Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Los buenos y cumplidos propósitos

Hace casi tres años que me propuse realizar unas cuantas cosas en mi vida, unos cambios a mejor, unas creaciones que cobrasen vida. Ayer, coincidiendo con el cuarto aniversario de mi “nuevo” blog, terminé la última.
A principios de 2012, cuando la destrucción del mundo estaba cerca y todo dios pensaba en follar como locos o en pedir perdón a sus seres queridos, yo cree una lista de buenos propósitos para la destrucción del mundo, e incluso saqué unos cuantos de ella para su realización a corto-medio-largo-indeterminado plazo, que en mi mente, ese plazo, iba desde una semana a un año, pero que en la realidad oscilaría a varios de estos últimos.
Como he dicho, ayer, cumplí mi último propósito, la creación de una entrada en la que pudiera pregonar a los cuatro vientos, es decir, a los cuatro seguidores que tengo, que por fin estoy curado de la maldita fascitis plantar. Pero no era esta la única ni la más importante de las buenas intenciones para la, ahora, no-destrucción del mundo. Este verano también se cumplió otro de ellas, una que nos da un pequeño respiro y que hace que nuestra familia no tenga que estar más tiempo separada; con la llegada del nuevo destino, por fin, estamos en esa franja tan codiciada en la que para ir de casa al trabajo no es necesario recorrer más de cincuenta kilómetros, todo un lujo para algunos.
Pero hay un propósito que tenía en mente mucho antes del 2012, podría decirse que un propósito que estaba arraigado en mí, desde el siglo pasado, ¡desde el milenio pasado!; un propósito que consistía simple y llanamente en publicar un libro. Algo inalcanzable para mí años atrás, pero que a día de hoy ya es un sueño cumplido.
Coincidiendo con el primer cumpleaños de mi hijo… ¡ah! Por si no lo he dicho, he sido padre… como decía, coincidiendo con este día, el borrador de mi primer libro llegó como un regalo. Tengo que admitir que no he tardado mucho en lanzarlo a la Red (esto puede no ser muy bueno, puesto que el producto final llevará implícitos algunos fallos), y en publicarlo en múltiples plataformas para que así se pueda adquirir en distintos formatos.
Así que haciendo un recuento… no puedo decir de este último año, pero sí de los tres últimos, tengo que admitir que el balance sale brutalmente positivo… Un hijo, un libro… ahora que lo pienso, ni de coña me voy a acercar a un campo no vaya a ser que me de por plantar un pino y ya lo hubiera hecho todo en esta vida… sería muy triste.

21Relatos para Leonardo

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Noviembre Plantar

“Y así, como llegó, abandonó aquel lugar, en silencio, con sumo misterio, como una aparición…”

Dos años, casi tres, he estado sufriendo una fascitis plantar que me ha imposibilitado llevar una vida “plena”, una vida donde andar, y no digo correr, se hacía casi imposible, donde acostarse a descansar y no sentir una aguja atravesándote el pie era casi una utopía, donde las almorranas quedaban relegadas a un segundo plano y donde Satanás no me visitaba por si fuese algo contagioso.

Años sufriendo a médicos que no paraban de decir tonterías y terapias que no valían más que para perder el tiempo y machacar las pocas esperanzas que me quedaban. Pero como suele decirse “no hay mal que cien años dure”… en este caso, por suerte, han sido unos años menos, y el secreto no ha sido otro que…

… Bueno, llegados a este punto, debo aclarar una cosa que ya he dicho con anterioridad pero que quiero volver a dejar claro. Yo no soy médico ni tengo los conocimientos necesarios para poder dar consejos sobre la solución de dolencias y enfermedades, pero lo que si puedo hacer, es lo que he hecho hasta ahora, y es contar mis experiencias personales, por lo que prosigo con esta entrada diciendo que el secreto no ha sido otro que la paciencia.

Después de inyecciones, ejercicios, estiramientos, antiinflamatorios, y una larga lista de experimentos varios, opté por tomar una filosofía que hasta ese momento no había probado, y no era otra que pasar del tema, pasar de la fascitis y de todo lo que produjera dolor en la planta del pie. Así que dejé de intentar ir a correr, caminatas largas, plantones innecesarios… eso me llevó a ganar un poco de peso (malo también para esta jodida dolencia), pero un poco de dieta o directamente dejar las hamburguesas del McDonalds hicieron que compensara una cosa con la otra. El calzado también ayudó, puesto que empecé a gastarme en los zapatos ochenta pavos en lugar de veinte, por lo que la comodidad se hizo evidente… pero tengo que admitir, que unas plantillas de silicona o gel de cinco o diez pavos dan el mismo resultado puestas en unos zapatos de veinte. Posteriormente, cuando empecé a notar una leve mejoría y mis andanzas iban siendo un poco más largas me di cuenta que los estiramientos no venían mal, siempre antes, durante y después de estas, no hacía falta muchos tipos distintos de ellos ni demasiado tiempo, solo lo suficiente para que no se me agarrotara la fascia.

La cuestión es que después de un tiempo pasando del tema, me di cuenta de que el dolor desaparecía, hasta tal punto que lo único que quedó como testigo de una grave lesión fue un pequeño “nudo”, que emulaba la sensación producida al arrugársete un calcetín dentro del zapato, y ni si quiera este estaba presente siempre. Quizás algún cambio del tiempo me dejaba una leve presión en la planta, pero nada de esto tenía que ver con el terrible dolor producido por la, ya casi olvidada, fascitis plantar.

