Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Los buenos y cumplidos propósitos

Hace casi tres años que me propuse realizar unas cuantas cosas en mi vida, unos cambios a mejor, unas creaciones que cobrasen vida. Ayer, coincidiendo con el cuarto aniversario de mi “nuevo” blog, terminé la última.
A principios de 2012, cuando la destrucción del mundo estaba cerca y todo dios pensaba en follar como locos o en pedir perdón a sus seres queridos, yo cree una lista de buenos propósitos para la destrucción del mundo, e incluso saqué unos cuantos de ella para su realización a corto-medio-largo-indeterminado plazo, que en mi mente, ese plazo, iba desde una semana a un año, pero que en la realidad oscilaría a varios de estos últimos.
Como he dicho, ayer, cumplí mi último propósito, la creación de una entrada en la que pudiera pregonar a los cuatro vientos, es decir, a los cuatro seguidores que tengo, que por fin estoy curado de la maldita fascitis plantar. Pero no era esta la única ni la más importante de las buenas intenciones para la, ahora, no-destrucción del mundo. Este verano también se cumplió otro de ellas, una que nos da un pequeño respiro y que hace que nuestra familia no tenga que estar más tiempo separada; con la llegada del nuevo destino, por fin, estamos en esa franja tan codiciada en la que para ir de casa al trabajo no es necesario recorrer más de cincuenta kilómetros, todo un lujo para algunos.
Pero hay un propósito que tenía en mente mucho antes del 2012, podría decirse que un propósito que estaba arraigado en mí, desde el siglo pasado, ¡desde el milenio pasado!; un propósito que consistía simple y llanamente en publicar un libro. Algo inalcanzable para mí años atrás, pero que a día de hoy ya es un sueño cumplido.
Coincidiendo con el primer cumpleaños de mi hijo… ¡ah! Por si no lo he dicho, he sido padre… como decía, coincidiendo con este día, el borrador de mi primer libro llegó como un regalo. Tengo que admitir que no he tardado mucho en lanzarlo a la Red (esto puede no ser muy bueno, puesto que el producto final llevará implícitos algunos fallos), y en publicarlo en múltiples plataformas para que así se pueda adquirir en distintos formatos.
Así que haciendo un recuento… no puedo decir de este último año, pero sí de los tres últimos, tengo que admitir que el balance sale brutalmente positivo… Un hijo, un libro… ahora que lo pienso, ni de coña me voy a acercar a un campo no vaya a ser que me de por plantar un pino y ya lo hubiera hecho todo en esta vida… sería muy triste.

21Relatos para Leonardo

Noviembre Plantar

“Y así, como llegó, abandonó aquel lugar, en silencio, con sumo misterio, como una aparición…”

Dos años, casi tres, he estado sufriendo una fascitis plantar que me ha imposibilitado llevar una vida “plena”, una vida donde andar, y no digo correr, se hacía casi imposible, donde acostarse a descansar y no sentir una aguja atravesándote el pie era casi una utopía, donde las almorranas quedaban relegadas a un segundo plano y donde Satanás no me visitaba por si fuese algo contagioso.

Años sufriendo a médicos que no paraban de decir tonterías y terapias que no valían más que para perder el tiempo y machacar las pocas esperanzas que me quedaban. Pero como suele decirse “no hay mal que cien años dure”… en este caso, por suerte, han sido unos años menos, y el secreto no ha sido otro que…

… Bueno, llegados a este punto, debo aclarar una cosa que ya he dicho con anterioridad pero que quiero volver a dejar claro. Yo no soy médico ni tengo los conocimientos necesarios para poder dar consejos sobre la solución de dolencias y enfermedades, pero lo que si puedo hacer, es lo que he hecho hasta ahora, y es contar mis experiencias personales, por lo que prosigo con esta entrada diciendo que el secreto no ha sido otro que la paciencia.

