinero, deudas o prestamos. Así que vamos a hablar de buenos propósitos.

¿Qué son los buenos propósitos? O empecemos por lo más simple ¿Qué son los propósitos?

Según la RAE, o RALE, o cualquier diccionario de marras, te dirían que los propósitos son los ánimos o intenciones de hacer o no hacer algo, aunque también te podrían decir que es el objeto o cosa que se pretende conseguir.

Por lo que dicho esto, ahora ya podemos pasar a los buenos propósitos. ¿Qué son exactamente los buenos propósitos? Pues bueno, entendamos antes que nada, que nosotros somos seres de costumbres. De hacer lo mismo una y otra vez, y solo por el afán de romper la monotonía y salir de un estado de tedio total, creamos unos eventos o unas fiestas para hacer más llevadera esta, ya de por sí, dura vida. Y de esa forma nos encontramos con la Navidad, en cuyo paquete se engloba (Noche Buena, Navidad, Fin de Año y Reyes)… A priori, un españolito medio podría pensar que todo esto no es debido al aburrimiento, o a la pretensión de unas grandes multinacionales a sacarnos hasta el último céntimo, sino más bien, al nacimiento de nuestro “Niño Jesús”, y entonces os tendría que decir que estáis muy equivocados, ya que no creo que el Año Nuevo tenga mucho que ver con nuestro Salvador, y tampoco Papa Noel, y menos aun el Árbol de Navidad, tampoco creo que tenga que ver el Cortilandia… Pero bueno, no me voy a meter con eso ahora, ya que no tengo muchas nociones de cultura y festejos populares, y eso lo demostré cuando dije que Halloween había “nacido” en el Nuevo Continente.

La cuestión, es que los buenos propósitos es lo que nos atañe en estos momentos, y con esta alusión a las festividades solo pretendía enmarcar a estos propósitos en una ubicación temporal concreta. El Año Nuevo.

Y es que cuando buscamos hacer un cambio en nuestras vidas, siempre esperamos a que pase algo para acompañar ese cambio, o para que parezca más radical, o a lo mejor es simplemente para convencernos a nosotros mismo de que ese cambio es importante, de que ese propósito se va a cumplir. Y es por eso por lo que cuando nos pelamos, o cuando nos compramos unos zapatos nuevos para el trabajo, solemos esperar al lunes para hacerlo o llevarlos puesto. Podríamos hacerlo un martes, de hecho a veces lo hacemos un martes, pero por lo general, la gran mayoría de las personas espera a un corte, como es el fin de semana, para comenzar a batallar con su nuevos zapatos o lucir su nuevo pelado.

Los buenos propósitos son esos deseos que tenemos al comenzar el año para cambiar nuestras costumbres, nuestras vidas para mejor.

Referente a esto habría muchas pregunta que contestar, desde por qué lo hacemos, hasta qué estaríamos dispuesto a proponernos. Y es que tras un recuento de los actos cometidos durante el pasado año, nos solemos dar cuenta de todas las cosas mal que hemos hecho. Recordamos las buenas, pero nos centramos en las malas. ¿Es eso lo que llaman conciencia?, ¿o es supervivencia?, quizás sea simplemente vergüenza. Pero sea lo que sea, esos pensamientos se nos meten tan profundo que para sacarlos de dentro, o nos sacamos el cerebro de la cabeza, el corazón en el caso de los más sentimentales, o buscamos una medicina mágica para acallar esa jodida vocecita que tanto por saco nos da justo antes de dormirnos, y esa medicina no es otra que “Los Buenos Propósitos”.

Estos son el arma con que luchar contra sentido de culpabilidad, y en la mayor parte de los casos, es un arma efectiva, que junto con la típica copita de cava, descabeza a la bestia ígnea que llevamos dentro (el cava se encarga de apagarla). Y, ¿cuáles son estos buenos propósitos…? Bien, pues depende… Para planteárnoslo antes debemos hacer examen de conciencia y buscar qué errores hemos cometido, en qué cosas hemos fallado y qué buenos propósitos pasados no hemos cumplido. Porque está claro que una vez que la bestia está decapitada y ya fría, el cava puede que lo sigamos utilizando, pero el arma en cuestión la dejamos a buen recaudo, en alguna antecámara de nuestra mente a la espera de que se vaya acercando el siguiente año, cuando empezaremos a desempolvarla para liquidar a la siguiente bestia que pretenda robarnos esa tranquilidad que tanto necesitamos para poder dormir a pierna suelta.

Por lo que una vez hecho el examen de conciencia y visto todos los “pecados” cometidos uno comienza a buscar las formas de solucionar estos errores. Es algo así como ir haciendo promesas pero a tiempo pasado, es decir, en vez de prometer hacer algo si te ocurre lo que ambicionas, es más bien, prometer hacer algo para solucionar lo que ya has hecho, o para pagar lo que Ambicionaste, Obtuviste y aun Debes.

Casos frecuentes son el dejar de fumar… Ambicionabas el tabaco, Obtuviste el fumar y Debes una disculpa a tu cuerpo, y al de otros muchos fumadores pasivos. Por lo que prometes, o te propones buenamente el dejar de fumar. Otro clásico es el de hacer dieta, este es tan común porque además suele ser muy reciente, ya que a pesar de haberte pasado posiblemente durante todo el año, llegan las fiestas, y entre almuerzos de empresa, cenas familiares, noche vieja, noche buena, copitas a todas horas, polvorones, turrones, alfajores, peladillas y el próximo roscón de reyes, pues como que el sueño no lo puedes conciliar ni a base de tranxiliums 20, y esto ya no es por la conciencia, sino por las arcadas del lote de cenar que te has pegado y la presión que te produce el elastiquillo del pantalón del pijama tras haber puesto tres kilos en apenas 10 días. Pero hay muchos otros buenos propósitos que nos solemos plantear, desde no llegar tarde al trabajo hasta ser más complaciente con tu suegra, pasando por quedar con ese antiguo amigo al que no ves desde el instituto, montar esa repisa que tienes guardada debajo de la cama desde hace dos años, recoger los platos justo después de comer y no tras echarte una siesta, ver una serie en la televisión y empezar a pensar que es lo que vas a cenar, acabar ese libro que comenzaste a leer hace 8 meses y que solo tiene 200 páginas, apuntarte al gimnasio (e IR), probarte y tirar toda la ropa que no te haga falta o te esté chica, retomar las clases de guitarra, ir a casa de tu hermano a formatearle el ordenador, hacer una limpieza a fondo en el trastero, renovar el DNI por haberte cambiado de domicilio (y previamente pasarte por el Padrón), ir al banco que esta en la otra punta de la ciudad en horario de oficina para poder dar de baja la cuenta corriente que tienes con 26 céntimos desde hace un año y que no te dejan cerrarla justo en la sucursal que tienes a cien metros de tu casa porque no es donde te abriste la cuenta originalmente, sacar al perro, sacar la basura cuando estás en pijama, sacar a tu cuerpo a dar un paseo para que se oxigene cuando sea uno de esos fines de semanas fríos, feos, y solo se te apetezca estar en sofá calentito viendo la tele, ducharte cuando se haya gastado la bombona de gas hace al menos dos días, aguantar las conversaciones tediosas del novio de la mejor amiga de tu mujer, ir al médico a que te hagan esa tan retrasada endoscopia, y así un millón de cosas más, los buenos propósitos no son más que eso, intenciones hechas de buena fe sobre mejoras en nuestra vida.

Pero como alguien me dijo una vez…

“El mundo está lleno de buenas intenciones, pero carente de intenciones cumplidas.”

Bienvenidos a este Mundo Hipócrita!!

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