Sinceramente sé que muchos de los que lean esta entrada, sobre todo los que la padezcan, estén desilusionados con ella, puesto que esperarían una cura maravillosa y rápida que les solucionase todos sus problemas, pero desgraciadamente no es así, no obstante, la lectura que deben de hacer de ella, no es otra que la de saber que aún hay esperanzas, que la fascitis es algo (en la mayoría de los casos) que se puede curar o al menos llevarla a un grado de inexistencia tal, que podamos olvidarnos de su nombre, de hecho, al empezar con esta entrada, debo reconocer, que ya no recordaba si se escribía plantar o plantal… Menos mal que tenemos al bendito Google.

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¡Engáñame!

Hay unos cuantos términos que con el paso del tiempo han nacido, crecido y se han extendido por el mundo, como lo hicieron los hechos a los que hacen referencia. Uno de estos términos es la “Obsolescencia”.

Muchos sabréis de qué hablo, pues mucho se ha hablado del tema. Otros os pensareis que me refiero a la ciencia de obedecer o al huevo por excelencia, vamos que igual os suena a chino, pero este término lleva con nosotros algo más de medio siglo, y el hecho al que se refiere lleva aun más.

Cuántas veces habéis escuchado frases como “Cuesta más caro repararlo que comprar uno nuevo” o “Eso está pasado de moda” o incluso la de “Sí, sí, pero el de este año trae una cámara de diez megapixels”. Todas estas frases surgieron debido a la obsolescencia, y en muchos casos debido a la obsolescencia programada.

Pero qué es lo que significa realmente este palabro. Pues es muy simple, es el hecho de que un producto ya no nos sirva o creamos que no nos sirve y por lo tanto lo desechamos, normalmente esto viene cogidito de la mano de la compra de un nuevo producto en sustitución del “viejo”. Algo que en principio puede parecer normal. Pero si ahondamos un poco más, empezamos a encontrarnos con otros términos, como “La Publicidad”.

La publicidad es una de las armas más importantes de las empresas. Esta hace que nos sintamos mal con nosotros mismos para que compremos productos adelgazantes, cremas antiarrugas, móviles ultramodernos para estar a la última y no sentirnos desplazados en la sociedad o incluso ese producto que no necesitamos pero que como antes estaba cinco veces más caro, el comprarlo ahora es un chollo, aunque el producto en cuestión sean unas compresas de lunares rosas y volantitos a juego para cuando tu perra esté en celo. Da igual que no tengas perra y lo único que tengas sea un hámster y encima macho, ese producto cinco veces más barato merece la pena. Así es la publicidad. Y nosotros, seres consumistas por naturaleza, amamos la publicidad, abrazamos las ofertas, nos nutrimos de la información con que engordan nuestro deseo.

Nos da igual que las empresas se dediquen a crear cacharros que se estropean a los tres años, cuando por unos céntimos más podrían hacerlos durar diez. Nos da igual que nos digan que hoy se lleva el negro y mañana el verde pistacho, compraremos negro, y aun nuevo, se lo daremos a algún familiar que tengamos en el pueblo de nuestros padres para así hacer hueco al nuevo verde pistacho que está tan a la última, al menos hasta pasado mañana, que se llevará el cámel despintado. Nos da también igual comprar ese aparato que cuesta una millonada y que tiene lo último en tecnología, para que en seis meses quede antiguo y tengamos que comprar otro para estar al día, nos da igual comprarlo aun sabiendo que el que ha salido hoy está ya inventado desde hace dos años, es decir un año y medio antes de cuando compramos el que ya se nos ha quedado antiguo. Esto es la obsolescencia, la obsolescencia programada, y nosotros caemos en su trampa todos los días, una y otra vez, cada vez que abrimos el armario y vemos esos pantalones de pitillo que este año no se llevan o hacemos una foto con nuestro móvil de 8 megapixels, pensando lo bien que nos vendría un par de ellos más.

 

Hubo una vez un hombre, no recuerdo ahora mismo su nombre, que dijo una frase que es para recapacitar: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”, y esto es lo que realmente importa. El sentirnos bien con nosotros mismos, el saber que con lo necesario se vive, y se vive bien, que el dinero no compra un estado de ánimo, y que lo último no es siempre lo mejor.

 

 

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 Permítete un capricho, pero no vivas para ellos.

 

 

PD: ¡Qué cojones!, pongo una cita y ni me digno a poner el nombre del autor, para qué coño me compro un móvil de cuádruple núcleo, 4G y 10 megapixels, voy a mirarlo en Google por el navegador de alta velocidad a ver si lo encuentro… je,je,je toma, en solo 2,4 segundos ya tengo la biografía entera, con imágenes y obras completas de Agustín de Hipona, que buena compra hice, ¡joder!

En esa franja gris.

Antihéroe. ¿Os suena el concepto? ¿Lo habéis utilizado en alguna ocasión? ¿Tenéis alguno favorito?

El antihéroe es un concepto relativamente nuevo, y que a pesar de ello ha evolucionado muy rápidamente. Si nos pusiéramos a pensar en el concepto originario podríamos hablar de personajes como el del Lazarillo de Tormes o el de Don Quijote de la Mancha, pero cierto es que en la actualidad, el antihéroe se refleja por otro tipo de personajes más cercanos a un Jack Sparrow en Piratas del Caribe o al impío Bender de Futurama.