Después de inyecciones, ejercicios, estiramientos, antiinflamatorios, y una larga lista de experimentos varios, opté por tomar una filosofía que hasta ese momento no había probado, y no era otra que pasar del tema, pasar de la fascitis y de todo lo que produjera dolor en la planta del pie. Así que dejé de intentar ir a correr, caminatas largas, plantones innecesarios… eso me llevó a ganar un poco de peso (malo también para esta jodida dolencia), pero un poco de dieta o directamente dejar las hamburguesas del McDonalds hicieron que compensara una cosa con la otra. El calzado también ayudó, puesto que empecé a gastarme en los zapatos ochenta pavos en lugar de veinte, por lo que la comodidad se hizo evidente… pero tengo que admitir, que unas plantillas de silicona o gel de cinco o diez pavos dan el mismo resultado puestas en unos zapatos de veinte. Posteriormente, cuando empecé a notar una leve mejoría y mis andanzas iban siendo un poco más largas me di cuenta que los estiramientos no venían mal, siempre antes, durante y después de estas, no hacía falta muchos tipos distintos de ellos ni demasiado tiempo, solo lo suficiente para que no se me agarrotara la fascia.

La cuestión es que después de un tiempo pasando del tema, me di cuenta de que el dolor desaparecía, hasta tal punto que lo único que quedó como testigo de una grave lesión fue un pequeño “nudo”, que emulaba la sensación producida al arrugársete un calcetín dentro del zapato, y ni si quiera este estaba presente siempre. Quizás algún cambio del tiempo me dejaba una leve presión en la planta, pero nada de esto tenía que ver con el terrible dolor producido por la, ya casi olvidada, fascitis plantar.

Sinceramente sé que muchos de los que lean esta entrada, sobre todo los que la padezcan, estén desilusionados con ella, puesto que esperarían una cura maravillosa y rápida que les solucionase todos sus problemas, pero desgraciadamente no es así, no obstante, la lectura que deben de hacer de ella, no es otra que la de saber que aún hay esperanzas, que la fascitis es algo (en la mayoría de los casos) que se puede curar o al menos llevarla a un grado de inexistencia tal, que podamos olvidarnos de su nombre, de hecho, al empezar con esta entrada, debo reconocer, que ya no recordaba si se escribía plantar o plantal… Menos mal que tenemos al bendito Google.

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Los buenos propósitos para la destrucción del Mundo.

Hemos llegado por fin al tan temido año de la destrucción de nuestros mundo.

Estamos en el 2012 y de un momento a otro, un meteorito gigante atravesará nuestra atmósfera y caerá al océano creando maremotos nunca antes vistos, activando volcanes que llevaban dormidos siglos, milenios, lanzando nubes de polvo que oculten el sol, desviando el eje orbital, quebrando los polos y finalmente extinguiendo a esta, tan absurda, raza humana.

Aunque también podría darse algo más sutil, algo más del tipo a una plaga o una infección vírica de origen desconocido y de cura incierta que acabe con el 99,99% de la raza humana, extinguiéndola así para la eternidad, ya que por supuesto los supervivientes que compusieran el 0,01% se aniquilarán unos a otro por ser el presidente del mundo o el que tiene el castillo más molón o por ostentar el título de la persona que se haya tirado a más gente viva (ya que con las muertas lo tendrían muy fácil).

Supongo que a día de hoy muchas han sido ya las historias relacionada a cómo será el fin del mundo… como hemos dicho meteoritos o enfermedades, pero no olvidemos a los zombis, a los extraterrestres, al Demonio… Tornados gigantescos, polos que se derriten, fallas que se abren… No sé, igual todo es mucho más fácil… a lo mejor un día se despierta deprimido algún rico y poderoso hombre (que también tienen derecho, los pobrecitos) y le da por pensar que esta vida es una mierda, y en vez de cortarse las venas, tomarse un bote de pastillas o matarse a pajas, decide apretar un botón y mandar a tomar por culo todo el planeta. Unos misilitos por aquí, unas cuantas cabezas nucleares por allá, unas respuestas oportunas de los países vecinos… en fin, que en unas horas estamos todos más para el otro barrio que para este.

