Un paseo por la vida

Comenzando un nuevo camino

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Mala Persona. Mal Mundo.

Un día más me he levantado algo desanimado. Desanimado con este país, con su gobierno, con los políticos, con la gente en general. Solo veo en la tele y en los periódicos noticias desconsoladoras, abrumadoras en sentido negativo, miserias y desesperanza. Corrupción, crímenes, todo una gran mierda que nos rodea día tras día. Y por ese motivo, cuando me he propuesto ponerme a escribir, después de un tiempo, solo ha salido mierda y más mierda… Muchos dicen que somos lo que comemos, creo que esto es aplicable a cualquiera de los cinco sentidos. Y como niños, reproducimos fiel, lo que antes nos han enseñado…

Mala persona.

¿Qué? ¿Te atreves si quiera a dirigirte a mí?, ¿a molestarme?, ¿a preguntarme? ¿Qué quién soy?, ¿eres idiota o qué? ¿Realmente quieres saberlo?

Yo soy tu dios y tu dueño, soy la persona que aparecerá en tus pesadillas y que recordarás cuando te levantes, soy el que te quita el pan para comer, el que hace que te arrastres, el que te dice qué puedes y qué no puedes pensar, soy el odio, la desidia, la lujuria, soy el consigue que te abras de piernas y al que le lames las botas. Soy el que “disfruta” de tus hijos, el que te roba en tu casa y en el banco, soy el que se bebe tus cervezas y que escupe en tu café, soy drogadicto, machista, xenófobo, soy la arrogancia y la rabia, soy el que viola, mata y sale del juzgado en libertad, soy el que te quita el puesto de trabajo mientras le dan una palmada en la espalda. Soy tu Judas Iscariote y el propio Mefistófeles. Soy el que cada día te recordará que no eres nada, que no sirves, que eres un producto desechable. Soy el que pisa tu cabeza, el que la hunde contra el barro, el que te ahoga entre tus miserias y el que hace posible que tengas estas. Soy todo lo oscuro que alguna vez hayas podido imaginar y soy todo lo malo que hayas podido sentir; soy sufrimiento, tortura, daño, tu verdugo y tu ángel de la muerte. Soy tu desesperación, tus ansias de acabar de todo, la cuchilla que utilizarás para el suicidio. Soy yo, tu amo y señor.

Y ahora, ¿qué piensas hacer?

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Mi día de elecciones

En la vida, continuamente estamos expuestos a unas cosas llamadas alternativas. Son situaciones en las que se nos presentan varias opciones, varios caminos a tomar en las que normalmente solo podemos escoger uno de estos caminos.  En muchas ocasiones, los caminos no tienen vuelta atrás, ya sea porque no dé tiempo a volver por donde hemos venido o simplemente porque el puente que cruzamos ya esté roto. En todas estas situaciones tenemos que hacer uso de la elección. El poder que se nos ha concedido a los humanos para poder decidir qué camino tomar, qué alternativa escoger.

Ayer fue mi día de elecciones. Aunque posiblemente, muchos españoles dirían lo mismo. Y en cierto modo es así, pero mi día de elecciones no fue el día de elecciones generales del resto del mundo, sino el día en el que elegí qué camino tomar.

Expresado de esta forma, puede parecer la sinopsis de una película, o la inicio de una historia fascinante en la cual mi vida dio un giro de ciento ochenta grados convirtiendo todo lo conocido en una mera ilusión que dejo atrás para alcanzar mis sueños más anhelados. Pero no es el caso, fue simplemente un día más de elecciones, aunque lo importante es recalcar que fue el mío, el de mis elecciones.

Y es que en esta vida, hay mucha gente que navega por ella a la deriva. Son personas que no tienen una personalidad formada, o que simplemente la tienen deformada. Personas con problemas,  personas que debido a experiencias traumáticas o una educación errónea han adquirido un extraño poder en el que cual son capaces de convencer a cualquiera que les rodee para que tomen las decisiones por ellos. Estas almas, han decidido, o se han visto obligadas psicológicamente a depender del resto del mundo para convertir su día de elecciones en el día de los demás. Han atraído hasta su mundo a las personas que les rodean para que formen parte de él, para que se personen de inmediato en su encrucijada, como el que invoca a un demonio en un cruce de caminos para que le solucione un problema.