Si a alguien se le preguntara qué es un Villano, claramente sabría decir qué es lo que es, incluso quién lo es. Igualmente si preguntáramos qué es un Héroe, podrían contestarnos con idéntica facilidad. Pero cuando se nos pregunta por el Antihéroe, ahí ya andamos un poco más flojillos: “¿Antihéroe?, ¿antihéroe?… no caigo, quizás… ¿Rajoy?”.

Para definir al antihéroe nos tendríamos que basar en la propia definición del héroe.

Héroe: Persona admirada por sus hazañas y virtudes.

Pues bien, si cogemos esa definición y le quitamos las virtudes, la admiración y las hazañas las dejamos en carambolas exitosas, igual nos acercamos mucho al concepto del antihéroe.

Pero entonces, porqué nos gustan tanto los antihéroes, o mejor dicho, porqué nos gusta identificarnos con ellos, porqué siendo unos primos en ocasiones, unos cobardes en otras y unos egoístas en casi todas, ese cruce entre villano y héroe nos mola tanto.

Hay un antihéroe, quizás no muy conocido fuera del mundo friki, del mundo “Syfy”, llamado Gaius Baltar. Este tipo, un hombre muy inteligente, pero egoísta y cobarde, consiguió de un plumazo acabar con el 99% de la raza humana. No lo hizo a posta, fue un descuido, un desliz provocado a causa de una “femme fatale”, una rubia imponente que le engañó haciéndole sucumbir a sus encantos. Después de esto huyó, avergonzado de lo que había hecho, pero no contento con ello, siguió engañando y malversando todo lo que se pusiera frente a él con tal de que no descubrieran que él fue el culpable de tal holocausto.

Visto así, cualquiera odiaría a este tipo, pero mientras iban pasando las “vivencias” de este personaje y del 1% de la población que pudo sobrevivir, te empiezas a encariñar con él. Mira que había héroes militares, civiles abnegados, multitud de personas remando en un mismo sentido para salvar a ese trocito de humanidad que aun permanecía con vida. Sin embargo, yo me quedaba con Gaius.

Entonces, ¿qué es lo que hace que prefiramos en muchas ocasiones al antihéroe de la historia?

La respuesta es simple. Es humano.

Cuando miramos al típico héroe, lo vemos como un tipo (perdonarme que hable de él en masculino, bien se sabe que las heroínas molan más) fuerte, física y mentalmente, concienciado con el bien, dispuesto a sacrificar todo con tal de hacer lo correcto, lo necesario. Es ese tipo de personas que a todos nos gustaría ser y a la que no solemos llegar nunca. En cambio el antihéroe, es alguien más de estar por casa. Es una persona que quiere hacer el bien, pero no siempre lo consigue. Hay unos cuantos obstáculos que se lo impiden, podamos llamarlos (sin meternos en el cristianismo) pecados capitales.

Quién no ha dejado los platos sucios, oliendo a fritanga, después de comer por estar un ratito sentado en el sofá. Quién no se ha comido ese pastel que te sienta tan mal para el estómago, para el azúcar y para los michelos, pero que estaba tan rico. Quién no ha discutido, y defendido de manera poco decente ideas que aunque en un principio parecían correctas, eran a fin de cuenta deshonestas. Todos somos humanos, y aunque queremos hacer el bien, muchas veces no lo conseguimos debido a nuestros defectos, a nuestros vicios. Somos antihéroes por excelencia.

No es de extrañar que nos reconozcamos en ese Gaius, triste, acobardado, lleno de vergüenza, que intenta reparar el daño hecho, que intenta ser mejor persona aunque sabe que los obstáculos son grandes, que sus carencias son inmensas y que su miedo es infinito. Pero ahí está, sobreviviendo, buscando la forma de ser algo para lo que no está preparado, intentando ser positivo aunque haya nacido con un signo menos en la frente.

Supongo que en el fondo, todos somos un pequeño Gaius Baltar.

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Y ahora os dejo una lista con algunos de los personajes  que más nos gustan, no porque sean perfectos, sino porque a su manera, ellos también son unos antihéroes.

 

TOP 30

– Jack Sparrow de Piratas del Caribe
– Ash del Ejercito de las Tinieblas.
– Vegeta de Dragon Ball Z
– Michael Corleone de El Padrino
– Rorschach de Wacthmen
– Beatrix Kiddo de Kill Bill
– Kratos de God of War
– Vala Mal Doran de Stargate
– El Motorista Fantasma de Marvel
– Eric Draven de El Cuervo
– Ikki de Caballeros del Zodiaco.
– Dexter Morgan de Dexter
– Spawn de Image
– Tyler Durden de El Club de la Lucha
– El Castigador (Punisher) de Marvel
– Tony Montana de Scarface
– Dante de Devil May Cry
– Leon de El Profesional
– Bender de Futurama
– Hellboy de Marvel
– Dominic Toretto de A Todo Gas
– Altaïr de Assassin’s Creed
– John Hancock de Hancock
– V (de Vendeta) de DC
– Snape de Harry Potter
– Lobezno de Marvel
– Blondie de El Bueno, el Feo y el Malo
– Alex DeLarge de la Naranja Mecánica.
– Daryl Dixon de The Walking Dead
– Tyrion Lannister de Juego de Tronos

Especial mención a uno que anda en la cuerda floja entre Héroe y Antihéroe:
Han Solo de La Guerra de las Galaxias
¡Qué gran tipo!

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Mi Jefe

El otro día, mientras que hacía tarde en el trabajo, en esa oficina, solo, escuchando el zumbido del ordenador y de la gran fotocopiadora que tengo a tan solo un par de metros, la cual despierta de vez en cuando como dragón custodio de montaña abarrotada de oro, se me vino un pensamiento a la mente: “Qué de puta madre estoy”.