La verdad es que leyendo a Nostradamus o buscando un poco de mitologías, creencias o profecías nórdicas, mayas y aztecas, por poner algunos ejemplos, a uno se le hace un nudo en el estómago. Joder, estamos condenados y yo con estos pelos. ¿Qué es lo he hecho en mi vida?, o formulado de otra forma ¿qué es lo que he hecho con mi vida?

¿He sido bueno, he sido lo suficientemente bueno, podría haber sido más bueno?, ¿he ayudado a los demás?, ¿he hecho feliz a los que me rodean?, ¿he cuidado de mi familia, de mis amigos?, ¿he ido a misa los domingos? Bueno, eso es posible que se lo plantee mucha gente, aunque hay otros que igual podrían plantearse: ¿He visitado todos los países donde la droga esté legalizada, he probado todo los tipos de carnes de animales en peligro de extinción, me he acostado con suficientes tías, y tíos… y animales, he pactado al menos una vez en mi vida con Satanás, Belcebú o Lucifer?

Muchas son las cosas que se nos podrían pasar por la mente al saber que el mundo se va a acabar, desde el remordimiento más amargo hasta un placer infinito de liberación. Posiblemente casi todos llorarían, amarían más profundamente, llamarían a seres queridos, harían cosas pendientes, tomarían lo que quisieran y darían todo lo que tuvieran, muchos harían cosas en el momento, pero casi nadie, casi nadie haría una lista con sus propósitos.

Pues yo lo he pensado, y aun con la posibilidad de que todo se vaya a la mierda en este nuevo y espectacular año 2012, en el que el sueldo vuelve a congelarse para muchos trabajadores, las sentencias de embargo aumentan como la espuma, el índice de parados no baja ni falseando números y los comercios siguen vendiendo como si no pasase nada, he decidido hacer una lista de propósitos. No voy a decir buenos propósitos, porque eso queda muy  vano,  digamos que una lista de propósitos, una declaración de intenciones, una lista de la compra de la vida para este año. Y supongo que este momento es en el que esperáis que os la detalle. Pues lo siento, pero no, es mi lista, haceros la vuestra, que sois todos unos vagos, que eso de copiarse ya se quedó muy atrás en los años de colegio.

Aunque si os diré, que durante este año pretendo hacer varias cosas que no he metido en la lista puesto que no tengo claro el cumplirlas, y estoy harto de muchos buenos propósitos y pocos propósitos cumplidos. Por lo que no meteré en mi lista las cosas de las que no esté seguro, es por ese motivo por el que sí puedo detallaros algunas de ellas aquí.

Algunas como crear por fin la entrada en la que daré las claves de cómo me he curado la fascitis plantar (tengo que hacer todavía algunas pruebas para saber si está curada definitivamente, por lo que no adelantaré acontecimientos). Por otra parte voy a publicar mi primera novela corta, no es que sea la primera que he escrito, de hecho es la última, pero como no la tengo terminada aun y no he visto como serán los costes de esta publicación (no os impresionéis, hablo de un tirada muy, muy corta en la cual yo correré con los gastos, que es una putada, pero por otra parte está muy bien, ya que aunque sea un mojón de historia, se publicará sí o sí, jajajaja), no sé a ciencia cierta si podré hacerlo en este año. También, pretendo poder decir de una vez por todas que no tendremos que gastar ni un duro más en el alquiler de un piso por motivos de trabajo (por placer, encantado estaré), pero para eso, aun tenemos que esperar a un concurso (uno por lo menos)… En fin, son muchas las cosas que tengo en mente, y el expresarlas aquí y ahora, aparte de un ser rollazo de la muerte podría ser largo y muy arduo, por lo que me las guardaré muy bien dobladitas en uno de los cajoncitos de mi mente para poder ondearlos con orgullo cuando se cumplan, o si no llegaran a cumplirse ponerle un tapetito de croché al mueblecito de los cajones y hacer como que son solo las reliquias del abuelo que siempre han estado allí y que no tienen importancia alguna.