Sin más pudor, les infectan, cual virus, con la información necesaria para que sus problemas, sean también los problemas de ellos, que contagiados deben luchar para superarlos. Y aunque no estoy hablando de un contagio real, físico, si que hablo de uno mental, de uno que hace que al final seas tú el que tenga que elegir por una de estas personas.

Leído hasta aquí, habrá muchos de ustedes que piensen que todos nos hemos visto en esas situaciones, tanto desde un lado como del otro. Quién no ha pedido alguna vez consejo, quién no ha estado alguna vez tan confundido que ha decidido llamar a un amigo para que le aclare las cosas. No, no hablo de esto. No hablo de la ayuda del comodín, hablo de personas que no son capaces ni de elegir con que ropa salir a la calle, personas que en cuanto se les plantea el más mínimo problema corren a llamar a su oráculo, o más acorde con lo acaecido en estas fechas, a sus asesores, aunque en este caso hay diferencias, ya que estos asesores, ni cobran ni han elegido serlo.

Ayer cuando me levanté decidí hacerlo tarde. Había estado sacando unos billetes de tren y para poder ahorrarnos unos eurillos los quise sacar muy, muy prontito (de madrugada) para que los precios se ajustaran a la economía que nos está dejando esta crisis.

Desayuné mal, pero muy ricamente. Cookies americanas, Muffin inglesa y leche con cacao y canela. Nada sano, todo rico. Fue mi decisión, con la que tendré que vivir cuando tenga unos años más y la glucosa, el colesterol y demás nombrecitos de los análisis aparezcan por las nubes, por no hablar ya de mi problema de estómago el cual viene con un libro de instrucciones muy completo donde me aconsejan encarecidamente no fomentar la ingesta de fritos, grasas,  chocolates…   

Esto hizo que la mañana se me acortara notablemente.  Y recordemos que estábamos de elecciones. Un montón de partidos que luchaban por la dirección de este bello país cada vez venido a menos. Aunque en realidad, como ha venido siendo desde tiempo inmemoriales, la dirección de este siempre se la han repartiendo entre dos bandos, o mejor dicho, dos partidos, el partido de los ricos y el partido de los pobres, mal llamados por cierto, ya que se deberían de llamar el partido de los políticos corruptos y el partido de los políticos más corruptos y estos nombres es bueno que se vayan alternando según quien este en el poder.

Con media mañana perdida y la dirección de dónde debía de ir a votar, ya que desde que estoy viviendo en esta casa no había ido nunca. Me dispuse a vestirme para marchar a ejercer mi derecho como ciudadano español, pero un tufillo a vinagre de arroz me subió levemente por entre las axilas y pensé que una ducha no estaría mal. Y así, decidí poner un pié en la bañera y después el otro. Un día frío y lluvioso se merece una tranquila ducha calentita. Esta fue otra decisión más que tuve que tomar, dos, mejor dicho, el tomar o no la ducha y que esta fuera larga o corta, aunque si nos ponemos a filosofar, las decisiones fueron infinitesimales (con agua caliente o fría, quizás con templada, lavándome la cabeza o no, utilizando champú anticaspa o el de cabellos normales, a lo mejor ese de color naranja que está al fondo de todos los botes y que nunca se gasta,  frotarme bien con manopla, con estropajo de esparto o puede que solo quitarme el tufillo a vinagre con la manita y un poco de jabón, tendría que haber cerrado la venta para calentar aun más el cuarto de baño a riesgo de luego no ver afeitarme por los cristales empañados, o dejarla abierta para poder cantar y que los vecinos enteros se deleitaran con mis dotes de aspirante a operación triunfo…).

Tras la ducha larga y ya vestido me di cuenta de que el reloj estaba a punto de marcar la una y cuarto. Mi urna esperaba ansiosa a que tomara una decisión sobre qué partido debía de gobernarme en los siguientes cuatro años. Pero por otra parte a las dos había quedado para almorzar en el Gastromium, un bar estupendo que montó un buen amigo mío con el sudor de su frente y un montón y montón de miles de euros.