Es increíble, pero es lo que se me vino a la mente, y eso que estaba currando a las seis de la tarde (desde las seis y media que me había levantado ese día), con una calor de espanto y más solo que una magdalena en una fiesta de anoréxicas. Pero en realidad estaba contento, y estaba feliz.

Atrás quedaron esos días en los que mi jefe, bueno, uno de los varios jefes que tenía me gritaba como un energúmeno porque no hacía lo que él quería, porque no hacía lo incorrecto. Supongo que el ser jefe te habilita para pasarte por el forro de los cojo… bueno por el arco del triunfo todo lo que te rodea, para remodelarlo a tu antojo, para hacer lo que quieras aunque esto sea lo incorrecto.

Recuerdo aquella bronca descomunal en la que me gritaba que si no hacía lo que él me decía (directriz totalmente contradictoria a la pauta que me había marcado una semana antes otro de mis jefes) me echaría a la calle y buscaría a otro que poner en mi lugar que sí lo quisiera hacer. Me imagino mi cara de bobo, no ya por el bochorno en sí de tener a compañeros, jefes y desconocidos con la mirada clavada en mi persona, sino por el hecho de cómo podría llegar a complacer a dos jefes simultáneamente si uno me decía izquierda, y el otro derecha. Suerte que soy un hombre, porque sino la cosa hubiera pintado mucho peor. Y es que en este aspecto, las mujeres se llevan la peor parte (en la mayoría de los casos). Desgraciadamente, y a pesar de los avances de todos estos años, la sociedad sigue siendo machista. Y sigue siéndolo porque hay un número importante de personas que lo es, un número importante de jefes y dirigentes que lo son. No lo reconocen públicamente, al igual que no reconocen que son unos clasistas, o unos homófobos o unos simples racistas. Eso no vende. Hay que ser tolerante, hay que ser abierto, multirracial, multicultural… Pero ese negro, maricón que conduce un Citroen Xsara de mierda, que no se le ocurra pisarme el césped que lo capo.

Pero bueno, como siempre me voy del tema principal y acabo divagando sobre esta sociedad que nos rodea. Y hoy solo quería realmente plasmar lo a gusto que estoy en un trabajo donde la gente te exige que trabajes; eso, y solo eso. No te amenaza con echarte a la calle cada cuarto de hora, no te obliga a trabajar horas extras que no vienen reflejadas en tu contrato y que posiblemente ni te pagarán, no te mandan a realizar un trabajo de nivel técnico cuando en tu contrato pone bien claro “telefonista”, no te hacen trabajar días festivos que no te devolverán, ni se visten de simpáticos para que les falsees los números, siempre por el bien de la empresa. Y por supuesto no te dicen “Guapa, tengo a cien como tú esperando en la puerta, así que hazme lo que te he dicho o ya sabes donde tienes la salida”.

Encima, con esta nueva política, despedirte es tan sumamente fácil, que ya no tienen que recurrir a los viejos trucos de decirte que tienes vacaciones o descanso para que faltes al trabajo y así poder echarte, o que firmes una renuncia porque cambia el nombre de la empresa y te tienen que hacer un nuevo contrato. Trucos tan sucios y rastreros como ir con el finiquito desinflado, con menos días, sin pago de vacaciones no disfrutadas y restregártelo por la cara para que lo firmes diciendo que eso es lo que te corresponde, y solo en el caso de que no lo firmes, en el caso de que indiques que llamarás a un abogado o al sindicato (estos son también para dedicarles, no una, sino al menos un par de entradas), solo en ese caso, se sacan de la manga un nuevo finiquito, que ya tenían redactado de antemano con todos tus derechos bien recogiditos para que no puedas quejarte por nada. Como digo con esta nueva política de despido libre, esos ardides quedan solo para los empresarios más avaros.

En fin, no me quiero enrollar mucho más, así que os dejo con un micro-relatillo que pienso que viene al tema.

Sed felices, respetad a vuestros mayores y por la cuenta que os trae, que no os toque un mal jefe.

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 Avanzando

“Saltándose todo tipo de consejos e indicaciones, corrió hasta donde estaba su agresor, y allí, sin mediar palabra lo abofeteó, le propinó un puntapié en la espinilla y finalmente le escupió, no sin antes hacer un estruendoso sonido gorgojeante. Todos se la quedaron mirando, con las caras blancas y los ojos abiertos como ventanas en una mañana soleada. Solo una leve risita de su amiga Maite rompió el sonido quejumbroso del dolorido agresor… y ahora, también agredido.

 

–         Se lo merece.

–         Lo sé – afirmó Maite susurrando – Pero esto no te hará muy popular.

–         Sí que me lo hará, aunque no tengo claro si para bien o para mal.

Se dio la vuelta, dándole la espalada, y aun a riesgo de volver a ser victima de otro tipo de abuso, María se quedó varios segundos contemplando a todos esos rostros que no sabían muy bien como actuar, como juzgarla… ¡Ja! Cómo si tuvieran poder para hacerlo. Con paso firme atravesó el improvisado corrillo y se fue contoneando exageradamente las caderas. Maite, la siguió, no sin antes echar un par de vistazos atrás mientras se marchaban.

–         ¿Crees que te echarán?

–         No lo sé, ni me importa.

–         Bueno, al menos muchas te lo agradecerán. No creo que vuelva a palmear el culo de nadie tan alegremente.