En fin, que ya sea por medio de un meteorito o por una invasión de enanos cabezones y verdes, si tiene que llegar nuestro final, lo hará, con o sin nuestros consentimiento, así que si esta jodida vida tiene tan poca consideración con nosotros, nosotros no tenemos que ser menos para con ella, así que cargaros de propósitos e intenciones para este año, que nunca se sabe si el meteorito puede acabar colisionando contra la flota invasora y darnos así unos cuantos años más de buenos propósitos.

Fascitis Plantar

¿Habéis oído hablar alguna vez de esta enfermedad? ¿Sí? En caso afirmativo, ¿la habéis escuchado en estos dos últimos años, o viene de antes…?

Parte de lo que os expondré en esta entrada ya os lo he podido comentar anteriormente, pero es necesario para que comprendáis algo mucho mayor que la propia fascitis plantar, y es el mito sobre las enfermedades auxiliares.

A mí me la han diagnosticado, la fascitis, y estoy de contento que no puedo ni dormir por las noches. Al parecer es una enfermedad muy enrollada. Se trata de una inflamación de la fascia plantar, que es un tejido muy raro, que ni es músculo, ni es tendón, ni es cartílago, sino que es… bueno, es fascia, y este cubre casi la totalidad de la planta del pie. El problema es que puede producirse por una inflamación, un desgarro, una distensión o cualquier otra cosa que afecte a la fascia, un descenso en la capa de grasa que cubre el talón también la puede afectar. Casi cualquier cosa… y quizás por eso cuando vas al médico con un dolor de pie te dice que has tenido la tremenda suerte de que te toque en el sorteo de la vida una maravillosa fascitis plantar.

Que síntomas son los que se atribuyen a esta fascitis… pues es muy fácil… todo… vayas con lo que vayas… es fascitis… ¿Te duele el talón? Fascitis. ¿Te duele el puente? Fascitis. ¿Te duele desde el talón hasta la punta de los dedos? Fascitis. ¿Tienes los pies cabos? Fascitis. ¿Tienes los pies planos? Fascitis. ¿Te duele cuando te levantas? Fascitis. ¿Y acostado? Fascitis. ¿Te duele cuando andas, cuando te paras, cuando estas de pie, quizás vuelve cuando te sientas? Fascitis.

¿Qué cómo se puede curar me preguntareis? Pues no os preocupéis, es sumamente fácil. Después de leer mucho, ir a dos traumatólogos, hablar con varios afectados, consultar con un fisioterapeuta, y probar en mis propias carnes, he decidido que la fascitis se cura con la indiferencia. Sí, como lo oís, no le eches cuenta, y no te dejará de doler, pero al menos no te preocuparás por ella, así cuando por las noches no puedas dormir no será por la preocupación de tener una enfermedad de mierda, sino porque simplemente te duele el pie.

Hablan de antiinflamatorios, de plantillas de descargas y de descanso del pie… Pero otros hablan de rehabilitación y de contrastes de calor y frío, alguno que otro dicen que el frío ni tocarlo, que mejor el calor seco y corticoides a tutiplé… Los últimos optan por los baños de agua caliente y sal, olvidar la rehabilitación, puesto que la fascia no es un tejido que se pueda rehabilitar y que se utilice tacón en todos los zapatos, botines, zapatillas, babuchas y chanclas… es decir, que si te pegas con loctite un tacón en la planta del pie acabas antes.

Visto esto, ahora nos planteamos otra clara pregunta: “¿Qué puedo hacer al respecto?”

Pues lo primero, enterarte si realmente tienes una fascitis, y es aquí donde entra el termino de enfermedades auxiliares. La fascitis, junto a otros enfermedades o términos utilizados por los médicos y la propia gente de a pie forman parte de un novedoso grupo llamado Las Enfermedades Auxiliares. Pero, ¿qué es esto? Pues no es ni más ni menos que el término que se utiliza para referirse a enfermedades que engloban a otras muchas enfermedades… Bueno, supongo que igual os habéis perdido, por lo que creo que un ejemplo os podría ilustrará.

¿Cuántos futbolistas, profesionales o amateurs han fallecido por muerte súbita en los dos o tres últimos años? ¿Cuántos deportistas? Incluso cuántos obreros, ejecutivos o Turistas. Jóvenes muchos de ellos.