No es paradoja, el pensar que mi amigo, desde chico, cuando estudiábamos juntos en los primeros años de colegio, ya se viniera a mi casa a comer, escapándose del comedor de este y disfrutando de la comida que mi madre nos hacía. Posiblemente estaba más buena que la del cole, o al menos en mi casa podíamos disfrutar viendo los dibus o jugando a alguna cosilla antes de emprender la jornada de tarde.  A lo largo de su vida, fue enfocando sus estudios, sus ilusiones y su paladar al mundo de la cocina. Cierto es que hacía autenticas porquerías, muchas de ellas incomestibles, pero había otras que aunque extrañas eran un placer al paladar. Mi primera pizza vegetal (con lechuga y todo) la probé de sus manos. El siempre tuvo claro que quería triunfar, que quería tener reconocimiento y sobre todo que quería montar su propio restaurante, uno de esos donde las tapas no fueran montaditos y el vino no fuera “de mesa”. Y después de mucho viajar, estudiar, trabajar para otros, consumir las horas de los días de su juventud, como se suele decir, después de mucho sudor y lagrimas, al final, lo consiguió. Montó un restaurante junto con un socio que ha día de hoy es uno de los mejores de Sevilla, uno de los mejores de España. El tomó sus propias decisiones, y debido a eso, ese restaurante a día de hoy existe, y debido a eso, esa mañana, la mañana del 20-N, yo no pude ir a votar. Puesto que tenía un compromiso al que no podía llegar tarde.

Después de salir del almuerzo, con la barriga llena, bien llena de cosas muy buenas, tocaba marchar de regreso a casa. Pero el día seguía estando triste, ¿quizás un augurio de lo que nos esperaría en los siguientes cuatro años? Meterse en casa no me apetecía, ya que si el día estaba triste, más triste me pondría. Y puesto que mi urna estaba muy cerca de mi casa, si no quería ponerme triste, tampoco podría visitarla. Una vez más pensé en Miguel, mi amigo de la infancia, y jugué con la idea de qué hubiera pasado si cuando tuvo que tomar la decisión de dónde montar el restaurante hubiera elegido hacerlo a dos calles más abajo de mi casa, en vez de en la otra punta de la ciudad.

La tarde era joven, y aunque el tiempo no estaba para pasear, sí que lo estaba para echar una autentica tarde de cine. Una vez más fue mi decisión, tanto esa, como la de elegir Amanecer como película de tarde de domingo de elecciones, no preguntéis como llegué a la conclusión de que esa era la película adecuada para ver esa tarde, en ese momento, y mucho menos me preguntéis si me gustó (Carol, tenemos que hablar tú y yo).

Era ya de noche, y posiblemente estaban haciendo el recuento cuando salí del cine. Mi tiempo para votar había concluido. Al levantarme ese día pensé si debía votar a los ricos o a los pobres, si mi voto quizás debería ir a un partido minorista que tuviera buenas intenciones (aunque luego, como todos, no las llevara a cabo), incluso me planteé si votar en blanco. Lo que nunca hice fue jugar con la posibilidad de no ir a votar, pero mis decisiones, una tras otras me llevaron a ser uno de los españoles, que por distintas razones, ayer no votó a ningún partido.

Todos debemos enfrentarnos a nuestros miedos, a nuestras conflictos, a nuestra propia vida y para ello tenemos un arma que no tienen otros animales que solo pueden contar con el instinto, es la capacidad de decisión. A todas horas, nos surgirán problemas, y en otras muchas ocasiones, oportunidades. El cómo salgas de estos y estas son una cuestión que se basa en el ingenio, la experiencia, la suerte y sobre todo, en uno mismo. Hay que luchar por lo que se quiere, y aunque nos rodeemos de amigos que nos apoyen y nos cubran, la batalla la tenemos que encabezar nosotros, porque solo así seremos libres de tomar nuestras propias decisiones, orgullosos de haber elegido nuestro futuro y felices por hacer de los amigos participes de nuestra vida y no esclavos de ella.

Como me dijeron un día en el que tuve que tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida: “Decisión tomada, decisión acertada”.

Tú eres tu mejor elección.

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