–         Es el Jefe, hará lo que quiera y cuando quiera, pero al menos hoy ha aprendido, que por encima y por debajo de ese culo, está el resto de la persona.”

Celtas.

Mala Persona. Mal Mundo.

Un día más me he levantado algo desanimado. Desanimado con este país, con su gobierno, con los políticos, con la gente en general. Solo veo en la tele y en los periódicos noticias desconsoladoras, abrumadoras en sentido negativo, miserias y desesperanza. Corrupción, crímenes, todo una gran mierda que nos rodea día tras día. Y por ese motivo, cuando me he propuesto ponerme a escribir, después de un tiempo, solo ha salido mierda y más mierda… Muchos dicen que somos lo que comemos, creo que esto es aplicable a cualquier de los cinco sentidos. Y como niños, reproducimos fiel, lo que antes nos han enseñado…

Mala persona.

¿Qué? ¿Te atreves si quiera a dirigirte a mí?, ¿a molestarme?, ¿a preguntarme? ¿Qué quién soy?, ¿eres idiota o qué? ¿Realmente quieres saberlo?

Yo soy tu dios y tu dueño, soy la persona que aparecerá en tus pesadillas y que recordarás cuando te levantes, soy el que te quita el pan para comer, el que hace que te arrastres, el que te dice que puedes y que no puedes pensar, soy el odio, la desidia, la lujuria, soy el consigue que te abras de piernas y al que le lames las botas. Soy el que “disfruta” de tus hijos, el que te roba en tu casa y en el banco, soy el que se bebe tus cervezas y que escupe en tu café, soy drogadicto, machista, xenófobo, soy la arrogancia y la rabia, soy el que viola, mata y sale del juzgado en libertad, soy el que te quita el puesto de trabajo mientras le dan una palmada en la espalda. Soy tu Judas Iscariote y el propio Mefistófeles. Soy el que cada día te recordará que no eres nada, que no sirves, que eres un producto desechable. Soy el que pisa tu cabeza, el que la hunde contra el barro, el que te ahoga entre tus miserias y el que hace posible que tengas estas. Soy todo lo oscuro que alguna vez hayas podido imaginar y soy todo lo malo que hayas podido sentir, soy sufrimiento, tortura, daño, tu verdugo y tu ángel de la muerte. Soy tu desesperación, tus ansias de acabar de todo, la cuchilla que utilizarás para el suicidio. Soy yo, tu amo y señor.

Y ahora, ¿qué piensas hacer?

Seguidores en Otoño.

Y por fin llegó el Otoño. Lo estaba esperando como agua de mayo, aunque esta comparación no sea la más acertada. Y es que quería aprovechar el cambio de estación para contaros una noticia sorprendente, casi inquietante. Algo que llegó a mis ojos a la velocidad de la luz, como no podía ser menos, y que fue interpretado por mi cerebro en algo así como seis segundos y medio, podría haber tardado algo menos, pero no pensaba que pudiera ser correcto lo que mis miopes ojos percibían a pesar de llevar las gafas puestas.

Hace poco más de unos diez meses comentaba que mi blog por fin tenía seguidores, cuatro para ser más exacto, entre los que me encontraba yo mismo. Después de más de un lustro escribiendo por fin tenía algo más de un par de seguidores. No parece mucho, pero yo, como cualquier médico que se precie, me sentiría satisfecho si con mi trabajo al menos podía salvar una vida. Y es que ya había conseguido traspasar la barrera de la singularidad, no en salvar vidas, pero a lo mejor sí en salvar mentes, porque no hay mente más muerta que la mente conformista, la mente que no ejerce su derecho a pensar, a decidir, a imaginar, y desde hace tiempo, con mis entradas, algunas más ácidas, otras más poéticas, pero todas por igual, reflexivas, he intentado despertar esas vagas mentes que la sociedad moderna y los videojuegos de última generación no están anestesiando.

Me sentía orgulloso de esa pluralidad a la hora de poder contar a mis “seguidores”, pero hace una semana que mis ojos detectaron una cosa inquietante en mi nueva pantalla LED de 21,5 pulgadas. Pensé en descambiarla por problemas en la representación de los píxeles, pensé en cambiarme los cristales de las gafas, los cuales están más arañados que el los bajos de un Prius en plena Sierra de Aracena, pensé en descansar un poco la vista y darle esos cinco minutos de descanso visual cada hora que tanto recomiendan los trabajadores de riesgos laborales, aunque en mi caso sería cada cuatro horas, pensé en que había vuelto a la singularidad, y que el único seguidor del blog que quedaba en este caótico planeta era yo. La verdad es que pensé muchas cosas en esos seis segundos y medio, pero nada de ello se ajustaba a la realidad. Lo cierto y verdad es que el número había cambiado, y no era un problema de dislexia como pensé entre el tercer y cuarto segundo, los ceros no iban delante, sino atrás, y la unidad realmente se había convertido en centenar. No estaba flipando y la Guinness no tenía nada que ver, ni si quiera los ganchitos que dejaban motas anaranjadas sobre la tecla F5 con la que estaba refrescando para ver si solo era un problema de actualización de la página. No, no era problema de nada de eso. Efectivamente había pasado de tres seguidores a cien; ciento uno como pude comprobar poco después, es decir, cien seguidores y yo, que aunque este feo decirlo, soy mi mayor seguidor, aunque no en plan perro que se sigue la cola para modérsela, es algo más en plan “estoy a gusto conmigo mismo”, aunque no por ello, no busque mejorar día a día, o al menos día sí, día de descanso, que tampoco hay que ponerse el listón muy alto.