La muerte súbita es el Momo, la muerte súbita es el demonio que nos espera detrás de cada esquina para arrancarnos nuestra alma y dejarnos tendido en el suelo con un hilillo de baba precipitándose sobre nuestro rostro. ¡Qué viene la muerte súbita! ¡Qué viene la muerte súbita!

La muerte súbita, término muy popular entre los jugadores de videojuegos de lucha no es ni más ni menos que un vocablo utilizado para recoger un grupo de muertes inesperadas y rápidas… algo así como lo que antes era la muerte en el acto, que no debéis de confundir con la muerte durante el coito. Si te da un ataque al corazón, has muerto de muerte súbita, pero si has tenido un derrame cerebral también, un subidón de esteroides o un golpe de calor de nuevo será muerte súbita, que te arranquen la cabeza con columna vertical y todo, bueno, eso sería más bien un “fatality”, pero algunos igual también lo podrían considerar muerte súbita. Por lo que cualquier muerte repentina será una muerte súbita. Pero esto no es lo malo, lo malo es cuando escuchas a la gente hablar de esto como si fuera la enfermedad del siglo… “Sí, sí, pobre chaval, con lo joven que era y ha caído fulminado por la muerte súbita”.

Es nuestra necesidad de explicar y de darle nombre a todo lo que pasa a nuestro alrededor lo que hace que busquemos respuestas en los que más saben, pero muchas veces, los que más saben, no necesariamente saben mucho (aunque esto implique que nosotros sabemos menos aun), otras veces no tienen medios para comprobarlo, ganas o presupuesto, y al final tiran de un recurso muy valioso en este Siglo XXI, y es el de la enfermedad auxiliar. ¿Cuántas veces hemos ido a un médico con unos síntomas y hemos escuchado eso de “Eso es un virus”?

– Buenos días, doctor.

– Buenos días. ¿Qué le pasa señora?

– Vengo por mi hijo, que le duele la barriga.

– Sí.

– Y bueno tiene diarreas y fiebre alta.

– Pues eso es un virus.

– ¿Un virus?

– Sí, un virus.

– Pero es que tiene tos y no duerme por las noches por el dolor de cabeza.

– Sí, dolor de cabeza, definitivamente eso es un virus.

– Pero es que tiene muchas fatigas y ayer estuvo vomitando.

– Es que el virus afecta también al estómago.

– Y que le sangre la nariz y el oído.

– Es que el virus viene malo, malo este año.

– Entonces un virus, ¿no?

– Sí, señora, su hijo tiene un virus, con un paracetamol cada 8 horas y este jarabito se pondrá bueno en unos días, ah, y que beba mucho agua, pero mucha, mucha.

Joder, pero ¿qué va a curarlo o a intentar ahogar al virus…? Y luego dicen que hay deficiencias en la Seguridad Social, pues no entiendo por qué, con poner una maquinita que metiendo el  dedo el paciente le diera un vasito de agua y un par de recetas de  paracetamol y jarabe creo que solucionaríamos gran parte de esas deficiencias.

Desgraciadamente las enfermedades auxiliares están cada vez más al orden del día, y mientras nosotros nos conformemos con la triste explicación que nos dé el listo de turno, seguiremos viviendo en la ignorancia, y en mi caso, en el dolor de una enfermedad que no tiene cura debido a la dificultad que entraña luchar cuando no se sabe contra qué se lucha.

.

-… y que beba mucho agua, pero mucha, mucha.

– Y doctor, por curiosidad, me puede indicar que es lo que me puede pasar a mí, que no me encuentro muy bien.

– Por supuesto, ¿qué síntomas tiene, señora?

– Pues mire usted, tengo dolor de cabeza, de barriga y encima esta noche he empezado a manchar, ya sabe, un poco de sangre por debajo, vamos muy raro, la verdad, esto no me pasaba desde hace al menos un mes. ¿Sabe usted que puede ser?

– Hum… Hace un mes… Dolor de cabeza, barriga y sangre… ¿Qué edad tiene usted?

– 36 años.

– Pues ya está, eso va a ser un virus.

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