Tardé un par de horas en asimilarlo, y ver si por error había colgado el video de la concejala esa de Yebenes masturbándose y por ello tenía tantos seguidores. No sé, a lo mejor, una panda de locos del Twitter había decidido seguir sus pautas de followers fuera de su red social, o es que alguno de mis microrrelatos había despertado la curiosidad de un grupo de escritores noveles que daban un curso online de cómo crear una historia en 150 palabras y no parecer que estás escribiendo una esquela. Sinceramente no sé como fue, ni si quiera si esto durará lo suficiente antes de que se den cuenta de que se han apuntado a seguir un blog llamado “Un paseo por la vida”, y no “Un meneo con la viuda”, pero sea como fuere, puedo decir con orgullo, que el otoño ha comenzado con dos centenas más de ojos sobre los pensamientos de mi vida (espero no que me haya tocado ningún tuerto, si no me va a joder las estadísticas).

En definitiva, que solo quería haceros participes de esta curiosa circunstancia, daros las  gracias con esta entrada número 100 a los que me siguen, porque de esta forma consigo las fuerzas que me faltan para seguir escribiendo (aunque sea una entrada por estación) y recomendaros que disfrutéis de la palabra, ya sea escrita, escuchada o sentida, tanto como yo lo hago todos los días. ¡¡Hasta el invierno próximo!!

Pd: Puesto que me gustaría que la gente abriera más la mente, y que aun queda mucho para diciembre, si queréis dejar algún comentario en este blog, será bienvenido (supongo que ahora que tengo cien seguidores -bueno, sé que casi todos vienen del facebook, realmente, pero tenía que darle emoción a la cosa-, alguno opinará algo, jejeje).

Así estamos.

En breve nos llegará la visita del otoño, y como en todo cambio de estación, o casi todos, lanzo una nueva entrada, en este blog, en este trocito de mi vida.

Pero ayer, me encontraba algo melancólico, algo impaciente, algo nervioso… estaba en ese estado en el que quieres hacer algo pues te sobran las energías pero no sabes qué, no sabes cómo canalizarla, cómo emplearla en algo útil, algo creativo, y como siempre, decidí coger papel y lápiz y ponerme a contar lo que en ese momento se me representaba en mi caótica imaginación.

He de confesar, que antes de terminar de escribir esto, pensaba que no me preocupara mucho la situación actual de este país en el que vivimos, pero tras leerlo, me di cuenta de que mi subconsciente me había traicionado.

 

ESPAÑA

Carraspeé un par de veces y entonces la dependienta se fijó en mí.

Más de cinco minutos allí plantado viendo como pulsaba tranquilamente las teclas de su ordenador, y por fin se dio cuenta de que había algo más en el mundo a parte de ella y su pantalla LED.

–¿Sí?, ¿qué desea?

–Estoy buscando un regalo para mi mujer.

–¿Qué clase de regalo? –dijo con voz autómata.

–No sé, querría algo para nuestro aniversario, quizás unos pendientes bonitos o una gargantilla –le comenté con esperanza de que arrojara algo de luz a mis bajos conocimientos sobre los gustos femeninos.

–¿Unos pendientes o una gargantilla? –preguntó con la misma voz mecánica.

–La verdad es que me da igual, me valen las dos cosas –contesté intentando explicarme.

–Es que no es lo mismo una gargantilla que unos pendientes, aunque si quiere puede llevarse el juego –cambió levemente el tono de voz en la última frase.

–Bueno, si es un conjunto de esos pues podría valer –dije algo nervioso pensando en que más que ayudarme iba a ayudarse a sí misma con la comisión.

–Espere un momento y le busco un par de ellos para que los vea –y diciendo esto se dio la vuelta y empezó a sacar unas bandejas con forma de cajones sin fondo–. Creo que este le puede gustar a su mujer –afirmó convencida señalando una gargantilla de oro blanco con unas piedras preciosas que venía a juego con un par de pendientes en forma de lágrimas.

–¡Vaya! –exclamé, más por lo caro que podrían salir que por lo bonitos que pudieran parecer–. Supongo que estos le gustarán a mi mujer y a cualquier otra –bromeé para desviar mi imaginación de las tarjetas, cuentas y cheques que podría utilizar para poder pagar ese collar, y no hablo de cada uno por separado.

–A quien quiera hacerle el regalo no es asunto mío, yo solo me dedico a vender, y sí, seguro que le podría gustar a casi cualquier mujer.

En ese momento me quedé estupefacto, cómo una dependienta de una joyería tan importante como aquella podía ser tan estúpida con un cliente, o al menos con un cliente en potencia. No solo temblaba mi cartera con pensar en lo que me iba a gastar en cualquier cosa que comprara allí, sino que mi estómago se agitaba lleno de bilis clamando justicia, venganza, un BigMac, cualquier cosa que calmara ese sentimiento de ira que se estaba apoderando de mí.

–Entonces, ¿qué?, ¿le interesa este juego o prefiere que le enseñe otro? –dijo con cierto desdén.

–Bueno, no sé –sí sabía, quería irme de allí, no sin antes cagarme en todos sus familiares, vivos y muertos, cerrando la puerta tras de mí con tanta fuerza que se le cayera sobre la vitrina de los anillos el horrible reloj de cuco que tenía colgado en la pared–. ¿Qué precio tiene este juego, por hacerme una idea?

–2.750 euros –contestó entornando los ojos.

–Dos mil… –empecé a repetir pausadamente.

–Es de diseño italiano –quiso explicar a modo de concesión.

–Ya, pues vaya con los italianos.

–Aquí todo lo que vendemos es de calidad, con un diseño exclusivo y un trabajo realizado cien por cien a mano –dijo ofendida.

–Claro, claro, no lo dudo, solo que me ha sorprendido (y encima era yo el que me tenía que excusar).

–Quizás prefiera buscar algo dos manzanas más abajo, allí hay un par de tiendas de bisutería que seguramente le harán un precio más acorde con lo que usted tenía pensado para su aniversario de boda.

Dios, eso me sentó como una patada en el estómago, vaya tía borde, repelente, mamarracha… me quedo sin calificativos, había dicho que ojalá se le cayera el reloj en la vitrina de los anillos, ¡que se le caiga en la cabeza!, eso es lo que deseaba, que alguien le bajara los humos, y se sintiera avergonzada y sobre todo arrepentida. Pero supongo que para la gente como yo, todo eso solo se queda en pensamientos y al final la gente como ella, sigue yendo de prepotentes por el mundo.

Sospecho que somos muchos los que vamos por la vida de cortitos, de prudentes, de bonachones, y de eso precisamente es de lo que se aprovechan los estafadores, los tiburones y la gente que como aquella dependienta, van pisando el cuello de todo el que se ponga en su camino.

Finalmente me di la vuelta y salí de allí, cerrando suavemente la puerta para que no hiciera mucho ruido.

 

Primer Microrelato

Hacía ya bastante tiempo que no escribía en mi blog, y la verdad es que he estado bastante ocupado con varios asuntos, aunque he de reconocer, que muchos de ellos de escasa importancia. En pos de poder alcanzar las metas fijadas a principio de año, estoy adelantando todo lo que puedo ese maravilloso libro que este año debe de ver la luz, lo que pasa es que escribiendo a la velocidad de una página por semana me es sumamente difícil adelantar todo lo que tengo en mente, pero con paciencia todo llegará.

Entre tanto he descubierto una cosa llamada microrelato. Es algo así como condensar un libro en unas 200 palabras. Esto, por supuesto siempre se me ha dado mal… No se resumir y tampoco desarrollar por lo que  me encuentro entre dos tierras, sin pertenecer realmente a ninguna de ellas.

No obstante, me he querido lanzar y he escrito un par de estos microrelatos en mi tiempo libre, y ya que estamos aprovecho esta entrada para dejaros aquí reflejado el primero de ellos. Espero que os guste, puesto que así veré cumplido mi segundo objetivo (el primero ya lo cumplí al terminarlo).

La Metamorfosis del Ser en Mal. 

 El Infierno lucía dulce, cálido y muy luminoso. Era un sitio tan apetecible que Miguel por un instante imaginó arrancándose las alas para no poder salir nunca más de aquel intenso lugar. Pero él tenía una misión, sabía que contaban con él. No podía sucumbir al tenebroso poder del Averno. Así que cruzó rápidamente la gran puerta de piedra rojiza y entró en la antesala dónde se encontraba custodiado el último resquicio de la luz que un día inundó el alma de Belcebú. Dos demonios menores opusieron resistencia, pero la espada llameante de Miguel los partió por la mitad. Un tercero, de dimensiones imponentes hizo frente al arcángel con un afilado látigo de siete puntas, pero tampoco fue rival para el favorito de Dios. Con unos cortos pasos de colocó delante del pequeño cofre de madera labrada. Lo cogió con la delicadeza que una madre coge a su bebé por primera vez y lo abrió lentamente. Un pequeño corazón palpitaba débilmente.
– Sabes, yo también fui su favorito en un tiempo-. Dijo, su dueño.
Miguel se volvió y observó la decrepita presencia del supuesto Príncipe de las Tinieblas. -Como tú, una vez fui poderoso, importante, agraciado por mi Padre. Pero el se empeñó en crear al hombre, en otorgarle el libre albedrío que se nos prohibió desde los inicios, decidió ponernos a su servicio y concederle un amor infinito, mayor aun del que se nos brindó cuando fuimos creados. ¿Cómo no iba a oponerme? Era mi Padre, no el de unas mascotas insignificantes. Y ahora, te envía para que me arrebates lo único que me queda de Él, el amor que siempre le procesé. Pues llévatelo. Déjame solo con el odio y la tristeza. Hazme peor de lo que soy.
– Lo siento. Padre lo ordena. Él es Omnisciente, si me lo ha encargado, ¿quién soy yo para cuestionarlo?-. Y diciendo esto avanzó hacia el diablo, como antaño hizo, y éste, agachando la cabeza se apartó y lo dejó marchar a través de la puerta de piedra… negra.
– Vete Arcángel, ve con tu Padre. Ya no tengo más que ofrecerte, excepto mi tristeza y mi odio por los humanos.

Los buenos propósitos para la destrucción del Mundo.

Hemos llegado por fin al tan temido año de la destrucción de nuestros mundo.

Estamos en el 2012 y de un momento a otro, un meteorito gigante atravesará nuestra atmósfera y caerá al océano creando maremotos nunca antes vistos, activando volcanes que llevaban dormidos siglos, milenios, lanzando nubes de polvo que oculten el sol, desviando el eje orbital, quebrando los polos y finalmente extinguiendo a esta, tan absurda, raza humana.

Aunque también podría darse algo más sutil, algo más del tipo a una plaga o una infección vírica de origen desconocido y de cura incierta que acabe con el 99,99% de la raza humana, extinguiéndola así para la eternidad, ya que por supuesto los supervivientes que compusieran el 0,01% se aniquilarán unos a otro por ser el presidente del mundo o el que tiene el castillo más molón o por ostentar el título de la persona que se haya tirado a más gente viva (ya que con las muertas lo tendrían muy fácil).

Supongo que a día de hoy muchas han sido ya las historias relacionada a cómo será el fin del mundo… como hemos dicho meteoritos o enfermedades, pero no olvidemos a los zombis, a los extraterrestres, al Demonio… Tornados gigantescos, polos que se derriten, fallas que se abren… No sé, igual todo es mucho más fácil… a lo mejor un día se despierta deprimido algún rico y poderoso hombre (que también tienen derecho, los pobrecitos) y le da por pensar que esta vida es una mierda, y en vez de cortarse las venas, tomarse un bote de pastillas o matarse a pajas, decide apretar un botón y mandar a tomar por culo todo el planeta. Unos misilitos por aquí, unas cuantas cabezas nucleares por allá, unas respuestas oportunas de los países vecinos… en fin, que en unas horas estamos todos más para el otro barrio que para este.

La verdad es que leyendo a Nostradamus o buscando un poco de mitologías, creencias o profecías nórdicas, mayas y aztecas, por poner algunos ejemplos, a uno se le hace un nudo en el estómago. Joder, estamos condenados y yo con estos pelos. ¿Qué es lo he hecho en mi vida?, o formulado de otra forma ¿qué es lo que he hecho con mi vida?

¿He sido bueno, he sido lo suficientemente bueno, podría haber sido más bueno?, ¿he ayudado a los demás?, ¿he hecho feliz a los que me rodean?, ¿he cuidado de mi familia, de mis amigos?, ¿he ido a misa los domingos? Bueno, eso es posible que se lo plantee mucha gente, aunque hay otros que igual podrían plantearse: ¿He visitado todos los países donde la droga esté legalizada, he probado todo los tipos de carnes de animales en peligro de extinción, me he acostado con suficientes tías, y tíos… y animales, he pactado al menos una vez en mi vida con Satanás, Belcebú o Lucifer?

Muchas son las cosas que se nos podrían pasar por la mente al saber que el mundo se va a acabar, desde el remordimiento más amargo hasta un placer infinito de liberación. Posiblemente casi todos llorarían, amarían más profundamente, llamarían a seres queridos, harían cosas pendientes, tomarían lo que quisieran y darían todo lo que tuvieran, muchos harían cosas en el momento, pero casi nadie, casi nadie haría una lista con sus propósitos.

Pues yo lo he pensado, y aun con la posibilidad de que todo se vaya a la mierda en este nuevo y espectacular año 2012, en el que el sueldo vuelve a congelarse para muchos trabajadores, las sentencias de embargo aumentan como la espuma, el índice de parados no baja ni falseando números y los comercios siguen vendiendo como si no pasase nada, he decidido hacer una lista de propósitos. No voy a decir buenos propósitos, porque eso queda muy  vano,  digamos que una lista de propósitos, una declaración de intenciones, una lista de la compra de la vida para este año. Y supongo que este momento es en el que esperáis que os la detalle. Pues lo siento, pero no, es mi lista, haceros la vuestra, que sois todos unos vagos, que eso de copiarse ya se quedó muy atrás en los años de colegio.

Aunque si os diré, que durante este año pretendo hacer varias cosas que no he metido en la lista puesto que no tengo claro el cumplirlas, y estoy harto de muchos buenos propósitos y pocos propósitos cumplidos. Por lo que no meteré en mi lista las cosas de las que no esté seguro, es por ese motivo por el que sí puedo detallaros algunas de ellas aquí.

Algunas como crear por fin la entrada en la que daré las claves de cómo me he curado la fascitis plantar (tengo que hacer todavía algunas pruebas para saber si está curada definitivamente, por lo que no adelantaré acontecimientos). Por otra parte voy a publicar mi primera novela corta, no es que sea la primera que he escrito, de hecho es la última, pero como no la tengo terminada aun y no he visto como serán los costes de esta publicación (no os impresionéis, hablo de un tirada muy, muy corta en la cual yo correré con los gastos, que es una putada, pero por otra parte está muy bien, ya que aunque sea un mojón de historia, se publicará sí o sí, jajajaja), no sé a ciencia cierta si podré hacerlo en este año. También, pretendo poder decir de una vez por todas que no tendremos que gastar ni un duro más en el alquiler de un piso por motivos de trabajo (por placer, encantado estaré), pero para eso, aun tenemos que esperar a un concurso (uno por lo menos)… En fin, son muchas las cosas que tengo en mente, y el expresarlas aquí y ahora, aparte de un ser rollazo de la muerte podría ser largo y muy arduo, por lo que me las guardaré muy bien dobladitas en uno de los cajoncitos de mi mente para poder ondearlos con orgullo cuando se cumplan, o si no llegaran a cumplirse ponerle un tapetito de croché al mueblecito de los cajones y hacer como que son solo las reliquias del abuelo que siempre han estado allí y que no tienen importancia alguna.

En fin, que ya sea por medio de un meteorito o por una invasión de enanos cabezones y verdes, si tiene que llegar nuestro final, lo hará, con o sin nuestros consentimiento, así que si esta jodida vida tiene tan poca consideración con nosotros, nosotros no tenemos que ser menos para con ella, así que cargaros de propósitos e intenciones para este año, que nunca se sabe si el meteorito puede acabar colisionando contra la flota invasora y darnos así unos cuantos años más de buenos propósitos.

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